Del «pitas» de Aguirre al «bajo nivel» de Tejerina, los disparos en el pie del PP en Andalucía

Del «pitas» de Aguirre al «bajo nivel» de Tejerina, los disparos en el pie del PP en Andalucía

La formación azul encara las elecciones andaluzas bajo el 'fuego amigo' de políticos de su propia formación

CECILIA CUERDOSevilla

El PP nacional ha hecho un siete a la formación en Andalucía en plena precampaña para las elecciones autonómicas del próximo 2 de diciembre. La alusión de la exministra Isabel García Tejerina al bajo nivel educativo de los niños de la región ha generado tal malestar que hasta sus propios compañeros de filas tuvieron que salir de inmediato a marcar distancias y matizar que las palabras hacían alusión a la gestión socialista en materia educativa y no era un ataque a los niños andaluces, como hábilmente han esgrimido el resto de partidos. Pero el daño ya estaba hecho y habrá que esperar a diciembre para comprobar el daño en unas expectativas ya de por sí malas para los populares, que ven con impotencia como campaña tras campaña el 'fuego amigo' causa más estragos que el de sus adversarios políticos al dibujar una comunidad tercermundista con sus generalizaciones.

Fue la ministra y eurodiputada Ana Mato quien se ganó a pulso el título de personaje menos deseado por los andaluces al asegurar, a una semana de las elecciones de 2008, que los niños andaluces eran «prácticamente analfabetos». «Parece que (Manuel) Chaves no ha hecho nada por la educación de los niños, parece que le gusta que estén así», añadió para completar su crítica a la gestión socialista, pero de nada sirvió esta matización. Sus palabras de menosprecio indignaron a la comunidad más poblada de España y contribuyeron a apuntalar una visión clasista sobre la derecha española, que acaba perjudicando principalmente al propio PP andaluz.

A Mato parece que se le olvidó pronto el revuelo, ya que tres años después, en 2011, repitió que le habían llegado noticias de que los niños andaluces no tenían mesas en los colegios y «estudiaban en el suelo».

La educación en Andalucía se ha convertido en el dardo predilecto del PP nacional, como demostró más recientemente quien fuera portavoz del grupo popular en el Congreso, Rafael Hernando. Al defender los Presupuestos Generales del Estado del pasado año, afirmó que habría mil millones más para que en algunas zonas de Andalucía, donde los niños «estudian todavía en barracones, tuvieran escuelas como en el resto del país».

La imagen de pueblo subvencionado y poco dado al trabajo o lo peculiar de su acento han sido otros de los estereotipos fomentados por el PP nacional para pasmo de sus compañeros andaluces. Monserrat Nebreda, diputada popular catalana, consideró que el acento de la ministra Magdalena Álvarez «parece de chiste» y costaba trabajo entenderlo. Por su parte, Esperanza Aguirre, siendo presidenta de la Comunidad de Madrid, cargó contra la reducción del número de peonadas para cobrar el PER como una forma de «dar pitas pitas a las gallinas», en alusión la sistema clientelar del PSOE que le ha mantenido en el poder durante cuatro décadas, otro de los ataques recurrentes de los conservadores para tapar su incapacidad de presentar un proyecto atractivo para la mayoría de los andaluces. A este argumento se sumó incluso la derecha catalana, con Josep Antoni Duran i Lleida asegurando que en Andalucía «no pagaba impuestos ni Dios» y criticando que los andaluces reciben el PER para «pasar la mañana o la jornada en e bar».

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