Compromiso para usar renovables en 2050

Activistas contra la crisis climática bloquearon vías estratégicas de Washington durante toda la jornada de la cumbre del clima./AFP
Activistas contra la crisis climática bloquearon vías estratégicas de Washington durante toda la jornada de la cumbre del clima. / AFP

Los países reunidos en la Cumbre del Clima confirman su objetivo de eliminar en 30 años todas las emisiones contaminantes

MERCEDES GALLEGOCorresponsal. Nueva York

No hay tiempo que perder. La urgencia está en boca de todos. La imagen de la especie amenazada está hasta en las paradas de autobús: el ser humano. «La naturaleza está cabreada -advirtió el secretario general de la ONU, António Guterres-, y nos engañamos si creemos que la podemos engañar, porque está contraatacando con furia». Los datos son aplastantes. A nivel global, este ha sido el verano más cálido del hemisferio norte. Los últimos cinco años, los más calientes que se hayan registrado nunca. Y, no por casualidad, el dióxido de carbono emitido entre 2011 y 2015 fue un 20% superior al del quinquenio anterior.

«El momento de actuar es ahora, no mañana, ni la semana que viene», advirtió el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, durante la inauguración de la Semana del Clima que se abrió este lunes en Nueva York. Los que acudieron ya eran los alumnos aventajados de este club disfuncional que no logra ponerse de acuerdo para salvar el planeta. Guterres no ha querido invitar a los que no contribuyen con soluciones -destacaron por su ausencia EE UU y Brasil, pese a ser las grandes economías-. Solo los que pueden seguirle el paso en su ambiciosa meta de vetar al cien por cien las energías contaminantes para 2050 compartieron esta vez su mesa, entre ellos España y buena parte de la Unión Europea, que tampoco ha podido actuar por consenso.

EN SU CONTEXTO:

150€
millones de euros aportará España en los próximos cinco años al Fondo Verde para el Clima de Naciones Unidas, el principal mecanismo financiero para apoyar acciones de adaptación al cambio climático en los países en desarrollo.
El foco de Guterres.
En la apertura de la cumbre del clima, el secretario general de la ONU puso el foco en la necesidad de acabar con los subsidios a los combustibles fósiles. «Es hora de mover los impuestos de los salarios al carbono y de gravar la contaminación, no a la gente», dijo António Guterres.
136
millones de euros durante diez años entregará Noruega a Gabón para proteger sus bosques tropicales que absorben carbono.
Peligrosa temperatura.
Un aumento de la temperatura en 2 grados en los próximos cinco años bastaría para aniquilar el 99% de los arrecifes de coral. «Estamos en camino de alcanzar al menos 1,2-1,3 grados más», subrayó el responsable científico de la Organización Mundial de Meteorología, Omar Badour.
21%
del recorte anual de emisiones de CO2 podría lograrse con un transporte marítimo de personas y mercancías sostenible.
El Papa pide «valor».
La crisis climática plantea «un desafío de civilización» a los líderes del mundo, que deben afrontar como una ventana de oportunidad todavía abierta, dijo el Papa en el vídeo enviado a la cumbre del clima. Francisco reclamó «responsabilidad y valor» para encarar «uno de los más serios y preocupantes fenómenos de nuestro tiempo».

Alemania y Finlandia se proponen hacerlo en una década. España, para 2030, solo aspira a reducir sus emisiones un 20% en comparación a los niveles de 1990, lo que ya implica «un esfuerzo significativo», recalcó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Sobre el escenario de la Asamblea General de la ONU anunció este lunes una contribución al Fondo Verde europeo de 150 millones de euros en los próximos cinco años (el objetivo global de 10.000 millones va ya por 7.000, según calculó Emmanuel Macron), además de otros dos millones de euros al Fondo de Adaptación, en el marco de la Convención del Clima, y el compromiso a ratificar la enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal. La hoja de ruta, sin embargo, es el Acuerdo de París, donde el mundo se propuso que las temperaturas no aumentaran este siglo más de dos grados con respecto a la era preindustrial. Solo con llegar a 2030 con más 1,5 grados más de temperatura provocaría consecuencias nefastas. Por eso el mundo se resiste a dar esos acuerdos por muertos, aunque el Gobierno de Donald Trump les haya asestado una puñalada certera al desvincularse de ellos.

