EE UU corta el turismo a Cuba por apoyar a Maduro

Turistas estadounidenses en Cuba. /Reuters
Turistas estadounidenses en Cuba. / Reuters

Los viajes por barco quedan prohibidos de forma inmediata y se acaba con los intercambios culturales y educativos

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

La foto del Adonia atracando en el puerto de La Habana ya es historia. Atrás quedan los entusiasmados cubanos que esperaban a los turistas americanos en sus descapotables de época pintados de colores para ganarse unos dólares. La administración de Donald Trump ha cortado en seco el tráfico de cruceros en el estrecho de Florida que autorizó el gobierno de Barack Obama, después de medio siglo de dique seco.

Desde ese día de mayo de 2016 en que el primer barco de Carnival estrenó el puerto de La Habana, previo compromiso del gobierno cubano a permitir la entrada y salida de sus nacionales por mar, los cruceros desde Miami han sido blanco del ala más dura del exilio. Les acusaban de explotar a los cubanos y alimentar al régimen. Si bien Trump está encantado de complacer a ese fiel grupo de votantes que agita la llave de la Casa Blanca, no son sus protestas en los muelles las que han conseguido que apriete las tuercas a Cuba, sino el apoyo de la isla al gobierno venezolano de Nicolás Maduro, al que se la tiene jurada.

El anuncio de cinco párrafos del Departamento de Estado de EE UU dedica dos, los más largos, a culpar al régimen cubano de la supervivencia de Maduro que, «empoderado por Cuba, ha creado un desastre humanitario que desestabiliza la región». El «papel directo» de Cuba en la «desestabilización del hemisferio» será castigado con nuevas sanciones si continúa apoyando a los enemigos de Washington.

El consejero de Seguridad Nacional John Bolton ya lo había advertido en el discurso que dio en abril pasado en Miami durante el aniversario de la invasión de Bahía de Cochinos, pero la materialización de la amenaza se había hecho esperar. Este martes llegó de golpe, sin aviso alguno y con efecto inmediato. Tan solo los pasajeros que ya hubieran pagado por sus viajes tendrán derecho a completarlos.

No se trata sólo de los que viajen por mar, sino también de todos aquellos que se acojan a la categoría de intercambio cultural y educativo creada por Obama para dar coartada al «turismo velado» que Bolton puso en la diana. Solo los que tengan a algún familiar que visitar en la isla podrán programar nuevos viajes familiares a Cuba, que durante el gobierno de George W. Bush estuvieron restringido a tres visitas al año.

Acaba así un floreciente negocio que el año pasado llevó a 600.000 estadounidenses hasta la isla, donde se agilizaba la construcción de nuevos hoteles para dar acogida a los estándares del turismo estadounidense. Eso, además del medio millón de cubanoamericanos que alegaron razones familiares.

En la cuneta quedan las aerolíneas que desplegaron sus flotas para cubrir el nuevo corredor turístico y las compañías de cruceros, que ayer se hundieron en la Bolsa. Norwegian Cruise Line Holdings caía más de un 5% y Royal Caribbean un 3%. Paradójicamente, ninguna de ellas respondía las llamadas de los periodistas hasta el cierre de esta edición, tal vez intimidadas por la posible reacción del gobierno de Trump, que «toma nota» del comportamiento ajeno y no duda en adoptar represalias.

Quedan sin alterar los viajes de periodistas y académicos, que por ahora se han librado de la quema. Quienes creían en introducir el capitalismo en la isla como un caballo de Troya que acabase convirtiendo al régimen, lamentaron ayer que las nuevas medidas acaben con el flujo del turismo estadounidense, «los mejores embajadores de los valores americanos», dijo ayer en un comunicado Cuba Study Group. «Los verdaderos afectados serán de forma desproporcionada el pueblo cubano», advirtió este ala progresista del exilio.

Con las nuevas presiones, Cuba sabe ahora que su mejor manera de sobrevivir es lograr una salida negociada para Venezuela y dejar caer a Maduro, en cuyo fin ha invertido ya demasiado el gobierno de Trump.