La autopsia revela que Laura Luelmo sufrió una agresión sexual antes de ser asesinada a golpes

Bernardo Montoya sale de comisaría escoltado por miembros de la Guardia Civil.

Hallan restos de sangre en la casa del presunto asesino | El análisis forense desmonta la versión de Montoya que había confesado que condujo a la joven con una mentira a un callejón sin salida y que trató de abusar de ella, sin lograrlo

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

La autopsia revela que Laura Luelmo sufrió una agresión sexual antes de ser asesinada a golpes. Montoya admite que mató a la joven pero niega que llegara a abusar de ella, en una confesión plagada de medias verdades. No es, ni mucho menos, 'caso cerrado' para los investigadores de la Unidad Central Operativa (UCO), los agentes que lograron doblegar al asesino. Bernardo Montoya Navarro «humilló» (confesó como se dice en el argot policial) pasadas las 2:30 horas de la madrugada de este miércoles. En un principio lo había negado todo, pero luego, la presión policial, hizo que se fuera derrumbando y reconociendo poco a poco con medias verdades y contradicciones que fue él quien asesinó a Laura Luelmo.

Su confesión, advierten los investigadores, tiene un valor «solo relativo». Montoya, bregado en décadas de prisión y en años de estudio de manuales de penal en la cárcel, admitió que intentó violar a la chica el miércoles de la pasada semana, después de dejarla inconsciente a golpes, pero negó de forma vehemente haber conseguido su propósito de abusar sexualmente de ella, lo que supone una agravante de calado. La autopsia le desmiente: la joven profesora zamorana sí que sufrió abusos sexuales antes de morir entre 48 y 72 horas después de su desaparición.

Su última versión, de la que solo algunos pasajes convencen a la UCO, fue la que sigue: Laura, antes de salir a correr el miércoles 12 de diciembre se acercó a Montoya para preguntarle por un supermercado ya que no conocía la zona, algo que los agentes no se creen en absoluto porque la propia chica ya había expresado el miedo que sentía por su vecino de enfrente. El asesino confeso aseguró que en ese momento, y sin premeditación, decidió tenderle una trampa para intentar abusar de ella.

Restos de sangre en la casa

Los investigadores han encontrado restos de sangre en la casa de Bernardo Montoya en El Campillo (Huelva) que podrían corresponder a su víctima, según han indicado a Efe fuentes cercanas a la investigación. Son restos biológicos que el agresor, detenido por la Guardia Civil, no pudo hacer desaparecer a pesar de haber fregado la vivienda para borrar cualquier pista.

«La mandé a un callejón sin salida. Me monté en el coche y llegué primero al callejón», afirmó. Luego la agarró fuertemente y golpeó la cabeza de Laura contra el maletero hasta dejarla inconsciente. Posteriormente, le ató las manos a la espalda, la envolvió en una manta y la introdujo en el maletero de su Alfa Romeo negro. Condujo cinco kilómetros hasta el barranco de La Mimbrera, el recóndito paraje donde el lunes apareció el cadáver de la chica zamorana.

Una vez allí y dentro del vehículo, «la desnudé de cintura para abajo y traté de violarla pero, a pesar de que estaba inconsciente, no lo conseguí. Lo intenté pero nada. Juro que al final no la agredí sexualmente», afirmó tajante horas antes de que el informe final forense, que se conoció a media tarde de este miércoles, destapara su enésima mentira y constara que la chica sí que fue agredida sexualmente por su asesino.

«Luego me asusté. La saqué del coche y la trasladé como pude hasta la zona de jaras y me fui corriendo», añadió Montoya, que insistió en que, cuando se marchó, Laura Luelmo seguía viva, una aseveración, que de ser cierta, supondría que la chica malherida agonizó entre dos y tres días en el monte antes de morir. No obstante, la Guardia Civil sigue sin descartar que el homicida también haya mentido en este punto y que realmente la mantuviera secuestrada durante un tiempo.

El móvil, la clave

Bernardo Montoya sostuvo ante la UCO que, tras marcharse del barranco ya caída la noche, volvió a su casa en El Campillo, tirando antes el móvil de la docente en un contenedor y sus zapatillas de correr en otro. Estas afirmaciones tampoco convencen a la Guardia Civil, que no ha hallado, hasta el momento, ni el terminal ni las llaves ni el monedero ni las deportivas de la chica en los lugares que ha apuntado el asesino confeso.

Los funcionarios buscaron este miércoles estos efectos en varios contenedores cercanos al centro penitenciario de Huelva, a donde Bernardo Montoya Navarro acudió el viernes de la pasada semana para mantener un vis a vis con su novia, una reclusa que conoció durante su estancia en prisión. Varios testigos vieron al sospechoso arrojar varias bolsas a esos contenedores, pero no se han podido recuperar todavía.

Antes de esta última versión, Montoya intentó exculparse alegando que se la encontró accidentalmente en las inmediaciones de El Campillo, que mantuvieron una discusión que llegó a las manos y que, en el curso del forcejeó, la golpeó. Y que luego, temeroso de que le acusaran, intentó esconder el cuerpo en La Mimbrera.

Con estas incongruencias y mentiras, a la UCO le resta mucho trabajo, según confesaron los operativos. Por lo pronto, sin el móvil de la chica y sin el terminal de Montoya, no han podido aclarar por qué la última señal del teléfono de Laura se recibió en una antena a 9 kilómetros al norte de El Campillo, muy alejada del barranco.

Este miércoles, los agentes de Criminalística siguieron buscando respuestas en el número 1 de la calle Córdoba, la vivienda en que vivía Montoya desde hace dos meses saliera de la cárcel. Los funcionarios, que todavía no descartan que el cuerpo inconsciente de la joven fuera llevado en algún momento a la casa, llevaron al asesino hasta la casa para hacer una reconstrucción de los hechos. Una multitud de vecinos, que llegó a saltar el cordón policial, increpó durante horas a Montoya.

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