Los españoles suspenden a la hora de valorar el riesgo de sus inversiones

Los españoles suspenden a la hora de valorar el riesgo de sus inversiones

Diversifican menos sus operaciones que la media de la UE y la OCDE, mientras el sexo, la formación y la renta siguen marcando diferencias en sus conocimientos financieros

José Antonio Bravo
JOSÉ ANTONIO BRAVOMadrid

El caldo de cultivo perfecto para que puedan darse abusos en los mercados, sobre todo en el financiero y el bursátil, es la falta de información como se ha podido comprobar en los últimos años con todo tipo de ejemplos. Un puñado de ellos, de hecho, han acabado en los tribunales y han sido juzgados, o todavía están pendientes de hacerlo. Consciente de esta problemática, el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), los dos órganos que están en el punto de mira de los consumidores por su supuesta permisibilidad en este tipo de asuntos, vienen realizando la llamada encuesta de competencias financieras.

Dada la complejidad del informe para afinar las respuestas respecto a lo que ocurre con al ciudadano medio español -se hacen una serie de preguntas a una muestra representativa de adultos de entre 18 y 79 años-, tarda más de un año en poder publicarse. La última, conocida en parte hace varias semanas, revela entre otras cosas que los españoles suspendemos a la hora de evaluar el riesgo de nuestras inversiones. En concreto, apenas la mitad (el 49%) responde de forma correcta a la cuestión siguiente: «Por lo general, es posible reducir el riesgo de invertir en bolsa mediante la compra de una amplia variedad de acciones ¿Verdadero o Falso?». Una cuarta parte (24%) lo hace mal y otro 27% contesta directamente que «no sabe».

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Varios condicionantes determinan, asimismo, que también en este aspecto haya españoles de primera, de segunda, de tercera… Por ejemplo, por razón de género un tercio de ellas (33%) dice desconocer la respuesta a la pregunta referida, mientras que el porcentaje de contestaciones correctas es 13 puntos inferior al de los hombres. En cuanto al nivel educativo, entre los individuos con formación universitaria seis de cada diez contestan de forma correcta a la cuestión de los riesgos frente a solo el 38% entre las personas con educación primaria donde, además, en nivel de población que «no sabe» es 22 puntos superior al colectivo con mayor preparación en general.

No es lo único que diferencia a los españoles aparentemente preparados para el riesgo financiero y los que no lo están. El dinero, como se podía esperar, también es un elemento claramente diferenciador. Así, casi siete de cada diez respuestas (el 69%) en los hogares con una renta anual superior a los 44.500 euros eran correctas frente a solo el 39% en aquellos con ingresos inferiores a los 14.500 euros. Y, por último, el lugar de origen también es otra variable a considerar. Aragón (67% de contestaciones acertadas) y Madrid (56%) parecen ser las comunidades autónomas con la población mejor formada en esta materia, en contraste con Andalucía (44%) y Castilla-La Mancha (39%) que son las que salen peor paradas.

Si nos comparamos con las respuestas obtenidas en otros países de la OCDE y la UE –los órganos supervisores de esos países también hacen encuestas similares a petición del BCE-, el nivel de conocimientos financieros de la población adulta española está en la media. Esto supone que en torno al 42% de la población de las llamadas economías desarrolladas conoce lo que es un tipo de interés compuesto y un 46% en España, mientras que el 60% domina el concepto de la inflación (el 58% en el caso español).

Un país de cuentas corrientes

En cuanto a la tenencia de productos financieros, sin embargo, sí se observan diferencias que podían explicarse también por la falta de formación suficiente para conocer los riesgos del mercado financiero. Y es que España es claramente un país de cuentas corrientes (el 97% de los ciudadanos, según la encuesta, tendría al menos una frente al 89% de los europeos), un producto fácil de comprender, pero poco más de la mitad de la población (sol el 55%) tiene contratados productos de ahorro y seguros de vida (en la OCDE el promedio llega al 66%). Y, eso sí, tiramos más de tarjeta de crédito que nuestros vecinos de la UE: en el 68% de los casos frente al 49% en la UE.

Ahora bien, también en este tema parece darse en ocasiones el dicho popular de «en casa del herrero, cuchillo de palo». Y es que según admiten fuentes del sector, el Banco de España ha ido enviando en las últimas semanas a las entidades una serie de misivas donde les insta a proporcionar una mejor formación en conocimientos financieros para sus consejeros. No ponen en duda su valía profesional, eso sí, aunque ven deseable que obtengan más información sobre el negocio bancario y sus riesgos, tanto los implícitos como los externos. Su objetivo es que todos los miembros de sus órganos de administración pasen a tener un dominio «sustancial» de ese tipo de datos, además de que el mismo sea objeto de una actualización casi continua.

 

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