Galicia, un islote dentro del océano del multipartidismo

-El secretario general del PPdeG y Presidente de la Xunta de Galicia Alberto Núñez Feijoo, ejerció su derecho a voto en el colegio Niño Jesús de Praga de Vigo. /Salvador Sas (Efe)
-El secretario general del PPdeG y Presidente de la Xunta de Galicia Alberto Núñez Feijoo, ejerció su derecho a voto en el colegio Niño Jesús de Praga de Vigo. / Salvador Sas (Efe)

Socialistas y populares resisten con solvencia el empuje de las nuevas formaciones en esta comunidad autónoma

Ander Azpiroz
ANDER AZPIROZMadrid

Galicia se ha convertido en una 'rara avis' dentro del sistema político español. Esta comunidad histórica no solo es la única que desde 2015 se gobierna mediante una mayoría absoluta, sino que, además, desde este 28 de abril presenta la singularidad de ser la última en la que el viejo bipartidismo -el de PSOE y PP- resiste el empuje de las nuevas fuerzas políticas.

La clave

Pese al descenso, el PP gallego recogió un 27,4% de los votos, frente al 16,7% a nivel nacional

El pasado domingo, los socialistas se impusieron en Galicia a los populares por diez diputados frente a nueve. Mucho más lejos quedaron Unidas Podemos y Ciudadanos, que debieron consolarse con dos escaños por cabeza. En ninguna de las otras 52 circunscripciones los de Pedro Sánchez y Pablo Casado alcanzaron semejante diferencia respecto al resto de sus competidores.

Sí es cierto que en 2015 En Marea -la confluencia de Podemos con los movimientos sociales y nacionalistas gallegos- logró arrebatar la segunda posición al PSOE. Fue, no obstante, un espejismo, ya que en la repetición electoral los socialistas consiguieron darle la vuelta a la tortilla y ahora, incluso, han vencido en uno de los feudos históricos de la derecha, en el que apenas han gobernado entre los años 1987-1990 y 2005-2009.

Galicia había sido hasta ahora un campo vedado para Ciudadanos, que se encontró una barrera infranqueable en el profundo arraigó del PP en esta autonomía, sobre todo en el ámbito rural y en las provincias de Lugo y Orense. En estas generales, los liberales solo han aprovechado en parte la debacle generalizada de los populares. El apoyo a los conservadores cayó desde el 41,5% de los votos en 2016 al 27,4% del domingo, un severo castigo, sin duda, pero muy por debajo de un PP que a nivel nacional cosechó apenas un 16,7% de los sufragios. Vox, no logró ningún escaño y se quedó en el 5% de las papeletas, la mitad de su porcentaje en el global de España.

El ascenso de los socialistas se vio favorecido por el empuje general a la candidatura de Pedro Sánchez, especialmente en las grandes ciudades. El PSOE, además, se benefició de los problemas del resto de formaciones de izquierda. Por un lado de las rupturas de las mareas con Podemos, que concurrieron por separado a estos comicios, y por otro de la crisis de un BNG que no termina de superar la crisis del nacionalismo gallego.

Lecturas internas

Los resultados en Galicia arrojan importantes claves internas para PP y PSOE. Para los conservadores, la primera es que se refuerza aún más la imagen de Alberto Núñez-Fiejóo, el barón que renunció el pasado verano a suceder a Mariano Rajoy y al que ahora algunos sectores pueden considerar como el único con la fortaleza necesaria para reconducir la formación hacia posiciones de centro moderado.

Los socialistas ven en estos resultados la posibilidad de gobernar esta comunidad autónoma por tercera vez en la historia, más aún en el caso de que Feijóo opte en un futuro próximo por el dar el salto a Madrid.

El primer examen para comprobar si el bipartidismo persiste en Galicia será en las elecciones del próximo 26 de mayo. En juego están las grandes ciudades. El PSOE aspira a renovar las alcaldías de Vigo y Lugo, además de arrebatar a las mareas A Coruña o Santiago, e ,incluso, a arañar votos en Pontevedra, principal feudo del BNG.

El PP, mientras tanto, se centrará en cerrar el paso en los pequeños municipios a sus adversarios por la derecha. Pero la prueba final llegará en 2020, cuando los gallegos elegirán a su nuevo presidente autonómico y sentenciarán si los viejos partidos mantienen el control en una de las regiones históricas de la geografía española.