El PP, en punto crítico

La dirección de Javier Maroto de la estrategia electoral ha sido un fracaso sin paliativos./EFE
La dirección de Javier Maroto de la estrategia electoral ha sido un fracaso sin paliativos. / EFE
JUAN CARLOS VILORIA

El PP ha entrado en una fase crítica. A la pérdida de la confianza de más de la mitad de su electorado se añade una grave crisis de identidad política. Se tambalea el liderazgo de Pablo Casado y Ciudadanos le echa el aliento en la nuca. El desconcierto puede conducir a una mala gestión de la crisis. Un paso en falso y se pueden cargar el partido. Si la confusión interna no se supera rápidamente y no hay claridad de ideas, es posible que la dirección, en lugar de realizar un diagnóstico certero del derrumbe electoral, intente la salida fácil de buscar un chivo expiatorio. Ya se oye en el entorno de Génova el nombre de Mariano Rajoy entre los dientes de los abatidos. Ya hay quien ha puesto la diana y piensa que la catarsis llegará disparando sobre la víctima de la moción de censura.

Sin restarle ningún 'mérito' en el desastre al anterior presidente del partido las causas de la cruel derrota no residen exclusivamente en la herencia de Rajoy o su mala administración de la moción de censura. Lo del bolso de Soraya en su escaño aquella tarde le perseguirá, pero no puede ser la excusa del desastre del 28-A. Si alguien no pone orden en la ofuscación, primero será el chivo expiatorio, le seguirán las luchas internas, los navajazos y finalmente la desbandada. No hay nada más difícil que construir un partido y nada más fácil que demolerlo. La tarea más inmediata, sin tiempo para recuperar el resuello, son las elecciones municipales y autonómicas. En principio es un terreno más favorable para el PP por su arraigo local, su capacidad de gestión y la lejanía de la máquina agitadora de Sánchez y su equipo. Pero no puede dejarse contagiar por la polarización: futuro-pasado, progres-fachas, revolución-involución, que ha arrasado su imagen en las generales. Tiene que imponer su propio relato y recuperar en lo posible la identidad de centro derecha, de eficacia y arraigo. Es decisivo que conserve el pulso el 26 de mayo para poder afrontar la necesaria reconstrucción y/o refundación. Que lo llame como quiera. Pero el objetivo debe ser someter a las siglas a una profunda reforma que le libere de los grandes lastres reales o mediaticos que operan como rémoras que tiran del partido hacia el fondo del abismo. Imagen, imagen, imagen.

La dirección de Javier Maroto de la estrategia electoral ha sido un fracaso sin paliativos. Ha sido incapaz de neutralizar el relato del bloque izquierda-populista ni despegarse de la aspiración de Vox. Mariano Rajoy efectivamente dejó algunas inercias. Pero una de las más negativas fue su desdén por los medios de comunicación, por las formas, por la comunicación, en definitiva, por la imagen del partido. En una democracia de opinión y televisión no se puede dejar ese espacio al adversario. De la mano de esa relación con la imagen, los medios y las nuevas formas de comunicación, el PP tiene que sintonizar con las nuevas expresiones y aspiraciones de la sociedad española. Y no caer en la tentación de la polarización sino recuperar la transversalidad.