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Piqué, señalado en un Barça sigue atrapado en Roma

Gerard Piqué lucha por el balón frente al delantero del Leganés, Sabin Merino/EFE
Gerard Piqué lucha por el balón frente al delantero del Leganés, Sabin Merino / EFE

La derrota en Leganés y el empate ante el Girona, unidos a las apuradas victorias en Zorrilla y Anoeta, obligan a Valverde y a sus jugadores a recuperar la solidez perdida aquel 10 de abril

P. RÍOS

El estropicio del Barça no acabó con el pitido final de Undiano Mallenco en Butarque. Tuvo continuidad en la reacción de los jugadores, que no felicitaron a sus colegas del Leganés por su justa remontada, según ha denunciado su portero, Cuéllar, y se prolongó en la sala de prensa, con Ernesto Valverde calificando la derrota como un simple accidente. Como en Roma… Tampoco ayudó la reacción mediática, instando a hacer creer a los seguidores culés que lo del equipo azulgrana no fue tan grave viendo cómo le fue al Real Madrid en Sevilla.

El KO del equipo de Julen Lopetegui le vino bien al Barça y también, en lo individual, a Gerard Piqué, 'tapado' tras otro mal día personal. El central fue protagonista de un fallo clamoroso en el gol decisivo del Leganés, error que se suma a los dos despistes defensivos suyos que costaron los dos goles del Girona, aunque ese día logró marcar el 2-2 para compensar.

El Barça ya ha encajado en seis jornadas casi los mismo goles (7) que en toda la primera vuelta del pasado curso. Eso sí, Piqué no tiene descanso porque Valverde y la dirección deportiva diseñaron una plantilla con tres centrales zurdos y sólo él como diestro. Y siempre se le señala porque es un sospechoso habitual por su vida extradeportiva, ahora centrada como empresario del mundo de tenis en la nueva Copa Davis que llevará a Madrid en 2019 y 2020. Curiosamente, Sergio Ramos hizo en Sevilla un partido igual de nefasto, pero él cae 'mejor' y nadie examinó con lupa su actitud pasiva en los tres goles como sí se hizo con Piqué.

Quizás lo peor que le puede haber pasado al Barça tras sumar un punto de los seis últimos es seguir líder, aunque sólo sea por mejor diferencia de goles. Si no se da importancia a la mala imagen ofrecida, el esperpento puede completarse con nuevos capítulos y ahora llegan rivales tan complicados como Athletic, Tottenham y Valencia. No es lo mismo perder en casa del colista que en el Sánchez Pizjuán ante un equipo que juega competición europea. Y es inadmisible encajar dos goles en 68 segundos ofreciendo facilidades defensivas impropias de un vigente campeón de Liga que quiere reconquistar la Liga de Campeones.

Ya se analizó poco la fragilidad del Barça ante el Girona (2-2) con la coartada de la expulsión de Lenglet. Los palos fueron para el VAR y no para el entrenador o los jugadores por no tener un plan más solidario con 10 en el campo. «No tenemos excusas, tenemos que trabajar para ser más sólidos porque los grandes equipos lo son», comentó Sergio Busquets en Leganés para corregir con autocrítica su discurso victimista del domingo. Como segundo capitán, horas antes de ser oficialmente renovado hasta los 35 años (2023) con una cláusula de rescisión de 500 millones, y Messi sin ganas de dar explicaciones, el centrocampista volvió a dar la cara tras un mal resultado y esta vez tocó un tema espinoso al apuntar que hubo «falta de intensidad».

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El Barça fue sólido la pasada temporada jugando con un 4-4-2 la mayoría de partidos. Pero la explosión de Dembélé le ha permitido ganarse un hueco junto a Luis Suárez y Messi en un 4-3-3 que obliga a colocar de Coutinho de interior. El brasileño ya era interior en el 4-4-2 pero con el equipo más compensado. Tenía tres centrocampistas al lado, no dos. Ahora el equipo se rompe sin que haya físico para equilibrarlo porque finalistas del Mundial como Rakitic y Umtiti no han alcanzado su mejor momento, Busquets y Piqué parecen cansados psicológicamente y no hay recambio para Alba en la izquierda. A Valverde no le funcionan las rotaciones y tampoco se atreve a apostar de una forma convincente por los fichajes ni por los canteranos. No les transmite confianza y ya no se sabe si no juegan más por falta de adaptación o porque no les dejan adaptarse.

El Barça ya ganó en Valladolid y Anoeta por la mínima recibiendo ocasiones hasta el final. «Estamos en un momento difícil e inesperado», acertó a balbucear Valverde en Leganés. Mejor que vaya tomando conciencia de que debe cambiar cosas porque este Barça no se parece nada al de la pasada temporada. Bueno, se asemeja al de un día concreto de esa campaña del doblete: al de Roma. Y eso es alarmante.

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