Sólo la justicia puede parar al 'rey Bibi'

Benjamin Netanyahu. /THOMAS COEX (AFP)
Benjamin Netanyahu. / THOMAS COEX (AFP)

Netanyahu trabaja ya para formar un gobierno con grupos ultras a la espera de que el fiscal decida su imputación por tres casos de corrupción

MIKEL AYESTARANCorresponsal en Jerusalén (Israel)

Después de un recuento de votos de infarto, Benyamin Netanyahu trabaja en la confección del nuevo gobierno, que no diferirá demasiado del anterior, calificado como «el más ultra de la historia de Israel» tras las elecciones de 2015. Con más del 97% de los votos escrutados, el Likud es la fuerza más votada y consigue 35 escaños, cinco más que en los anteriores comicios. Azul y Blanco, la alianza opositora liderada por el exjefe del Ejército, Beni Gantz, obtiene los mismos asientos, pero carece de los apoyos suficientes en la Cámara para sumar los 61 diputados necesarios para formar ejecutivo.

Los israelíes perdonaron a base de votos los escándalos de corrupción que llevarán a Netanyahu ante el fiscal general dentro de unos meses y Donald Trump, que en breve debería presentar su anunciado plan de paz, no tardó en felicitar a su «aliado formidable» por alcanzar su quinto mandato. El presidente estadounidense adelantó que «todo el mundo dijo que no puede haber paz en Oriente Próximo entre Israel y los palestinos. Pienso que tenemos una oportunidad y pienso que ahora tenemos una mejor oportunidad». Un mensaje complicado de interpretar tras conocer la última promesa electoral de Netanyahu, la de anexionarse Cisjordania.

«El objetivo del primer ministro es establecer una coalición que parece factible, estable y natural», declaró el presidente del Parlamento y miembro del Likud, Yuli Edelstein, a la Radio del Ejército al tiempo que descartó un ejecutivo de unidad nacional con Azul y Blanco. Las elecciones dejan a un primer ministro reforzado que volverá a contar con los dos partidos religiosos, Shas y Judaísmo Unido por la Torá, que suman 16 escaños y, junto al Likud, son los únicos que mejoran sus resultados respecto a 2015.

En el denominado 'bloque de derechas' estarán también Kulanu, una fuerza de centro que aportará 4 diputados; la recién creada Unión de Partidos de Derecha, con otros 5 asientos y que ya ha anunciado que pedirá los ministerios de Educación y Justicia; y los colonos de Israel Nuestro Hogar, del ex ministro de Defensa Avigdor Lieberman, que de momento no ha comprometido su apoyo a Netanyahu pero sí se lo ha negado a Gantz. El político moldavo baja de seis a cinco escaños. Este gran bloque sumaría al menos 65 diputados con los que Netanyahu podrá seguir en el puesto y superar como primer ministro con más tiempo en el cargo a David Ben Gurión.

Decepción de Ganz

La actividad frenética en el Likud contrastaba con las caras largas en Azul y Blanco. Gantz compareció con aspecto cansado ante las cámaras de televisión ante su domicilio. «Estamos esperando hasta que lleguen los resultados finales. Hay mucho trabajo por hacer», dijo. El exjefe del Ejército quiso mantener la moral alta entre sus compañeros de partido y votantes y aseguró que «no evitaremos nuestro deber público de representar a más de un millón de ciudadanos. Podemos ser capaces de desarrollar caminos políticos de acción de un tipo u otro». Un mensaje que no podía ocultar la decepción por no haber sido capaz de derrotar a un adversario acorralado por las acusaciones de «soborno, fraude y abuso de confianza» que le pueden llevar a ser imputado.

El extraordinario resultado de esta alianza, nacida hace apenas dos meses y en la que hay tres jefes del Ejército y un mediático presentador televisivo que fue una de las revelaciones de las anteriores elecciones, Yair Lapid, no es suficiente para consumar el cambio porque un partido como el laborista, con el que podría unirse en la Cámara, se hundió en las urnas y pasa de 24 escaños a seis.

En su editorial, el diario 'Haaretz', crítico con el primer ministro, apuntó a que «la consecuencia más clara de estos comicios es que, pese al hundimiento del laborismo, Azul y Blanco se erigió en alternativa válida al Likud. Este partido comenzó a funcionar hace solo unas semanas y logró alcanzar el nivel de voto del partido en el Gobierno», lo que significaría que «muchos israelíes mostraron su hartazgo» con el primer ministro. Un modo de ver la botella medio llena que de forma inmediata no tiene consecuencias porque, si la justicia no se lo impide, Netanyahu, a quien sus seguidores felicitaron al grito de «¡Bibi, rey de Israel», 'reinará' otros cuatro años.