FC Barcelona

Un desastre absoluto

Ernesto Valverde (d) habla con Gerard Piqué en el Olímpico. /EFE
Ernesto Valverde (d) habla con Gerard Piqué en el Olímpico. / EFE

El Barça, que sólo había encajado dos goles hasta cuartos, se llevó el doble en la eliminatoria ante la Roma, que dio un baño a los azulgrana y propinó un golpe durísimo a Valverde

Amador Gómez
AMADOR GÓMEZMadrid

El partido, de enorme superioridad táctica y física de la Roma, fue un desastre absoluto de los azulgrana, que tras el tempranero gol de Dzeko no dejaron de sufrir ante la ambición del rival y los balones colgados por los italianos, que ya debieron irse al descanso con merecimiento al menos con un 2-0 a favor, aunque les faltó puntería en el primer tiempo. Ya evitó antes del intermedio el segundo tanto Ter Stegen en el minuto 37 tras un cabezazo del delantero bosnio, que le ganó entonces el duelo particular a Samedo, igual que en el tanto que abrió el marcador se aprovechó al pillar desprevenidos a Jordi Alba y Umtiti. Tras ese gol el peor Barcelona de la era Valverde se mostró, no sólo siempre impreciso y precipitado con el balón, sino que sus errores defensivos fueron continuos. Tras un 4-1 en la ida en el Camp Nou el fracaso del Barça fue histórico.

A falta de Messi, fue Ter Stegen quien intentó convertirse en héroe de un Barcelona muy menor, con un paradón a El Shaarawi en el minuto 79. Sin embargo, el guardameta germano no pudo impedir después que el gran cabezado de Manolas acabase en la red, para certificar el fiasco del conjunto catalán después de tanta ventaja obtenida en la ida. El mismo equipo que sólo había encajado dos goles hasta los cuartos de final (uno en la fase de grupos, del Olympiacos, y otro del Chelsea en Londres), se llevó el doble en sólo dos encuentros ante la Roma, dos de ellos de Dzeko, que fue una pesadilla para una zaga muy endeble, el mayor lastre de los azulgrana en el Olímpico, aunque tampoco funcionó el centro del campo y mucho menos el ataque, porque Messi apenas entró en juego en las inmediaciones del área italiana. El argentino sí tuvo en el primer tiempo dos oportunidades de libre directo, pero sendos lanzamientos con la zurda se marcharon fuera, festajados por todo lo alto por la afición transalpina, y casi al final del encuentro, con el Barça ya eliminado, tuvo otra oportunidad ante Alisson, pero el remató mal ante el portero de la Roma.

Al inicio de la segunda parte llegaría la Roma a marcarle el tercero al Barça, por un clarísimo penalti de Piqué a Dzeko, que debió ver la roja, no la amarilla, por el agarrón del central catalán al goleador bosnio antes de ser zancadilleado. La pena máxima debió ser señalada por el juez de línea en unos momentos en los que el Barça continuó en la misma línea que en la primera mitad. Es decir, desarbolado atrás y sin autoridad ni orden en el medio campo, y sin posibilidad de buscar a Messi, con la tremenda dependencia que tiene este equipo de su crack. El caso es que a falta de media hora del término de la eliminatoria el Barcelona ya estaba a un gol de la despedida europea, y sin ninguna capacidad de reacción, ni en el banco ni en el banquillo, con Ernesto Valverde petrificado cuando tanto necesitaba un cambio el irreconocible líder de la Liga. Tardó el técnico en tomar decisiones, cuando ya era demasiado tarde.

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Cada pelota colgada al área por la ofensiva Roma fue siempre un peligro para el Barcelona, y los balonazos visitantes, empezando por Ter Stegen, fueron continuos. El Barcelona pasó un auténtico suplicio durante los 90 minutos y el choque del Olímpico fue una nueva demostración de que este equipo no carbura fuera del Camp Nou, aunque en este caso agravada por la trascendencia de un encuentro en el que recibió un verdadero baño por parte de la Roma. Eusebio Di Francesco también superó en todo a Ernesto Valverde. Un batacazo en toda regla para los culés y un golpe durísimo para Valverde.

 

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