Los barones del PSOE se desmarcan del discurso templado del presidente

Emiliano García-Page./EFE
Emiliano García-Page. / EFE

García-Page abre el debate de la ilegalización de los partidos secesionistas y Lambán defiende la intervención de la autonomía catalana

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

El giro que ha imprimido Pedro Sánchez a su discurso sobre Cataluña no ha sido suficiente para tranquilizar a algunos de los presidentes autonómicos socialistas que el próximo 26 de mayo se juegan su futuro en las urnas. El jefe del Ejecutivo aseguró hoy que no aceptará una nueva vulneración de la Constitución y el Estatuto y no se ahorró calificativos para definir la actitud del presidente de la Generalitat, Quim Tora, al que acusó de lanzar «mensajes gruesos combinados con una dejación de funciones inadmisible», pero también aseguró que no tiene ninguna intención de «echar gasolina» a la crisis territorial. «Vamos a echar agua», dijo incluso.

La vicepresidenta, Carmen Calvo, además, apenas tardó unos minutos desde que Sánchez concluyó su primera intervención en el pleno para salir a los pasillos del Congreso a apostillar que en absoluto ve el artículo 155 de la Constitución como una solución y lanzó el mensaje de que da por buena la respuesta que recibió el martes al requerimiento que tanto ella como el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y el de Fomento, José Luis Ábalos, hicieron a la Generalitat para exigir que garantice la seguridad de los ciudadanos catalanes, después de los episodios vividos el fin de semana en la AP-7 y en varias áreas de peaje.

«Han garantizado, como corresponde, la seguridad y la actuación de los Mossos d'Esquadra. Lo dijeron ayer por carta¿Esto tampoco le sirve para nada a la oposición política? ¿Esto lo desprecian dos partidos que en democracia tendrían que estar colaborando y ayudando a la tranquilidad?», esgrimió en un reproche directo al PP y Ciudadanos, que insisten en reclamar la intervención inmendiata de la autonomía. «La convivencia en Cataluña no se resuelve constantemente con medidas extremas –añadió la número dos del Gobierno–, se resuelve con la política cotidiana, a la que parece que Ciudadanos no está dispuesto en Cataluña, siendo la primera fuerza electoral».

Ese nadar y guardar la ropa permanente en el que se mueve el Ejecutivo o en su afán de no perder el apoyo del independentismo, es para barones como el aragonés Javier Lambán o el castellano-manchego Emiliano García-Page una fuente de preocupación, hasta el punto de que ninguno de los dos ha dudado en desmarcarse del discurso oficial, ese que pasa por insistir en que no hay más salida a la crisis catalana que el diálogo, primero entre catalanes y luego entre catalanes y el resto de españoles.

Silencio roto

Lambán y García-Page ya fueron en su día dos de los líderes regionales más críticos con la idea de un Gobierno 'frankenstein', como denominaban los 'antisanchistas' a la posible alianza con Podemos y el secesionismo tras las elecciones de 2015. Después de la moción de censura, ambos evitaron hacer ruido, en parte, porque la llegada al poder de Sánchez pareció catapultar electoralmente al partido y en parte porque la derrota de Susana Díaz en las primarias vacunó contra las insurrecciones. Con las elecciones andaluzas, sin embargo, algo se ha roto.

El martes, después de que el Ejecutivo enviara tres cartas pidiendo explicaciones a la Generalitat, el presidente aragonés se descolgó con que al Gobierno no le va a quedar más remedio que «asumir todas las competencias del orden público en Cataluña», algo que en puridad solo puede hacerse mediante el 155. No sólo eso. Se refirió a Quim Torra como «personaje estrafalario y fascistoide» y a los llamados Comités de Defensa de la República como «esa especie de camisas pardas» (la organización paramilitar del partido nazi.

García-Page fue algo más ambiguo. Por un lado, pidió no «manosear» el 155,con el argumento de que al invocarlo constantemente se retroalimenta a los independentistas. Tampoco puso demasiados peros a que Sánchez negocie los Presupuestos con ERC y el PDeCAT siempre que no «mercadee» con la Constitución (entre otras cosas, porque como el resto de barones tiene interés en que las cuentas prosperen para que el jefe del Ejecutivo no haga coincidir las generales con sus comicios). Sin embargo, abrió una espita aún más muy polémica. En una entrevista en Onda Cero, planteó que quizá haya que debatir sobre la ilegalización de las fuerzas independentistas. Una tesis que le acerca al líder del PP, Pablo Casado.

 

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