Sánchez vuelve a guardar el hacha en la batalla contra Díaz

Susana Díaz. / Foto: EP | Vídeo: Atlas

Ábalos suaviza sus palabras y asegura que ni exige la dimisión de la dirigente andaluza ni pretende imponer una gestora

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

La dirección del PSOE baja el pistón. Un día después de destapar la caja de los truenos al insinuar que Susana Díaz debería dimitir en caso de no lograr mantener la presidencia de la Junta de Andalucía, el secretario de Organización, José Luis Ábalos, ha dado marcha atrás. «Abrir un frente interno en este momento no tiene sentido», admiten fuentes de la ejecutiva. Sus palabras no habían sentado bien a los socialistas andaluces y tampoco a la propia presidenta en funciones. Es más, dieron pie a un cruce de acusaciones sobre la responsabilidad de la debacle en los comicios del domingo. A apenas seis meses para las elecciones europeas, municipales y de trece autonomías, el partido no se podía permitir volver a arder.

Hubo dos cuestiones en la intervención del hombre fuerte de Ferraz el lunes que crisparon especialmente los ánimos en la federación más numerosa del PSOE: que cuando se le preguntara sobre si Díaz tendría que dejar el cargo replicara que el papel que juega cada uno en el partido «está siempre subordinado al éxito del proyecto político» y que, para remate, avanzara que la dirección se va a «implicar absolutamente» para contribuir a la «necesaria regeneración» del proyecto en Andalucía. «Se regenera aquello que está degenerado y yo lidero un partido decente, honesto y trabajador, que ha tenido la confianza de más de un millón de andaluces», replicó la secretaria general en la Ser esta mañana.

Díaz no sólo mostró su enfado sobre ese asunto sino que de forma más o menos clara dejó ver que culpa de su situación a Sánchez y a su empeño en seguir en el Gobierno sustentado en las fuerzas independentistas de Cataluña. «Seguramente me equivoqué y tenían razón ellos», dijo en alusión a la decisión de PP y Ciudadanos de centrar la campaña electoral en ese asunto en lugar de hablar de Andalucía, como ella reclamaba. Los socialistas andaluces argumentan, en todo caso, que en ese asunto tenían las manos atadas porque no compartían ni comparten la actuación del jefe del Ejecutivo pero habrían tenido dificultades para decirlo abiertamente sin desatar de nuevo una crisis interna, con el consiguiente coste.

Aun así, entre tanta hostilidad mal disimulada, la dirigente andaluza dio pie a Ábalos a la rectificación y también dejó caer que quizá sus palabras se habían sacado «de contexto» porque, adujo, Pedro Sánchez había estado «muy cariñoso» con ella el domingo. El también ministro de Fomento no tardó en recoger el guante. En la comparecencia para explicar la reunión de la ejecutiva que hoy analizó los resultados de los comicios, esta vez ya con el presidente del Gobierno, que el lunes estaba en la cumbre del clima en Katowice (Polonia), pidió «aclarar» su posición y negó que exija la marcha de Díaz o que ronde por su cabeza, como ya interpretaban algunos en la formación, imponer una gestora en Andalucía como se hizo en Madrid en 2015. «Ni es conveniente ni está justificado ni es necesario y, además -adujo- no es nuestro estilo».

La matización llegó solo hasta ahí. En realidad existen no pocos elementos para pensar que lo único que hace Ferraz ahora es aplazar una batalla por el control del PSOE-A, una federación mayoritariamente contraria al 'sanchismo'. Ahora lo que toca es defender que Díaz es la ganadora de los comicios y tratar de boicotear una alianza de PP, Ciudadanos y Vox que permita desbancar a los socialistas del poder. Pero Ábalos no se desdijo de su afirmación de que la regeneración debe «llegar» al partido en Andalucía, en consonancia, argumentó, con lo que se aprobó en el 39º Congreso (el de la victoria de Sánchez y la derrota 'susanista'). Y, además, insistió en que su afirmación sobre la asunción de responsabilidades es una «máxima» que forma parte de la cultura del partido. «La presidenta de Andalucía tiene suficiente experiencia para saber gestionar los tiempos y no yo no le voy a decir nada a nadie», remachó.

El secretario de Organización también rechazó, por otro lado, que quepa atribuir la caída de Díaz -400.000 votos y 14 escaños respecto a 2015- a la estrategia del Ejecutivo respecto a Cataluña. En todo caso, culpó a la «propaganda» de la oposición. «Nosotros -arguyó- no pactamos nada con los independentistas». Pero tampoco admitió que la lectura impuesta sobre ese asunto haya sido «decisiva».

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