Trump juega con México hasta el final

Migrantes tratan de cruzar el río Suchiate en barca hasta Chiapas./AFP
Migrantes tratan de cruzar el río Suchiate en barca hasta Chiapas. / AFP

A la desesperada, el Gobierno mexicano detiene a activistas y migrantes para probar su colaboración

MERCEDES GALLEGOCorresponsal. Nueva York

Los «aranceles migratorios» del 5% con los que Donald Trump ha amenazado a México parecían ayer un imparable misil en línea directa de colisión con la economía mexicana, pero la primera víctima no fue el peso, sino Irineo Mujica.

El activista de 48 años que se declara «migrante de nacimiento» fue detenido en Sonoyta (Sonora) por tres policías de paisano poco después de que el secretario de Asuntos Exteriores mexicano, Marcelo Ebrard, se reuniera con el vicepresidente, Mike Pence. Hacía mucho que Estados Unidos le seguía los pasos a él y a otros dirigentes de la organización Pueblos Sin Fronteras, que asiste a las caravanas de migrantes en sus travesías. Los medios estadounidenses se habían hecho eco del espionaje al que se sometía a la organización y el acoso que sufrían tanto sus activistas como los periodistas que les acompañan al cruzar la frontera de vuelta a EE UU.

Mujica, «capaz de quitarse su propia camisa para dársela a un hermano migrante», aprendió a curarles las ampollas de los pies con Médicos Sin Fronteras y llevaba al menos un década dedicado a ayudar a cuantos podía. Él mismo ha cruzado el río Bravo o saltado la valla en innumerables ocasiones. A estas alturas tiene doble nacionalidad, pero había elegido quedarse a vivir en el lado mexicano, convencido de que hay más trabajo en las plantas manufactureras de Tijuana que al otro lado de la frontera.

LA CLAVE:

Una estrategia de presión.
Los aranceles podrían entrar en vigor solo unos días para aumentar la baza negociadora con México

México intenta persuadir a toda costa al inestable presidente de EE UU de que le ahorre el sufrimiento de hundir sus exportaciones, destinadas en un 80% a su vecino del norte. En pocos días el Gobierno mexicano ha aceptado destacar a 6.000 efectivos en la frontera de Guatemala, ha incautado las cuentas bancarias de quienes cree responsables del tráfico de migrantes centroamericanos en seis ciudades mexicanas, ha aceptado que los solicitantes de asilo político en EE UU esperen la decisión en México y ayer parecía dispuesto a aceptar también lo que, a priori, Ebrard había considerado innegociable: un acuerdo que obligue a los migrantes a solicitar el asilo en el primer país al que crucen y, por tanto, permita a EE UU deportar a México a todos los guatemaltecos; y a este, deportar a Guatemala a todos los salvadoreños y hondureños que intercepte.

500 personas detenidas

Como señal de buena voluntad, el Gobierno mexicano detuvo a Irineo Mujica y después, cerca de Ciudad de México, a Cristóbal Sánchez, otro destacado activista de Pueblo Sin Fronteras. Además, las autoridades migratorias se encargaron de disolver una caravana de 500 personas «que huyen del hambre y la violencia», en la que había «familias enteras» que fueron detenidas, según denunció la organización.

Satisfecho con las concesiones, Trump dio indicios de que hay «buenas posibilidades» de alcanzar un acuerdo que evite el lunes la entrada en vigor del 5% de impuestos arancelarios sobre todos los productos mexicanos que prometió con un tuit, pero no por ello bajó la presión. Su portavoz Sarah Huckabee insistió en que la Casa Blanca sigue con el plan hasta que se firme un acuerdo, para desesperación de importadores y exportadores a ambos lados de la frontera.

Si algo ha logrado la delegación mexicana en esta semana de negociaciones en Washington es el apoyo de empresarios y legisladores estadounidenses, que se preparan para la pesadilla económica y logística que supondría la entrada en vigor de esos impuestos. Fuentes de la Casa Blanca creen que el presidente podría ponerlos en marcha aunque fuera solo durante unos pocos días para demostrar que no era un farol y aumentar así su baza negociadora con México y otros países. Para eso se esperaba que firmase la orden ejecutiva nada más aterrizar en Washington, aunque tendría todo el fin de semana para revocarla.