«Detengamos el discurso del odio que siembra miedo al islam»

Un hombre entra en una mezquita en Canadá animado por un 'anillo de paz'. /Reuters
Un hombre entra en una mezquita en Canadá animado por un 'anillo de paz'. / Reuters

Al cumplirse una semana del ataque terrorista, el imán de una de las mezquitas tiroteadas agradece la solidaridad de los neozelandeses

PABLO M. DÍEZEnviado especial a Christchurch (Nueva Zelanda)

Ziyaad Shah sufrió tres heridas de bala en el tiroteo contra la mezquita de Al-Noor, en la ciudad neozelandesa de Christchurch. Hoy hizo una semana. En silla de ruedas, y con las cicatrices aún quemándole en la pierna derecha y las nalgas, no quiso perderse el rezo del viernes ante el tiroteado centro de culto, celebrado al aire libre justo enfrente, en el parque de Hagley. Además de ser el día de oración más importante para la religión musulmana, la ceremonia se convirtió en un multitudinario homenaje al centenar de fallecidos y heridos en la masacre perpetrada por un australiano obsesionado hasta el odio asesino con los inmigrantes islámicos, como el propio Ziyaad Shah, quien vino de Sudáfrica hace ya doce años.

«Hermanos y hermanas del islam. Hermanos y hermanas de Nueva Zelanda. La islamofobia mata», advirtió ante la multitud el imán de la mezquita de Al-Noor, Gamal Fouda, que sobrevivió al atentado. Tras guardar dos minutos de un silencio sepulcral, solo roto por el helicóptero de la Policía que sobrevolaba el parque, Fouda pronunció un discurso en el que agradeció la respuesta de la sociedad neozelandesa, pero también alertó contra la creciente aversión a los musulmanes.

«La islamofobia no nace de repente. El asesinato de 50 inocentes y las heridas que sufrieron 42 se deben a la retórica antimusulmana de algunos políticos y medios de comunicación. Pero el terrorismo no tiene raza, color ni religión. El supremacismo blanco y la extrema derecha son una amenaza para toda la humanidad y deben acabar ahora. Hay que detener los discursos del odio, en Nueva Zelanda y los países de alrededor, que siembran el miedo al islam», animó el imán ante los miles de congregados en el parque de Hagley. Además de los heridos, en primera fila, y los fieles que asistían al rezo, acudieron vecinos de Christchurch para mostrar su solidaridad con las víctimas y su rechazo al atentado. Por respeto a la religión musulmana, la mayoría de las mujeres se cubrían la cabeza con un pañuelo, un gesto que el imán agradeció.

La lección de Ardern

«Gracias por vuestras lágrimas, gracias por vuestras hakas (bailes maoríes), por vuestro amor y compasión y gracias a nuestra primera ministra», dijo Fouda saludando la presencia de Jacinda Ardern, que ha estado al frente de la crisis desde el primer momento. Abrazando a los familiares de las víctimas y prohibiendo de inmediato las armas militares como la empleada en el tiroteo, su gestión ha supuesto una lección para políticos de todo el planeta. «Gracias, Nueva Zelanda, por enseñar al mundo lo que es amar y cuidar a alguien», añadió el imán para alabar la reacción de este pequeño país, cuya tranquilidad estalló en mil pedazos hace una semana.

«Este terrorista quería romper nuestra nación con una ideología malvada. Pero le hemos demostrado que Nueva Zelanda no se puede romper», animó Gouda entre los aplausos de los asistentes. La semana pasada vi «odio y rabia en los ojos del asesino y hoy veo amor y compasión». Un ejemplo de unidad que ensalzó porque, según dijo, «tenemos el corazón roto pero no estamos rotos. Estamos vivos, juntos y decididos a no dejar que nadie nos derrote», arengó mientras sus fieles gritaban tímidamente «Alá Akhbar» (Alá es el más grande) y el resto aplaudía.

Más información