Entre la sorpresa y la preocupación

DIEGO CARCEDO

El año electoral se ha estrenado con sorpresa y con preocupación: la izquierda en su conjunto ha perdido las elecciones andaluzas y es bastante previsible que el Partido Socialista tenga que ceder el Gobierno autonómico a una coalición de derechas. La posible y previsible coalición del Partido Popular y Ciudadanos no supera la de PSOE y Andalucía Adelante (Podemos), pero sí lo consigue con creces con el apoyo de Vox, el principal motivo de preocupación que las urnas han dejado. Es sin duda un resultado que no por inesperado abre menos incógnitas de cara al próximo futuro de la política española.

Es, sin duda, un resultado que sumando votos y escaños no suscita la más mínima duda democrática. Pero la jornada electoral, sin embargo, deja dos datos que además de sorprendentes resultan inquietantes. Uno es la escasa participación, por debajo del sesenta por ciento y con una caída en relación con las elecciones anteriores de cinco puntos. Habrá ocasión de analizar en profundidad las causas, en absoluto achacables a problemas meteorológicos o de otra índole, sólo políticos.

Una causa bastante probable es el desencanto que ha creado la actividad política en estos últimos tiempos. En el caso del PSOE, que a pesar de ser el partido más votado también es el que más apoyo ha perdido, probablemente haya influido el viejo escándalo de los Eres paralelamente con el desgaste de cuatro décadas prácticamente ininterrumpidas en el poder. El Partido Popular conserva la segunda posición con una pérdida de escaños elevada a pesar de la cual es el que en principio tiene mejores perspectivas de gobernar. Paradojas de la política. Claro que para conseguirlo tendrá que pactar y aceptar el respaldo de Vox, el partido que le arrebató muchos votos.

Lejos de capitalizar tantos años en la oposición, el PP ha desaprovechado esta oportunidad de aumentar su voto y representación parlamentaria. También Adelante Andalucía ha salido mal parado; quedó relegado al cuarto lugar y aunque conserva una buena representación, sus posibilidades de acceder o influir en el Gobierno, incluso de liderar la oposición las ha visto esfumarse. Todo parece indicar por otra parte que su evolución se ha invertido. Ciudadanos en cambio no ha conseguido superar al PP, como ambicionaba, pero mejora ostensiblemente, consolida su línea ascendente y su apoyo será imprescindible para la formación del nuevo Gobierno. Claro que con el descrédito que puede proporcionarle tener que pactar con Vox.

Otra cuestión, igualmente sorprendente pero en su caso muy preocupante es el éxito logrado por Vox que representa la incorporación, por vez primera desde la Transición, de la extrema derecha a un Parlamento y lo hace, además, entre el electorado tradicionalmente más de izquierdas. Quienes lo votaron lo han hecho con todo el derecho democrático para hacerlo, pero es evidente que para la calidad de la democracia, en unos momentos tan complejos, no es bueno. Y menos si se considera que su implicación en el Gobierno puede ser imprescindible. Mirando alrededor, tampoco cabe decir que sea algo inédito.

Vox está en la senda de los partidos ultranacionalistas y xenófobos que en estos últimos tiempos han irrumpido con fuerza en la política europea. Su populismo demagógico parte de similares planteamientos en los que se pone en duda el sistema democrático. Hay muchos elementos que han contribuido a su evolución y uno, sin duda, ha sido la visibilidad que otros partidos le han proporcionado a lo largo de la campaña en los medios de comunicación con sus críticas y alertas poco inteligentes del peligro que representa.

 

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