El asesor de Trump discutió perdonar la deuda Externa a Ecuador a cambio de Assange

Paul Manafort. /AFP
Paul Manafort. / AFP

El portavoz Jason Maloni no ha negado la acusación del New York Times

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

Tras ganar las elecciones, los lobistas que rodeaban a Donald Trump se prepararon para vender influencias con el nuevo presidente. Su abogado personal Michael Cohen cobró 600.000 dólares de AT&T para obtener la aprobación de su fusión con Time Warner, como confirmó esa empresa en mayo cuando se hizo público. A Trump le pareció normal, Cohen todavía le era fiel. ¿Por qué no iba a intentarlo Paul Manafort, otro lobista profesional sin registrar?

El expresidente de la campaña de Trump tenía gustos caros, que financiaba con conexiones internacionales. Cuando las deudas empezaron a asfixiarle apuntó a Ecuador, que exploraba posibilidades de inversión china, pero las conversaciones pronto derivaron hacia Julian Assange, según tres fuentes citadas este martes por The New York Times. El presidente entrante, Lenín Moreno, quería librarse del fundador de Wikileaks parapetado en la embajada ecuatoriana de Londres desde hace seis años, y de camino hacer negocio con él. Según el rotativo, en mayo del año pasado discutió con Manafort que EE UU le perdonase a Ecuador al menos parte de la deuda externa a cambio de entregarle al hombre que le tiene declarada la guerra cibernética y bombardea con filtraciones.

Por desgracia para Manafort y por suerte para Assange, a los dos días el exdirector del FBI Robert Mueller fue nombrado fiscal especial para investigar la influencia de Rusia en las elecciones estadounidenses. Pronto quedó claro que el expresidente de la campaña de Trump, consultor durante casi una década del expresidente ucraniano Viktor Yanukovych y su partido pro ruso, estaba en la mira. En ese contexto, Manafort era tóxico y nadie querría tratos con él.

El acuerdo con Ecuador nunca llegó a sellarse y nadie tiene la menor evidencia de que Trump tuviese conocimiento de esas conversaciones. Su ex colaborador daba vueltas por el mundo en busca de clientes a los que vender su influencia para pagar las facturas de hasta cien mil dólares que dejaba en tiendas de ropa y los costos de abogados. Desde Puerto Rico hasta el Kurdistán, pasando por Hong Kong, Emiratos Árabes Unidos y, por supuesto Ecuador, donde ofreció «una gran inyección de inversión» procedente de un fondo asociado al Banco estatal de Desarrollo Chino.

Al principio, sólo prometía luz verde de EE UU para la inversión eléctrica, porque a esas alturas Assange ni siquiera había sido acusado de ningún crimen en EE UU. Extraditarlo expeditamente hubiera requerido de un proceso más lento del que buscaba. De hecho, su portavoz Jason Maloni no ha negado la acusación del New York Times. Tan solo ha replicado que fue idea del presidente ecuatoriano y que él «no hizo promesa alguna, sólo escuchó». Manafort está en la cárcel, incomunicado tras haber interferido con testigos y mentir repetidamente al fiscal, después de haber sido encontrado culpable de ocho cargos y aceptado una decena más por los que espera sentencia.

 

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