Rivera, en el ojo del huracán

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. / Efe

El liberal se enroca en su negativa a investir a Sánchez mientras crecen las presiones para que facilite un Gobierno sin Podemos ni Esquerra

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSOMadrid

Las expectativas volvían a estar por las nubes, pero se tornaron en decepción. El 26 de mayo Ciudadanos logró consolidarse como tercera fuerza pero el sabor que dejó la jornada electoral fue más amargo de lo previsto. Ni hubo 'sorpasso' al PP ni ninguna región ni ayuntamiento importante se tiñó de naranja. En apenas un mes, los liberales se dejaron por el camino más de dos millones de votos aunque lograron adquirir músculo territorial –partían de cero– para un proceso de construcción del partido que está lejos de acabar y que tiene agujeros negros como Galicia o el País Vasco.

Sin ninguna comunidad bajo sus siglas, Ciudadanos se quedó con la llave para determinar el Gobierno en Aragón, Castilla y León, Madrid y Murcia. Podía elegir entre negociar con el PSOE, y darle un poder casi absoluto a Pedro Sánchez con el Gobierno central y los Ejecutivos de trece de las 17 comunidades, o con el PP, y tratar de reequilibrar el mapa territorial. Albert Rivera eligió aliarse con los populares y con una inevitable aproximación a Vox. Desde entonces, está en el ojo del huracán.

Su política de pactos ha ayudado a apuntalar al partido de Pablo Casado pese al retroceso ostensible que ha sufrido en los comicios. Los populares han logrado recuperar algunas plazas como Madrid y Zaragoza, conservar casi todas sus capitales de provincia y retener los Gobiernos de Madrid, Castilla y León y Murcia. Todo sin apenas cesiones en favor de Rivera, que se queda con poco más que las diputaciones que le han caído del bombo, después de que en 2016 pusiera negro sobre blanco en su pacto de Gobierno con Pedro Sánchez la supresión de estos organismos, y un escaso puñado de alcaldías entre las que apenas sobresale Granada, Melilla o Palencia.

Ciudadanos contaba también con Burgos y Huesca, pero PP y Vox escenificaron una ruptura de la disciplina de partido y los gobiernos municipales se han quedado finalmente fuera del cesto de los naranjas. «Hemos conseguido entrar a gobernar en la mayoría de capitales importantes», argumentan en la dirección de Ciudadanos, que se dan por satisfechos con los resultados al considerar que ese rodaje les servirá para «adquirir experiencia de gestión» con el fin de asaltar en un futuro la Moncloa.

Algunos de sus socios europeos ven muy preocupante esta estrategia de pactos. Emmanuel Macron, uno de los espejos en los que suele mirarse Rivera pero con el que nunca se ha visto, está dispuesto incluso a replantearse la «cooperación política» con la formación naranja si pacta algún tipo de «plataforma común» con la extrema derecha. Pero los liberales insisten en afirmar que su relación con Francia es excelente y que, en cualquier caso, no se han producido acuerdos de gobierno con Vox. «Macron apoya nuestros pactos. Nos han felicitado tanto por el pacto en Andalucía como por los acuerdos que estamos consiguiendo», llegó a asegurar Rivera este jueves en Bruselas. Apenas unas horas después, fuentes del Ejecutivo galo desmentían sus palabras. Tras la bofetada, Ciudadanos matizó que su líder se refería al partido de Macron y no a él como presidente de la República.

Presiones

Los pactos indirectos con Vox y el acercamiento al PP está reventando las costuras de Ciudadanos. En las últimas semanas varios dirigentes, incluso cofundadores del partido, han mostrado su disconformidad con las decisiones de Rivera y la ejecutiva naranja reforzando así las presiones que está recibiendo desde diferentes ámbitos y latitudes para que marque distancias con los de Abascal y facilite la investidura de Pedro Sánchez. «No entré en política ni traje mi compromiso a España como hombre de izquierda y progresista para acabar participando en la lucha de las derechas o impidiendo la formación de un gobierno constitucionalista», afirmó Manuel Valls al certificar este miércoles su divorcio sin vuelta atrás de Rivera.

El ex primer ministro francés, que respaldó en Barcelona a Ada Colau para impedir que un independentista tomara el bastón de mando, afirmó que Ciudadanos está inmersa en una «grave deriva» fruto de una estrategia «sectaria y equivocada» del líder de los liberales. Una opinión que comparten Francesc de Carreras o Arcadi Espada que han pedido a Rivera que no anteponga «supuestos intereses de partido a los intereses generales de España» y posibilite la reelección de Sánchez. Los dos fundadores de Ciudadanos quieren que recupere ese espíritu de 'bisagra' con el que nacieron para evitar que el próximo Gobierno dependa de Unidas Podemos o de los independentistas. Incluso el expresidente del Gobierno Mariano Rajoy ha afirmado que la mejor fórmula para desbloquear la investidura y que la legislatura, por fin, eche a andar sería un acuerdo entre socialistas y liberales.

Una reedición del 'pacto del abrazo' por el que suspiran el mundo financiero y las organizaciones empresariales pero que, a día de hoy, parece imposible. La dirección naranja está enrocada en su 'no es no' al líder del PSOE e insiste en que el compromiso que adquirieron con sus votantes se mantendrá intacto. Se agarran a que Sánchez ha «pactado con Batasuna» en Navarra para no moverse ni un milímetro de su posición.