«El único camino para Colombia es la reconciliación»

María Jiména Duzán/Justo Rodríguez
María Jiména Duzán / Justo Rodríguez

La periodista y escritora María Jimena Duzán cuenta los detalles del proceso de paz en su libro 'Santos' sobre la negociación que puso punto final al conflicto

DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Una larga trayectoria periodística en tres de los principales medios colombianos, 'El Espectador', 'El Tiempo' y 'Semana', dieron acceso a María Jimena Duzán (Bogotá, 1960) a los rincones del poder para indagar en los detalles del proceso que logró desmovilizar a la guerrilla más antigua del mundo, las FARC, y firmar una paz que ha cambiado el imaginario de Colombia. Su libro 'Santos. Paradojas de la paz y del poder' (Debate) empieza con un presidente triunfal a la espera de los resultados del plebiscito con el que esperaba refrendar el acuerdo de paz y termina con la voz de las víctimas de todas las violencias que camparon en aquel territorio (guerrillas, paramilitares, narcos, ejército). Las víctimas de la guerra, como ella misma, que empezaron siendo el epicentro del proceso de paz y quedaron arrinconadas en la batalla personalista de los dos colosos enemigos, Uribe y Santos.

¿Qué estrategia siguió para abordar el proceso de paz de Colombia desde el corazón del poder, no sólo político, y descubrir las vicisitudes que tuvieron como protagonista al entonces presidente Juan Manuel Santos?

La idea era demostrar cómo funciona el poder cuando tiene que hacer grandes concesiones. Cómo hace un señor (Santos) que pertenece a la elite y es heredero y consentido del Fondo Monetario Internacional cuando es señalado como castro-chavista por la oposición liderada por Álvaro Uribe. La manera en que esa mentira se volvió verdad fue uno de los temas fundamentales que descubrí haciendo este reportaje. El otro hallazgo señala a los movimientos evangélicos y su gran presencia en la política latinoamericana. Estos grupos se opusieron al acuerdo por privilegiar a las mujeres y las minorías. Este 'enfoque de género' era inaceptable para ellos y pasó desapercibido que hubo gente que pensó que votar por el 'sí' era abrir la puerta a la homosexualidad y a las familias gais. Todos los personajes del libro tienen que ver con el poder. Hablé con todos ellos y estuve cerca de las víctimas, que eran el centro del acuerdo. Pero en el enfrentamiento político, en la pelea personal entre Santos y Uribe, se perdió esa esencia.

Como víctima del conflicto, ¿cómo encontró la manera de abordar el proceso de paz con la imparcialidad del testigo?

He pasado por muchas fases. Fui víctima de toda la violencia de Pablo Escobar que nos aniquiló el alma. Luego vino una época de guerra infernal que reforzó a los paramilitares. Asesinaron a mi hermana, que también era periodista y en los 90 hacía una historia de víctimas de las FARC, primero, y los paramilitares, después. La justicia ha sido incapaz de resolver esa y otras masacres, que siguen impunes. Cuando empezó el proceso fui a La Habana con un pesimismo profundo. Pero empecé a ver una probabilidad, debido a que, después de la guerra infernal del Plan Colombia, la correlación de fuerzas se había inclinado del lado del Estado, y las FARC, aunque no habían sido derrotadas militarmente, sí habían asumido que nunca llegarían al poder por las armas. Así que era el momento preciso para establecer los puentes de oro. Cuando hice esta reflexión me di cuenta de que como víctima era lo mejor que me podía pasar, porque no sólo era la desmovilización de las FARC sino el fin de la degradación del Estado. Las víctimas fuimos las primeras en estar de acuerdo con lo que había que hacer para cerrar el conflicto. El único camino para Colombia es la reconciliación. Todos tenemos que ceder sobre la base de la verdad.

Verdad con justicia

¿Para lograr toda paz se debe admitir cierta injusticia?

Los procesos de paz tienen que ver con un sistema de concesiones que establece la sociedad. En Sudáfrica se creó una comisión de la verdad y, aunque muchos de los perpetradores quedaron libres, tuvieron que confrontar a las víctimas y reconocer lo que hicieron. La profundidad de la verdad era la única manera de parar la guerra. En Colombia también se hace énfasis en la verdad, con un poco más de justicia. Fíjese lo que es la vida: al perder el plebiscito, ganó Uribe con Duque, pero hasta ahora no han podido imponer las premisas uribistas de cárcel para los guerrilleros. Lo van a intentar pero también han perdido asientos en el Congreso, gracias a una explosión de nuevos liderazgos del centro izquierda. Así que no le será fácil porque hay algo que hoy está claro para los colombianos: sí hay una diferencia grande entre el país con las FARC y el país sin las FARC. Las cifras de homicidios son las más bajas en 42 años. Se ha salvado a miles de personas.

¿Cómo se imagina Colombia dentro de una década?

Hay cosas que no se van a devolver, como la justicia transicional y las FARC haciendo política, lo que demuestra la madurez de la democracia colombiana. Las FARC fracasaron en las elecciones, con sólo 86.000 votos, pero sí llegaron exguerrilleros a los escaños, lo que abrió el sistema político. Pero soy pesimista en el tema de las reformas necesarias para que la paz no engendre otra guerra. Reformas que nos saquen de la inequidad y sintonicen a las ciudades con sus regiones. Si no se hacen surgirán nuevos grupos con nexos con el narco e incrementarán la violencia. Espero que la elite no sea tan obtusa.

 

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