El coste y la solución

Trump era el elefante en la sala, ausente hasta que decidió espontáneamente entrar para aplaudir a su amigo el primer ministro indio Narendra Modi, que juega a dos barajas en la aldea global. India y China son los dos países que más sufrirán la polución ambiental, pero Modi pide que la inversión vaya también a educación y apuesta por la conservación de recursos preciados como el agua. Al menos durante diez minutos tuvo la oreja del gigante estadounidense que niega las evidencias científicas y se niega a unirse a esta alianza global para salvar al mundo.

LA CLAVE

Ausente de la jornada.
Donald Trump irrumpió en la sala para escuchar a su amigo Narendra Modi, primer ministro indio

Mientras, «los mares suben, los océanos son cada vez más ácidos, las sequías convierten los bosques en carne de cañón para incendios, los desiertos avanzan y las tormentas son cada vez más intensas», recordó Guterres, para quien no conecte las noticias. Trump no lo oyó, ya había hablado cuando entró en la sala, como la adolescente sueca Greta Thunberg. Hay un coste en reconocer el cambio climático para poder atajarlo, supone poner freno a la ambición y al capitalismo salvaje, «pero el mayor coste es no hacer nada», insistió el secretario general de la ONU.

Hoy el mandatario del ceño fruncido que este lunes no dispuso de micrófono tendrá su oportunidad de hablar, pero sin duda la utilizará más para amenazar a sus enemigos, convencido de que sólo le respetarán si le temen. Los demás confían en ganarle con el ejemplo, en dejarle solo y en que acabe apreciando los platos biodegradables que ha impuesto la ONU de cara a esta puesta de largo, tras muchos años de esquizofrenia en los que ha sido incapaz de aplicar su propio discurso.

Iberdrola se pone como ejemplo de que la economía verde funciona

En la conversación sobre el cambio climático no podía faltar la voz de Iberdrola, la empresa española que mejor ha sabido llevar a cabo la transformación desde las energías contaminantes a las renovables -en solo dos décadas- hasta convertirse en líder mundial. Así de rotundo. Los 30.000 megawatios que genera proporcionan electricidad a más de cien millones de personas en todo el planeta.

Su presidente, Ignacio Galán, aprovechó los dos minutos -literalmente- que le concedió la ONU en el hemiciclo de la Asamblea General para ponerse como ejemplo de que la economía verde funciona. «Hemos demostrado que genera más riqueza, más y mejores empleos, transforma la industria local de áreas deprimidas y proporciona energía a un precio muy competitivo», resumió.

Era, también, su mejor oportunidad para reclamar un cambio administrativo para superar una situación que grava las inversiones de la empresa con una dosis inaceptable de burocracia. «Hoy construimos un parque solar o eólico en 12 meses, pero el procedimiento administrativo puede llevar cuatro o cinco años antes de comenzar la construcción», reclamó. «Es hora de acelerar la ejecución de los planes para reducir emisiones. El tiempo para actuar es YA», apremió.

Una apuesta con frutos

La inversión de más de 100.000 millones de dólares (90.900 millones de euros) que esta empresa centenaria ha destiado a renovables desde que decidió abandonar otras fuentes contaminantes, como el carbón o la energía nuclear, rinde sus frutos. Con la urgencia del cambio climático, Iberdrola espera duplicar su producción para el año 2030.

Así es como la «obligación moral» de dejar un planeta mejor y un medio ambiente más saludable a las generaciones futuras es, también, una fuente de oportunidades para los accionistas de esta multinacional con sede en Bilbao. Los inversores pueden apreciar los frutos en tiempo real a través de su cotización bursátil. El de la especie humana en el planeta es más difícil de anticipar y, probablemente, generaría menos entusiasmo.