Francia 2019

Megan Rapinoe, el rostro de la resistencia a Trump en el Mundial femenino

Megan Rapinoe celebra uno de los goles ante España. /Bernadett Szabo (Reuters)
Megan Rapinoe celebra uno de los goles ante España. / Bernadett Szabo (Reuters)

«No voy a ir a la puta Casa Blanca», avisa la capitana de la selección estadounidense, criticada por el mandatario por permanecer impasible mientras suena el himno de su país

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Megan Rapinoe se ha convertido en uno de los principales focos de atención del Mundial femenino de Francia 2019, no sólo por sus actuaciones dentro del rectángulo de juego sino también por su firme oposición a Donald Trump y su decisión de permanecer impasible cuando suena el himno estadounidense como forma de protesta por la brutalidad y el racismo policial. «No voy a ir a la puta Casa Blanca. No, no voy a ir a la Casa Blanca. No vamos a ser invitadas, lo dudo», ha manifestado la autora de los dos goles de penalti que apearon a España de la Copa del Mundo en una entrevista en vídeo publicada por la revista estadounidense 'Eight by Eight'.

A sus 33 años, la centrocampista del Seattle Reign no se muerde la lengua pese a los ataques de Donald Trump, que consideró «poco apropiado» que la californiana no entonase junto a sus compañeras el himno de las barras y las estrellas durante el partido de octavos de final en el que las estadounidenses firmaron el pase gracias a dos penas máximas convertidas por Rapinoe y este miércoles volvió a la carga. «La jugadora de fútbol femenino Megan Rapinoe acaba de decir que 'no irá a la p... Casa Blanca' si ganan. Aparte de la NBA, (...) todas las ligas y equipos adoran venir. Soy un gran fanático del equipo estadounidense y del fútbol femenino, ¡pero Megan debería GANAR antes de HABLAR! ¡Termina el trabajo!», tuiteó. «Megan nunca debe faltarle al respeto a nuestro país, la Casa Blanca o nuestra bandera, especialmente porque se ha hecho mucho por ella y por el equipo. Siéntete orgullosa de la bandera que llevas», escribió en otro apunte.

Seguía así la futbolista del 'US Team' los pasos de Colin Kaepernick, antiguo quarterback de los San Francisco 46ers que en 2016 provocó la ira de Trump al hincarse de rodillas mientras sonaba el himno estadounidense antes de los partidos de la franquicia californiana en la NFL para mostrar su repulsa por los casos de brutalidad policial contra afroamericanos.

Una postura imitada por otros jugadores de fútbol americano y extendida también a otros deportes que le salió cara a quien en su día fuera una de las grandes promesas de la NFL cuando el mandatario reclamó a los propietarios que no le contratasen. Kaepernick, que se convirtió en agente libre al término de aquella temporada, no volvió a disputar un partido en la NFL, con los dueños temerosos de las repercusiones que podría acarrearles fichar a quien se había convertido en declarado enemigo de Trump pese a que en sus mejores días logró llevar a los 49ers a disputar la Super Bowl XLVII. «Echad a esos hijos de puta del campo ahora mismo», les había exhortado el empresario neoyorquino.

«No he experimentado la brutalidad policial, ni racismo, ni nada parecido a ver el cuerpo de un familiar muerto en la calle. Pero no puedo permanecer como si nada cuando hay gente en este país que tiene que lidiar con este tipo de cosas. No hay forma perfecta de protestar. Sé que nada de lo que haga aliviará el dolor de esas familias, pero siento que arrodillarme durante el himno nacional es la forma correcta de proceder y haré lo que sea para ser parte de la solución», escribió Megan Rapinoe en 'The Players Tribune' cuando se convirtió en una de las primeras deportistas en unirse al movimiento de protesta de Kaepernick.

La Federación de Fútbol Estadounidense (USSF) se apresuró a evitar que en el 'soccer' femenino ocurriese lo mismo que había sucedido en la NFL y estableció una regla que obligaba a las futbolistas a permanecer de pie de modo respetuoso mientras sonaba el himno estadounidense antes de los partidos. Rapinoe respetó la letra de la normativa pero se negó a cantar y a poner su mano en el pecho mientras se interpretaban las estrofas del 'The Star-Spanglend Banner'.

Figura divisiva

La presencia de Trump en la Casa Blanca ha sacudido todos los estamentos de la sociedad estadounidense. El deporte no ha quedado al margen de la profunda división suscitada por el inquilino del Despacho Oval. Las tradicionales recepciones en la mansión presidencial a los campeones de las principales competiciones en Estados Unidos, otrora un honor, se han convertido en los últimos años en objeto de polémica.

Así ocurrió cuando el republicano retiró la invitación a los Golden State Warriors después de que el equipo de la Bahía de San Francisco se enfundase el anillo de la NBA en 2018. «No estamos de acuerdo con las cosas que ha dicho y las que no ha dicho. Al no acudir (a la Casa Blanca), tenemos la esperanza de que inspirará algún cambio relacionado con lo que toleramos en este país y lo que es aceptable», había manifestado Stephen Curry, que tampoco visitó la Casa Blanca el año anterior con su equipo. Lo mismo ocurrió cuando los Philadelphia Eagles doblegaron a los New England Patriots en la Super Bowl LII. «Ellos no están de acuerdo con el presidente porque él insiste en que deben estar orgullosos de permanecer de pie durante el himno nacional, mano en el pecho, para honrar a los grandes hombres y mujeres de nuestros cuerpos militares y las personas de nuestro país», indicó la Casa Blanca.

Otros deportistas, por el contrario, sí acudieron a la cita con el mandatario argumentando su respeto por la institución de la Presidencia, como hizo Tiger Woods cuando se le concedió la Medalla de la Libertad este año.