Arrimadas lleva la precampaña a Waterloo

Inés Arrimadas, en Waterloo, ante la casa donde vive Puirdemont. / EFE

Clama que la república catalana «no existe» ante la residencia de Puigdemont, mientras el expresident mantiene la puerta entreabierta | «Nosotros no nos entrevistamos con fugados», replica la líder de Ciudadanos

SALVADOR ARROYOCorresponsal en Bruselas (Bélgica)

Un día después de confirmar que dará el salto a la política nacional, Inés Arrimadas viajó 1.300 kilómetros para activar su precampaña buscando el golpe de efecto en uno de los epicentros del movimiento independentista catalán. Apenas estuvo ocho minutos en la explanada situada frente al número 34 de la avenida del Abogado, en Waterloo, el lugar en el que reside desde hace más de un año el fugado Carles Puigdemont. Y en ese tiempo la política de Ciudadanos reiteró tres mensajes sustanciales: «La república catalana no existe», «Rstamos aquí para representar a millones de constitucionalistas, lo que el Gobierno no ha hecho» y «Pedro Sánchez ha tratado a Torra y también a Puigdemont como si fueran los jefes de Estado de un país independiente».

La líder de la formación naranja, que por la tarde presidió un acto de partido con el portavoz parlamentario, Carlos Carrizosa, y Lorena Roldán (que figura en las quinielas como el recambio de Arrimadas en Cataluña), pretendía con este acto deslegitimar la ya famosa Casa de la República, un chalé de aspecto burgués en un barrio residencial, a unos veinte kilómetros al sur de Bruselas. Pero había en ello un cierto punto de contradicción. Porque con su presencia arrastró el foco de decenas de medios de comunicación nacionales, que captaron no solo su protesta, sino también una maniobra que se ideó desde dentro del inmueble.

Con las banderas de la Unión Europea y Cataluña en el jardín y varias pancartas en favor de los presos del 'procés', su puerta (con un lazo amarillo) permaneció entreabierta mientras la opositora política del expresident hablaba a los periodistas tras una gran pancarta en la que podía leerse «¡La república no existe, Puigdemont!». El hueco en el umbral del chalé, según confirmaron desde el entorno del líder separatista, lanzaba una «invitación» simbólica a conversar (nadie la formalizó, eso sí) a la que Arrimadas hizo caso omiso argumentando: «Nosotros no hablamos con fugados de la justicia».

Tras la gran pancarta de Ciudadanos, de espaldas a la vivienda, se situó una treintena de personas, principalmente diputados del grupo parlamentario catalán y colaboradores. Y en los alrededores, apenas una docena de seguidores y curiosos, además de dos patrullas policiales que habían acudido alertadas por un vecino, al que al parecer molestaba el ruido que hacía el generador de un equipo de televisión. Una perturbación impropia para este tranquilo barrio en una mañana soleada (y por ello poco habitual) de domingo en Bélgica.

«Esta casa está en el imaginario separatista como la sede de una república independiente y eso es falso, por eso estamos aquí», se arrancó Arrimadas. «Y porque no hay un solo rincón de Europa donde el separatismo nos diga que no podemos venir», incidió. Tras reprochar en varias ocasiones al Ejecutivo socialista que «tenga olvidados a los constitucionalistas catalanes» y afearle que «se mantenga impasible» mientras se abren «embajadas y chiringuitos como este al tiempo que el Parlament continúa cerrado», la política liberal que postula al Congreso como cabeza de lista por Barcelona -su ratificación depende ahora de unas primarias de puro trámite-, criticó que «sigan existiendo fugados de la Justicia que se dan la vidorra por Europa».

Y con el mismo látigo electoralista acusó al Gobierno de Sánchez de haber tratado a Torra y su predecesor al frente del Govern como «si fueran los jefes de Estado de un país independiente». «Cuando estamos hablando de un fugado», reclamó. «Le decimos (a Puigdemont) que se entregue a la justicia, no venimos con intermediarios a negociar los Presupuestos Generales, como ha hecho el Gobierno de España».

Cuando se le indicó que la puerta se estaba abriendo y se le preguntó si tenía intención de entrevistarse con Puigdemont rehusó la oferta. «Él ha dicho a lo que podemos venir y a lo que no podemos venir». Una salida tangencial porque el exmandatario catalán había emplazado la víspera a que Arrimadas le dijera «a la cara» lo que fuera. Nada más acabar el acto, el expresident fugado en Bégica se asomó a Twitter para calificar de «show» la visita de Arrimadas, a quien reprochó «no tener el coraje suficiente para pasar por la puerta y hablar» con él. Y el político catalán añadió: «Todo este montaje para terminar huyendo a los pocos minutos».