Carmen Montón, un cambio «por coherencia»

Carmen Monton./Archivo
Carmen Monton. / Archivo

La consejera valenciana formará parte del Gobierno de Sánchez

LAURA GARCÉS

Atrás quedan las dudas sobre si su cambio de posición respecto al líder nacional del PSOE -cuando era perdedor- y su aproximación al valenciano Ximo Puig podrían haberle pasado factura hasta quedar descabalgada en la carrera al Consejo de Ministros. Ahora las incógnitas se han despejado. Cuando Carmen Montón dijo -hace un año- que cambiaba de posición «por coherencia» debió convencer a los suyos de entonces y a los de hoy: pudo mantenerse en el gobierno valenciano y ahora ha alcanzado el de España. Ha sido nombrada ministra de Sanidad. Ha ganado la partida que cuando Sánchez perdió las elecciones parecía haberse desdibujado en el horizonte de la carrera política de una mujer de Burjassot (Valencia) licenciada en Medicina y Máster en Estudios Interdisciplinares de Género por la Universidad Juan Carlos I que ha sido consellera de Sanidad desde junio de 2015 en el gobierno valenciano liderado por el socialista Ximo Puig.

Consellera de marcado perfil político, no pocos han visto en el suyo un trabajo alejado de la gestión sanitaria y con profunda carga ideológica. Fue diputada de la octava, novena y décima legislaturas en el Congreso. En sus propias palabras, la lucha por la igualdad ha marcado su vida política.

Su labor se ha caracterizado por una clara oposición a la colaboración público privada, aunque en algunos campos ha mantenido las externalizaciones. En abril llevó a la práctica la acción que anunció nada más llegar al Consell. Quería recuperar la gestión de los centros sanitarios del modelo Alzira. Y hace dos meses consumó la primera reversión, la del Hospital de La Ribera. Deja sobre la mesa el futuro de otros hospitales como el de Dénia para el que también anunció el Consell su regreso a la gestión directa.

La polémica la acompañó en otra ocasión hasta el punto de que el presidente del Consell tuvo que intervenir para calmar los ánimos, el cambio de modelo para la derivación de pacientes al Instituto Valenciano de Oncología. La situación obligó a la mediación del presidente, pero Montón nunca consideró que se tratara de una desautorización y siguió adelante.

Emprende viaje tras un recorrido jalonado de tropiezos en los tribunales al ver cuestionadas propuestas de referencia como la retirada del copago, la universalización de la sanidad, la jubilación forzosa, el reparto de medicinas a residencias y el proceso de reversión de los hospitales públicos de gestión privada. Algunos asuntos siguen a la espera de respuesta, otros ya han supuesto varapalos para su gestión. Pero ha podido con ello, incluso con las diferencias con Mónica Oltra, vicepresidenta del Consell y titular de la conselleria de Igualdad, departamento que algunos apuntan que en un primer momento era el que a Montón le habría gustado.

Hábil en la comunicación y en el traslado de mensajes ha sabido responder y dejar de hacerlo sin que casi se notara. El último intento ayer en Valencia. Cuando se le preguntó si iba a ser ministra en nada su rostro dejó traslucir si estaba pendiente del teléfono, aunque se hacía difícil pensar que no. Dejó abiertas todas las opciones. Nadie podrá decir que se manifestó interesada o no por el ministerio. Dijo «no lo puedo contestar hoy». Tras mostrar cautela al apostar por no contestar añadió que el hecho de que le plantearan esa pregunta era «reflejo de que en el Gobierno valenciano hay buenos ejemplos de las políticas del cambio». Horas más tarde se entendió el significado, su nombre estaba unido a ese «cambio» que la sienta en un Consejo de Ministros del que forma parte el también valenciano José Luis Ábalos, de cuyo nombramiento «por prudencia» no se pronunció para después señalar que todos los miembros del Ejecutivo le parecían «magníficos».

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