El Real Madrid recupera su brújula

Modric, tras batir el sábado a Vaclík. /Susana Vera (Reuters)
Modric, tras batir el sábado a Vaclík. / Susana Vera (Reuters)

Los blancos hallan el norte al compás de Modric, revitalizado para el tramo decisivo de la campaña

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

El Real Madrid recuperó su brújula y encontró el norte ante el Sevilla. Luka Modric exhibió una de sus mejores versiones de la temporada y afinó a su escuadra, que completó el partido más sobresaliente de la 'era Solari' al compás del pequeño genio de Zadar. Mucho notó el conjunto de Concha Espina el descenso en las prestaciones del balcánico en la primera mitad de curso pero los últimos encuentros han servido para constatar que está de vuelta para el tramo decisivo de la campaña.

«Nos faltaba un partido así. Y así es como tenemos que jugar. Todo el madridismo está por fin contento. No sólo por la victoria sino también por el juego. Hemos demostrado que no nos hemos olvidado jugar, pero nos costaba. Esto va a ser un punto de inflexión», manifestaba el '10' tras un duelo que abandonó con heridas de guerra. Un encontronazo con Franco Vázquez le obligó a lucir un aparatoso vendaje en la cabeza en los estertores de la primera parte, sustituido a vuelta de vestuarios por un parche en su ceja izquierda que cubría los cuatro puntos de sutura que le aplicaron los médicos para cerrar la brecha que tenía. Poco le importó. Se echó a lomos a su equipo para catapultarle a un triunfo esencial para proseguir la escalada en la tabla y, sobre todo, enmendar la mala imagen del pulso copero ante el Leganés en Butarque, adonde no acudió el croata como parte del plan de dosificación de esfuerzos que aplica con él Solari.

Sólo ha disputado Modric el 62,2% de los minutos con el argentino, ligeramente por debajo de la presencia que tenía con Julen Lopetegui, quien también le programó una progresiva entrada en el equipo tras el exigente cierre del curso anterior. Venía de rubricar un inolvidable un Mundial de Rusia en el que comandó a su selección hasta un subcampeonato con el que nadie contaba y se hizo acreedor del reconocimiento al mejor futbolista del torneo, preludio de la lluvia de galardones que recibiría en los meses posteriores y que tendría el Balón de Oro como cumbre. Se vació física y psicológicamente, pasó sus vacaciones envuelto en permanentes rumores que le colocaban en el Inter de Milán y a su regreso pagó el desgaste, con la inevitable factura para un equipo al que guió a cuatro Champions en un lustro.

A Modric no le hacía falta que nadie le dijese que no estaba bien. Era plenamente consciente de que su mal estado físico repercutía en grado sumo en un conjunto que había perdido en verano a Cristiano Ronaldo. Sin los goles del luso, escudo que evitaba tantos golpes, la figura del croata resultaba crucial para dirigir al Real Madrid. Pero durante cuatro meses sólo hubo un lejano recuerdo de aquel futbolista que rompía líneas con pases de escuadra y cartabón o finas conducciones. Sin su faro, el campeón de Europa se volvió previsible, monótono y hasta anodino. Frustrado, el '10' alzó la voz tras el empate contra el Villarreal. «Falta gol y más unidad en el campo. En casa partido nos marcan goles y nosotros no metemos mucho. Tenemos que sentarnos, hablar, ver cuál es nuestro problema. No es normal, no pasa una vez, nos pasa muchas veces. Hay que encontrar soluciones, muchos jugadores no están rindiendo a su mejor nivel. Tengo que mejorar y asumir más responsabilidad», manifestó.

Loas de Solari

Modric dijo basta en aquel choque y, aunque tuvo que asistir impotente a otro batacazo de su equipo frente a la Real Sociedad, se aprestó a un proceso de rehabilitación individual y colectivo. Aunque ya se había estrenado como goleador en la final del Mundial de Clubes, fue en el Benito Villamarín cuando dio un paso adelante para aliviar el déficit ofensivo de una escuadra que suma ya 353 minutos sin ver un gol en Liga de sus delanteros. Desde que Benzema anotase el 0-1 contra el Villarreal, el grueso de las dianas las han aportado los centrocampistas. Varane hizo el segundo del Real Madrid en el Estadio de La Cerámica, pero a partir de ahí les tocó a los habitualmente encargados de orquestar el juego.

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Modric y Ceballos mojaron ante el Betis y contra el Sevilla fueron Casemiro y de nuevo Modric quienes vehicularon una victoria que reforzó también la autoridad de Solari. Al rosarino no le tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones y tras condenar a Isco al banquillo, volvió a sentar a Marcelo por segundo partido consecutivo de Liga, aunque lo del brasileño es un toque de atención para recuperar a un lateral que el técnico sabe imprescindible para pelear por otra Champions. Igual que el croata, hacia el que se deshizo en elogios. «Estuvo sobresaliente. Teniendo en cuenta que tenía una brecha muy grande y lo cosieron… Es un luchador, hizo una estupenda segunda parte, se le abrió la ceja y tras 15 minutos en la camilla mientras lo cosían salió en la segunda parte e hizo un gol y eso te habla un poco de su espíritu y el del equipo», dijo de un futbolista que ejecutó cuatro remates y marcó un gol que compendió muchas de sus virtudes: entrega, coraje en la presión y lucidez en la resolución.

 

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