El Papa evitó los besos en el anillo «por higiene»

La religiosa Maria Concetta Esu, de 85 años, saluda al papa Francisco. / Foto: EFE / Vídeo: ATLAS

El portavoz vaticano explica que Francisco apartó la mano ante los fieles en su visita al santuario de Loreto porque no quería transmitir enfermedades

DARIO MENORRoma

«El Papa estaba preocupado por la higiene». El portavoz interino vaticano, Alessandro Gisotti, explicó hoy el motivo que llevó a Francisco a apartar la mano mientras los fieles trataban de besar su anillo durante su visita el pasado lunes al santuario mariano de Loreto, situado cerca de la ciudad italiana de Ancona.

Al principio de una rueda de prensa sobre el viaje que el Pontífice realizará a Marruecos el sábado y el domingo, Gisotti contó que esta mañana había hablado con Jorge Mario Bergoglio y que éste le aseguró que «le encanta abrazar y que le abracen», pero le preocupaba poder convertirse en un transmisor de enfermedades entre los católicos que esperaban para saludarle en Loreto.

«El motivo es muy sencillo: higiene. Cuando hay una larga fila de fieles, y en Loreto era interminable, quiere que se evite el riesgo de transmisión (de gérmenes) a la gente. No era por él, era por la gente. Imaginad cuánta gente le besa la mano», explicó el portavoz interino de la Santa Sede a los periodistas.

Las imágenes en que se ve al Papa apartando rápidamente la mano ante sorpresa de algunos fieles que esperaban el besamanos se convirtieron en virales en las redes sociales y generaron gran sorpresa. Pese al enorme impacto mediático que lograron, no es la primera vez que Francisco evita que le besen el anillo o le hagan una genuflexión. Más de un jefe de Estado o de Gobierno se ha quedado a medio camino de completar uno de estos gestos.

En otras muchas ocasiones, en cambio, sí que los permite, especialmente cuando son grupos pequeños o se trata de encuentros emotivos. Una de las últimas ocasiones que se dio en público esta situación fue el pasado miércoles durante la audiencia general celebrada en la Plaza de San Pedro, cuando al final de su alocución presentó a los fieles a Sor Maria Concetta Esu, una religiosa de 85 años que lleva décadas como misionera en África, donde ha ayudado a nacer a unos 3.000 niños. Francisco aceptó gentilmente que la anciana monja le diera un pequeño beso en su anillo. Él mismo también le dio un par de besos en las mejillas a Esu.