Fase Grupos | Jornada 1

Mónaco, segunda casa del Atlético

Giménez celebra el 1-2 en Mónaco /EFE
Giménez celebra el 1-2 en Mónaco / EFE

El equipo del Cholo se repone de un fallo que le costó ir perdiendo hasta vencer gracias al coraje de Costa y Giménez

Rodrigo Errasti Mendiguren
RODRIGO ERRASTI MENDIGURENMadrid

Pese a que es una de las ciudades con mayor poder adquisitivo del mundo, Mónaco no es lugar para buen césped. No es un destino en el que los turistas opten por tumbarse en la hierba. El Luis II, ese pequeño estadio sin ambiente en el que se jugaban antes las Supercopas europeas, razón por la cual al Atlético le trae buenos recuerdos un estadio en el que levantó dos títulos en 2010 y 2012, tiene un tapete irregular, en el que es complicado elaborar buen juego. No le hizo falta al cuadro madrileño para, seis años después, volver a vencer en el principado. Lo hizo con mayor eficacia, peor juego y menor premio para comenzar con una alegría la Champions 2018-19, marcada en rojo por todos los 'atléticos'. Si la 'orejona' es una obsesión, conseguirla en el propio estadio -que no está estos días tampoco para presumir de buen césped- es el sueño de Cholo y su legión de creyentes. Son trece escollos que superar hasta ese 1 de junio, pero al menos puede decir que el primero ya lo ha completado con un botín de tres puntos.

1 As Mónaco

Benaglio; Sidibé, Glik, Jemerson, Henrichs; Ahoulou (Adama Traoré, min. 68), N'Doram; Grandsir (Sylla, min. 77), Tielemans, Chadli (Mboula, min. 58) y Falcao

2 Atlético de Madrid

Oblak, Juanfran, Giménez, Godín, Lucas, Rodrigo, Koke, Saúl, Correa (Lemar, min. 70), Griezmann y Diego Costa

goles
1-0. min. 19. Grandsir. 1-1. min. 31. Diego Costa. 1-2. min. 45+1. Giménez.
árbitro
William Collum (Escocia). Amonestó a Falcao, Giménez, Sidibé, Traoré, Diego Costa.
incidencias
Estadio Luis II. Unos 12.500 espectadores. Primera jornada de la Champions League 18-19, grupo A. Simeone no estuvo en el césped ya que cumplió su último partido de sanción. La familia real del Principado de Mónaco acudió al palco de honor del estadio.

Fue un encuentro extraño, en el que Giménez debió abrir el marcador pero fue el que lo cerró. Al uruguayo le anularon un gol de manera inexplicable antes de cumplirse el primer minuto. El Atlético compareció con ganas y tuvo la primera gran ocasión, gracias a un pase interior de Griezmann a Diego Costa que el hispanobrasileño pegó demasiado cruzado ante Benaglio, aquel suizo que nos amargó en el Mundial de Sudáfrica.

Pero el cuadro del Cholo está teniendo últimamente unos errores defensivos muy groseros y esta campaña sus errores están siendo penalizados con un gol. Saúl hizo una 'boutade' al intentar controlar con el pecho en el balcón del área, le robó la pelota con una arrancada Falcao y pero Correa, en el área para ayudar, hizo un mal despeje que se convirtió en una bola muerta perfecta para Grandsir, que con ese '29' parecía Mbappé en alguna de sus arrancadas.

El Mónaco, que asustó y obligó a Oblak con disparos lejanos de N'Doram y Ahoulou, soñó con el 2-0 pero no contó con sujetar a Griezmann entre líneas, que dejó con la zurda un pase medido para que Diego Costa en carrera fusilase ante Benaglio. No perdonó el delantero pese a que la pelota botaba de manera tan irregular tanto que desde lejos parecía un conejo. Ambos equipos concedían muchos espacios, siendo el Atlético el que mejor podía explotar esa ventaja. Curiosamente optimizó una de sus mejores armas de la 'era Simeone', al que se escuchaba gritas en las gradas de un estadio que muchas veces estaba en silencio.

El valiente Giménez es una bestia en el juego aéreo, intuitivo y que busca el gol sin importarle el número de rivales que tenga delante. Así fue en el Luis II. Lo ha demostrado a lo largo de su carrera en partidos importantes (seis de sus siete goles con la rojiblanca han sido de cabeza) e incluso en el último Mundial. No sólo evita goles rivales, despejó varios balones que pudieron ser el empate, sino que marca para ganar puntos. Su golazo justo antes del descanso fue un golpe que necesitaba moralmente su equipo.

Jardim, viendo que nada cambiaba, reclutó a Mboulá para atacar con dos puntas a un Atlético que era superior pero no buscó con ansia el tercero que sentenciara el duelo. Falcao estuvo a punto de irse a la caseta por un piscinazo en el área, viendo que el Atlético, que sólo hizo un cambio, pero que se aculó demasiado en los minutos finales. Optó porque el partido se consumiese y pudo costarle muy caro en un cabezazo de Glik. Resistió en su segunda casa y recuperó sus sensaciones en Europa, donde por méritos propios ya es un grande.

 

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