Tribunales

«Si las cajas ocultaron algo en Bankia el primer engañado fui yo»

Francisco Verdú (izquierda), ex consejero delegado de Bankia, camino del juicio en la Audiencia Nacional./ EFE
Francisco Verdú (izquierda), ex consejero delegado de Bankia, camino del juicio en la Audiencia Nacional. / EFE

Verdú, ex consejero delegado, sigue la línea defensiva del «no era mi responsabilidad», aunque reivindica que la cuentas del banco «han sido las más bendecidas de España»

José Antonio Bravo
JOSÉ ANTONIO BRAVOMadrid

El manual de defensa que están siguiendo quienes fueron los principales colaboradores de Rodrigo Rato en la cúpula de Bankia empieza a estar claro e introduce matices respecto a la postura de su antiguo jefe, quien niega cualquier tipo de irregularidades y vislumbra una especia de conjura política tanto en su salida forzada como en el posterior proceso penal. A diferencia de él, tanto José Manuel Fernández Norniella, quien fuera consejero ejecutivo, como Francisco Verdú, que fue nombrado 'número dos' de la entidad, no se muestran tan tajantes en negar que pudiera haber «problemas» y malas actuaciones, pero coinciden en que no estaban «bajo su responsabilidad».

Esta línea argumental ha provocado en los últimos días el enfado visible del fiscal jefe anticorrupción, Alejandro Luzón, quien les preguntó como era posible eludir esas responsabilidades desde cargos tan importantes como los que ellos ocupaban. Ambos contestaron que estaban centrados «en otras tareas», e incluso Verdú se excusó este miércoles en que cuando accedió al cargo de consejero delegado en junio de 2011 estaban ultimados los preparativos para la salida a Bolsa un mes después -que es lo que se juzga en la Audiencia Nacional, junto a la posible falsedad de las cuentas anuales- y «el folleto ya estaba casi redactado», todo ello -añadió- «con el consejo de los mejores bancos y asesores independientes del mundo».

«Yo lo firmo porque cuento con todas las bendiciones», afirmó, para a continuación preguntar en voz alta: «¿Cómo no voy a creer al Banco de España, al FROB y a la Autoridad Bancaria Europea (EBA)?, ¿Qué pasa, acaso todo el mundo sabe que hay algo oculto y no lo dice». «Cuando uno llega a un sitio -prosiguió con su explicación- se fía de la auditoría, no encarga que se realicen 2 millones de tasaciones y se revisen 1,5 millones de prestatarios»; «todas las cuentas» -insistió- estaban revisadas «a valor razonable». «Yo leí los riesgos y lo analice, pero entendía que todo estaba bien hecho», abundó en la misma idea, aunque reconoció que no llegó a revisar personalmente esos libros de cuentas que, según él, fueron «las más supervisadas de la historia de España».

Un precio bajo

Verdú dibujó una Bankia casi idílica antes de entrar en la entidad. «Yo me incorporé para mejorar el negocio...porque había potencial de crecimiento», y porque lo veía como «el mayor reto de la banca española». Y una vez dentro, relató, las dificultades que observó no eran graves, según él. Por ejemplo, y en respuesta a las preguntas del fiscal sobre el precio de las acciones -una de las claves, según el Ministerio Público, del posterior fiasco bursátil-, que los consejeros «no estaban conformes con el valor que se fijó finalmente (3,75 euros), pero las circunstancias económicas» mandaban y España sufría entonces una crisis, mientras en Europa pesaba mucho el miedo a repetir el rescate griego.

No obstante, matizó que fue una decisión «del presidente, tras reunirse con los bancos aseguradores y con Lazard», aunque a continuación criticó que «lo que no tiene sentido es que el Banco de España, si tenía la más mínima duda sobre el precio, no lo manifestara antes«. En cualquier caso, señaló que ese valor bajo que se puso a los títulos, si bien el descuento aplicado fue inferior al de los estrenos bursátiles de otros bancos europeos, no guarda relación con la viabilidad de la entidad.

Luzón entendió que por la incorporación tardía de este alto directivo al banco pudo no conocer «en primera persona» algunas cuestiones, como la necesidad de elevar las provisiones (por la quiebra de Martinsa Fadesa, por ejemplo) y contemplar algunos deterioros que no se mencionaron entonces (algunos negocios ruinosos de Banco de Valencia y Bancaja), pero sí sabría algo «a posteriori». Según Verdú, esos problemas se conocerían después aunque en cualquier caso, matizó, «en el folleto tríptico quedaban muy bien reflejados todos los riesgos potenciales», a lo que el fiscal replicó diciendo que no se concretaban y que solo se hablaba de ellos «en términos generales».

«¿Cómo iba a saber yo (entonces) lo de Banco de Valencia? Yo no puedo engañar a ningún inversor si desconozco, señoría -declaró el ex consejero delegado dirigiéndose directamente al tribunal-. Si las cajas (de ahorros que conformaron Bankia a finales de 2010) ocultaron algo, el primer engañado fui yo», enfatizó para argumentar su desconocimiento de posibles irregularidades.

Créditos morosos

Tampoco en las refinanciaciones de créditos que, según un informe del Banco de España de 2011 que leyó el fiscal, estaban mal contabilizadas en términos de morosidad porque únicamente se hacían ajustes contables para ocultar el aumento de riesgos. Verdú dijo no haber sabido de esas conclusiones e incluso no creérselas porque «de haber sido cierto me hubiera preocupado muchísimo», dado que «no parece nada razonable que un préstamo moroso se pase a vivo sin pagar nada«.

«Los responsables de ese área sí que podían conocerlo. Yo no; no era mi responsabilidad», dijo en intento por eludir abundar más en la cuestión. Luzón también le preguntó si conocía algunos problemas que plantearan los auditores sobre las cuentas anuales de 2010 o de 2011, a lo que el acusado respondió que solo respecto a la matriz del banco, BFA, si bien luego admitió que entre marzo y abril de 2012 sí se preocupó porque faltaba documentación de Bankia por enviar al auditor y éste no entregaba su informe.