Trump golpea la tradición de asilo de EE UU

Una niña hondureña asiste a una conversación entre miembros de la patrulla fronteriza en un paso de Texas./REUTERS
Una niña hondureña asiste a una conversación entre miembros de la patrulla fronteriza en un paso de Texas. / REUTERS

Una orden ejecutiva suspende los derechos de los ilegales que entren por la frontera sur | La Casa Blanca advierte de que la caravana de centroamericanos que avanza hacia territorio estadounidense puede provocar una «crisis sin precedentes»

MERCEDES GALLEGOCorresponsal. Nueva York

El número de personas que cruza ilegalmente la frontera sur de Estados Unidos disminuye sin pausa desde hace dos décadas, según demuestra el informe de Seguridad Fronteriza que elaboró el año pasado el Servicios de Aduana e Inmigración. Sin embargo, el discurso del presidente, Donald Trump, y el uso mediático que hace de las imágenes de la caravana de migrantes hacen creer a muchos que el país vive «una crisis de seguridad sin precedentes», dijo el Departamento de Seguridad Nacional en un comunicado. Y para una «crisis sin precedentes», medidas sin precedentes que acaban con la tradición de asilo de EE UU.

Antes de marcharse a París el presidente firmó una orden ejecutiva que suspende los derechos de miles de los inmigrantes a pedir asilo al descalificar de antemano las solicitudes de asilo de todos aquellos que hayan cruzado o crucen el Río Bravo por un punto ciego. Con ello se acaba de un plumazo con cuatro décadas de políticas expresamente contempladas por el Congreso para estudiar las solicitudes de cualquier extranjero que tema por su vida y se encuentre «físicamente presente en EE UU», dice la Ley para el Refugiado de 1980. En ella se especificaba «tanto si llega o no por un puerto designado para la entrada».

LA CLAVE

1,1
millones de solicitudes de asilo menos han sido estudiadas por las autoridades migratorias estadounidenses este año con respecto al anterior. Pese a ello el Gobierno asegura estar superado.
Jurisprudencia.
Una ley de 1980 especifica que debe ser estudiada la petición de los inmigrantes que teman por su vida.

El contencioso que presenta la última directiva del presidente acabará, como tantas otras, en los tribunales, donde Trump ha colocado más jueces en los tribunales de apelaciones que ningún otro mandatario estadounidense en los primeros dos años. Además, ha nombrado a dos magistrados del Supremo que inclinan el balance hacia el lado conservador.

Puertos de entrada

En la primera directiva que firma Matthew Whitaker como secretario de Justicia en funciones, los departamentos de Justicia y Seguridad Nacional sostienen que «demasiadas peticiones de asilo sin mérito» suponen una carga en los recursos del Gobierno que le impide procesar «expeditamente» las peticio- nes de aquellos que «de verdad la merecen». En realidad, la decisión de forzar a todos los solicitantes a presentar su caso en un puerto de entrada colapsará aún más esos puestos fronterizos que en el último año procesan las solicitudes con una pasmosa lentitud y registran 1,1 millón menos que el año anterior.

La caravana que sirve como excusa para esta última vuelta de tuerca que da el presidente a las leyes de migración se encuentra aún en la Ciudad de México, a 5.500 kilómetros de Tijuana. Un buen número de los aproximadamente 5.000 integrantes que llegaron a la capital inició este viernes el peligroso trayecto hacia el norte que cruza tierra de narcos, mientras otros se quedaron en un estadio cercano al aeropuerto de a la espera de los prometidos autobuses que, una vez más, no aparecieron.

Si llegaran hasta la frontera la mitad de los que lograron descansar en la Ciudad de México apenas añadirían un par de miles de solicitudes a un sistema que ya tiene en lista de deportación a más de un millón de personas. O sea, una gota en un océano de necesitados atrapados por la burocracia y las leyes internacionales. La organización de ayuda a los inmigrantes Nexus ya demandó al presidente por enviar 5.200 efectivos militares a bloquear su entrada, que, según Trump, pueden ser hasta 15.000 -más que en Irak, Afganistán y Siria juntos-. Le seguirá la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés), que ha anunciado su intención de impedir que el presidente «reescriba» una ley que «es muy clara».

Los migrantes se dividen y una parte retoma el camino

La impaciencia pudo más en muchos de los 5.000 migrantes que abarrotan los albergues de Ciudad de México. Sin querer esperar a la reunión con el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, optaron por cumplir el acuerdo adoptado la madrugada anterior para dejar la capital azteca y, por sus propios medios, retomar el camino hacia Estados Unidos.

Algunos se dirigieron hasta las oficinas de Acnur, la agencia de los refugiados de la ONU, para «exigir» al menos 150 autobuses a fin de trasladar con seguridad a los migrantes, o al menos a mujeres y niños, hasta la frontera estadounidense, pero según los líderes de la marcha les negaron la ayuda. En cualquier caso, intentar coordinarse en una masa tan grande de gente favorece la división de opiniones y las decisiones no colegiadas.

Algunos creen que alargar la estancia en Ciudad de México tiene la intención de disuadirles de su objetivo y acusaron a otros grupos de querer dividir la caravana y «de dar un golpe de Estado» para no respetar el acuerdo de salir. Por esa razón, secundaron el grito de «vámonos, vámonos» -que se escuchó en la Ciudad Deportiva a las 5.30 de la mañana- unas mil personas, mayoritariamente hondureños que habían partido de San Pedro Sula el 12 de octubre. Casi todos eran hombres jóvenes pero también se observó a algunas familias.

Se dividieron en dos grupos. Uno entró ordenadamente en la estación de metro para salir hacia el Estado de México y de allí volver a la carretera para ir a Querétaro. Los primeros 300 centroamericanos llegaron caminando por el arcén del Periférico Norte donde algunos transportes públicos los llevaron de diez en diez gratuitamente hacia Cuautitlán Izcalli, una de las paradas por la ruta que quieren seguir: Guanajuato, San Luis Potosí y subir hasta Tijuana. El otro grupo se dirigió hasta la central de autobuses para intentar no caminar por la carretera. Y muchos más continúan esperando y descansando en la capital azteca.

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