Grecia ultima su enésimo cambio político

Un puesto electoral de Syriza, con Alexis Tsipras como protagonista, instalado en una plaza de Atenas. /REUTERS
Un puesto electoral de Syriza, con Alexis Tsipras como protagonista, instalado en una plaza de Atenas. / REUTERS

El conservador Kiriakos Mitsotakis es el gran favorito de las elecciones, en las que los helenos pasarán la factura a Tsipras por sus contradicciones

DARÍO MENOREnviado especial. Atenas

Alexis Tsipras va a empezar este domingo a cumplir penitencia por haberse convertido en un político más de la atribulada historia contemporánea de Grecia. El líder de la coalición izquierdista Syriza llegó al poder en 2015 aupado por el brutal descontento social provocado por la crisis y con dos grandes promesas: poner fin a las medidas de austeridad y renegociar la gigantesca deuda pública. El joven y carismático Alexis, como le siguen llamando muchos por las calles del país, encarnó la luz de la esperanza en un momento de máxima oscuridad nacional.

Cuatro años después no queda nada de aquel brillo. Se ha convertido en uno más de los dirigentes griegos que hacen lo contrario que prometieron decepcionando a sus votantes, que van a pasarle la factura en las elecciones legislativas de este domingo Se celebran con tres meses de adelanto porque en los comicios europeos de mayo, Syriza se pegó un batacazo al quedar nueve puntos por debajo del partido de centro derecha Nueva Democracia, cuyo líder, Kyriakos Mitsotakis, tiene al alcance de la mano conseguir la mayoría absoluta, según vaticinan las encuestas.

LA CLAVE

La tendencia.
En todos los comicios desde 1974 el partido gobernante ha perdido el poder

Es la única incógnita con la que los griegos acuden a las urnas en una cita poco pasional y que, para los más optimistas, podría marcar el inicio del fin de la larga crisis que ha asolado el país. «Yo voté a Tsipras y confié que cumpliera con lo que se decidió en el referéndum de 2015, cuando los griegos rechazamos las condiciones del rescate que nos imponía la 'troika'», dice Mikhalis Puyas, de 50 años y propietario de un restaurante de Atenas, refiriéndose a los recortes pedidos por la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo.

«Al final acabó tragando con sus condiciones, como los que gobernaron antes que él. Las cosas importantes se deciden mucho más arriba». Mikhalis quiere creerse las promesas de Mitsotakis de que va a reactivar la economía bajando los impuestos y atrayendo inversiones. «Se va a encontrar el país mejor de como estaba cuando llegó Tsipras. Esperemos que nos ayude a los empresarios. Yo en estos años he tenido que despedir a tres de los cinco camareros que tenía. Y sólo he evitado el cierre gracias a que tenía dinero ahorrado», confiesa antes de marcharse a atender una mesa.

«Tsipras va a perder no sólo porque incumplió lo prometido, sino también porque en ningún momento ha pedido perdón por ello», explica el analista de política europea Yannis Koutsomitis. «No consiguió acabar con la inequidad, impuso tasas humillantes a las personas de clase media con las que no les queda dinero a final de mes y su partido se comportó con el mismo nepotismo y clientelismo que tanto había criticado en otras formaciones».

Mejora el empleo y el PIB

Copiar los vicios habituales del sistema político griego y comulgar con la 'troika' son los grandes pecados de Tsipras, que tapan los logros de sus cuatro años en el Gobierno. El PIB lleva dos años creciendo, el paro se ha reducido al 18% (40% para los jóvenes ) desde el 27% de los peores momentos de la crisis y el país concluyó en agosto de 2018 el programa de ajuste económico a cambio del tercer rescate. El balance de esta década negra, no obstante, sigue siendo catastrófico: pérdida de un 25% del PIB, emigración de más de 500.000 personas en un país que tiene este domingo menos de 11 millones de habitantes y una deuda pública que supera el 180% del PIB y nadie sabe cómo podrá pagarse.

Las elecciones brindan a los griegos la posibilidad de dar nuevamente un volantazo político y seguir así con la tendencia habitual desde que el país recuperó la democracia en 1974 tras el fin de la Dictadura de los Coroneles. En todas las elecciones celebradas desde entonces el partido que gobernaba perdió los comicios. Los ciudadanos parecen ahora dispuestos a darle una oportunidad a Mitsotakis olvidando que su partido, Nueva Democracia, es junto a los socialistas del extinto Pasok responsable de la crisis de esta última década. También harán la vista gorda al hecho de que pertenezca a uno de los grandes clanes políticos del país, pues su padre fue jefe de Gobierno, su hermana ministra y su joven sobrino es alcalde de Atenas.

Mitsotakis encarna el cambio por encima de cualquier otra consideración. Como escribía en el diario 'Kathimerini' Maria Katsounaki, «a la gente ya no le importan las marcas 'izquierda' o 'derecha'. Quiere mirar hacia adelante y dejar detrás los esqueletos y los miedos». Queda por ver su capacidad para convencer a los hastiados por los males de la política griega, que podrían disparar la abstención. «Yo no pienso votar. Cambian los primeros ministros pero todos por igual acaban fastidiándonos», comentaba resignado el veinteañero Dimitris mientas daba un paseo por la céntrica plaza Omonia de Atenas.

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