El triunfo del respeto

La jornada está resultando reconfortante para quienes opinan que si casi todos nos empeñamos, el conflicto tiene solución

El triunfo del respeto
DIEGO CARCEDO

Los temores difundidos estas vísperas del aniversario de los atentados de Barcelona del pasado 17 de agosto no se han visto por fortuna confirmados. El grueso de la sociedad catalana, independentistas incluidos, ha vuelto a demostrar que, cuando la exaltación de los extremistas entra en razones, el seny vuelve a imperar. Los actos oficiales conmemorativos de tan triste efeméride celebrados esta mañana se han desarrollado con la normalidad que el buen sentido imponía.

Triunfó el respeto, institucional y popular: primero a las víctimas y sus familiares que con gran sensatez lo habían reivindicado y después a las personalidades de diferentes ideas que, presididas por los Reyes, acudieron en primera fila a rendir homenaje a los que perdieron la vida y a quienes se la jugaron por salvar la de los demás. Los que quisieron aprovechar el momento para retomar sus reivindicaciones y provocar incidentes han salido derrotados en el intento.

La victoria fue de quienes supieron responder al texto y la idea del eslogan: «Barcelona, ciudad de paz». La paz se impuso y la libertad de todos quedó preservada, lo mismo de los que aplaudieron con cariño a Felipe VI y a la reina Letizia –que encabezaron el ejemplo cívico- que la de los intratables extremistas que colocaron pancartas declarándoles personas no gratas sin obtener ninguna rentabilidad política: si de algo sirvieron sus expresiones deleznables ha sido para demostrar al mundo que, contra lo que quieren demostrar, en España hay libertad.

La jornada está resultando reconfortante para quienes opinan que si casi todos nos empeñamos, el conflicto tiene solución. No lo tendrá si los que querían boicotear los actos respondieran al sentir de la mayoría del pueblo catalán. Desde los repetidos resultados electorales hasta numerosas demostraciones cívicas como la de hoy demuestran que no es así. Quienes pretenden lo contrario, sólo consiguen demostrar, y es triste pensarlo, que los autores de los atentados no están solos.

Hay muchos tipos de fanatismo, pero en la práctica todos coinciden: en la intolerancia contra la diferencia, en la convicción de estar en poder en la razón absoluta, en el desprecio hacia la capacidad de los demás para pensar y, como ocurrió hace un año en Barcelona y Cambrils, hasta para disponer de la vida de los demás. Algunos independentistas catalanes, pocos por suerte, han preferido desdeñar a los muertos y aprovechar la oportunidad para intentar capitalizar la infamia de los asesinos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos