Abrams vuelve al campo de batalla en Venezuela

Comparecencia del representante especial de Estados Unidos para Venezuela. /Efe
Comparecencia del representante especial de Estados Unidos para Venezuela. / Efe

El representante especial al país sudamericano y Mike Pence añaden tensión con su presencia al pulso por la ayuda humanitaria que se desarrolla en la frontera con Colombia

MERCEDES GALLEGOCorersponsal en Nueva York (EE UU)

En los ochenta, Elliot Abrams mandaba avionetas cargadas de armas a la contra nicaragüense, aunque lo negase bajo juramento ante el Congreso, declarándose luego culpable de perjurio. Este viernes, a los 71 años, volvió al campo de batalla volando él mismo en un avión de carga que, juró sin Biblia ante la prensa, sólo lleva víveres y material médico a la frontera de Colombia con Venezuela. Si entonces organizaciones como Amnistía Internacional o Human Rights Watch le acusaron de apropiarse el término de derechos humanos para «utilizarlo en su batalla contra regímenes comunistas y justificar las políticas de su gobierno», escribieron en un informe conjunto The Lawyers Comittee, Americas Watch y Helsinki Watch, en esta reencarnación la ONU se queja de la «politización de la ayuda humanitaria», lamentó ayer el portavoz del secretario general Stéphane Dujarric.

«La ayuda debería ser usada de forma imparcial y libre de cualquier objetivo político o militar, siguiendo los principios humanitarios a los que nosotros nos atenemos», reiteró. La tensión que ha desatado en la frontera venezolana el empeño de EE UU y su protegido Juan Guaidó de introducir ayuda humanitaria a toda costa como un caballo de Troya con el que ganarse a la población o, quizás, poner a prueba la lealtad de las fuerzas armadas, tiene «cada vez más preocupado» al secretario general de la ONU António Guterres, admitió Dujarric. Al menos dos personas han muerto ya en los enfrentamientos ocurridos en la frontera con Brasil, por lo que Guterres ha apelado públicamente a las partes a que eviten la violencia. Lo mismo que le dijo el jueves en privado al secretario de Estado Mike Pompeo.

Pompeo fue muy parco al salir de la reunión, al contrario que Abrams ayer desde la pista de Homestead (Florida), de donde partió hacia Cúcuta (Colombia) vestido con pantalón caqui y camisa blanca, el uniforme para zonas de desastre que viste Trump. Allí lo recibió como un héroe rehabilitado el presidente colombiano Ivan Duque, con quien repitió su clamor de que el pueblo Venezuela necesita «desesperadamente» la ayuda humanitaria que transporta EEUU, «suficiente para alimentar a 2.000 personas durante un mes» solo en el avión C-17 en el que viajó.

Desde el 4 de febrero la Agencia estadounidense para el Desarrollo Internacional ha enviado cinco aviones de carga con 191 toneladas métricas de alimentos, medicinas y material médico, asegura el gobierno, que con ello pone a prueba la resistencia de Maduro y le acusa de negar ayuda a su pueblo. Ni la ONU ni la Cruz Roja han querido participar en esta farsa en la que se descarta entregar esa ayuda a las instituciones venezolanas.

Rusia, por su parte, asegura que «EE UU y sus aliados de la OTAN» discuten con países de Europa del Este la posibilidad de comprar una abundante partida de armas para la oposición venezolana que incluiría ametralladoras, lanzagranadas, lanzacohetes de hombro, armas ligeras, artillería y municiones, dijo la portavoz del ministerio ruso Maria Zakharova. «Así que esto es lo que quieren decir cuando hablan de repartir ayuda humanitaria», apostilló sarcástica.

Junto con Cuba, Bolivia, Nicaragua, El Salvador, Turquía, Irán, Siria y Bielorrusia, Rusia es el país que más apoya al gobierno de Maduro, al que ha concedido préstamos importantes avalados por la filial petrolera en EE UU cuyas cuentas han sido embargadas por el gobierno de Trump. Su vicepresidente Mike Pence viajará el lunes a Colombia para reunirse con Duque y participar en una reunión del Grupo de Lima que ha apoyado al autoproclamado presidente Guaidó. El objetivo es «definir pasos concretos que apoyen al pueblo de Venezuela y su transición a la democracia». Una transición que, con Abrams al frente como representante especial, repite el modelo de los años 80 que el ex asesor de Reagan considera «de éxito probado».