Las extrañas negociaciones de la derecha

Teodoro García-Egea y Javier Ortega Smith./R.C.
Teodoro García-Egea y Javier Ortega Smith. / R.C.

El PP rentabiliza su experiencia ante las tortuosas relaciones que mantienen Ciudadanos y Vox

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

PP, Ciudadanos y Vox mantienen desde el 26 de mayo unas intensas y atípicas negociaciones para gobernar en ayuntamientos y comunidades. Bandazos, órdagos sin cartas, rupturas y reconciliaciones se han sucedido uno tras otro. Un enredo en el que los populares han hecho valer su experiencia de décadas para alcanzar casi todos los objetivos que se fijaron tras las elecciones de hace poco más de un mes.

El problema central es que un integrante del trío, Ciudadanos, no quiere tener tratos con otro, Vox, y el tercero, el PP, tiene que adoptar el papel de 'celestina' para contentar a los dos. Los liberales no quieren más fotos de Colón y se niegan siquiera a sentarse a negociar con la extrema derecha. Una tarea que han asumido los populares, que sellan pactos por separado para que todos pongan a salvo su dignidad. Ciudadanos no quiere a Vox como compañero de viaje para gobernar. Los de Abascal dicen que de acuerdo, pero exigen acuerdos firmados a tres. El PP dice que sí a los dos.

El experimento de la Junta de Andalucía vacunó a Vox para no repetir la experiencia de dar su apoyo casi gratis. Los de Santiago Abascal dijeron que en adelante o bien entraban en los gobiernos o había pactos programáticos con tres firmas. Hasta el momento, ni lo uno ni lo otro.

Madrid es un caso paradigmático. PP y Vox tenían un acuerdo secreto en el que se garantizaba a los ultras concejalías de gobierno. Pues bien, aunque los de Abascal amenazaron con pasar a la oposición y dejar que Manuela Carmena siguiera en la alcaldía, ni entraron en el gobierno ni Carmena es la regidora ni están en la oposición. Y eso que sus cuatro concejales tenían la llave. «Vox no ha venido a la política española a calentar sillones», dijo Iván Espinosa de los Monteros, una de las caras más visibles del partido. Unos días antes, Abascal había advertido: «Nosotros queremos entrar en los gobiernos».

«Me firmen el papel»

El mismo camino lleva la Comunidad de Madrid. Ciudadanos no quiere saber nada de Vox, pero sin sus 12 diputados la derecha no puede gobernar. Los liberales han vetado su presencia en el Ejecutivo regional, y Vox ha aceptado a cambio de un programa conjunto, que los naranjas se niegan a rubricar. Rocío Monasterio, la líder regional de los ultraconservadores, acepta que no haya negociaciones a tres bandas porque «con que me firmen el papel, me basta». «No firmaré ningún acuerdo a tres», respondió el candidato de Ciudadanos, Ignacio Aguado.

El PP ha sido el beneficiario de este vodevil. Ejerce de bombero para sofocar fuegos «a derecha e izquierda» para constituir «los gobiernos de la libertad», como dice su secretario general, Teodoro García-Egea. Con la excepción de Aragón y de Canarias, los populares han alcanzado, o llevan camino de hacerlo, los objetivos que se fijaron tras las elecciones municipales y autonómicas a pesar de la tortuosa colaboración de sus socios. Cuatro décadas de experiencia negociadora en la arena política son un bagaje poderoso ante la todavía bisoñez de Ciudadanos, prisionero de su compromiso electoral antisocialista, y de la inexperiencia de Vox.