JxCat presiona a Esquerra y PDeCAT para tratar de investir de nuevo a Puigdemont

El expresidente de Cataluña, Carles Puigdemont./Efe
El expresidente de Cataluña, Carles Puigdemont. / Efe

El expresidente fugado aseguró el pasado fin de semana que volverá a Cataluña si previamente es reelegido jefe del Ejecutivo

CRISTIAN REINO

La reelección de Carles Puigdemont como presidente de la Generalitat se parece al Guadiana: aparece y desaparece en la legislatura catalana como por arte de magia. El portavoz de Junts per Catalunya (JxCat) en la Cámara catalana, Albert Batet, y algunos de los más fieles escuderos del expresidente volvieron este miércoles a poner su investidura sobre la mesa, a pesar de que ya hay un gobierno en Cataluña desde hace medio año.

«Los 34 diputados de JxCat» quieren investir a Puigdemont, afirmó el jefe de filas parlamentario de la formación nacionalista, quien recordó que Quim Torra fijó como «objetivo de la legislatura» la restitución del dirigente soberanista huido en Bélgica como presidente de la Generalitat. Es el cargo del que fue destituido por el Gobierno de Mariano Rajoy en virtud del artículo 155 de la Constitución después de celebrar un referéndum ilegal y declarar la independencia.

El compromiso adquirido por Batet, al que se sumaron en Twitter dirigentes destacados de la coalición, como la consejera Laura Borràs, el vicepresidente de la Cámara catalana Josep Costa o los diputados Eduard Pujol, Aurora Madaula o Gemma Geis, se produce solo cuatro días después de que el expresidente retomara la idea de regresar a Cataluña. Eso sí, siempre y cuando sea investido previamente.

Comisión parlamentaria

El pasado mes de noviembre el Parlamento autonómico puso en marcha una comisión parlamentaria que abordará la reforma del reglamento de la Cámara. Junts per Catalunya quiere que esta modificación legislativa incluya la posibilidad de elegir a distancia al 'expresident'. Solo así Puigdemont podría ser designado desde Bruselas y emprender el viaje de vuelta a España. «Tomaré posesión del cargo y volveré a Cataluña. Entraré en Cataluña como presidente de la Generalitat», afirmó el exmandatario en las redes sociales.

De cumplir su promesa lograría una imagen de impacto internacional: la de la detención en la frontera de un presidente catalán electo. No obstante, mucho tienen que cambiar las cosas para que Puigdemont pueda volver a ser investido. De entrada, porque Esquerra nunca lo ha acabado de ver factible, con lo que la mayoría absoluta se antoja complicada. Y, además, porque la iniciativa para elegir a un presidente por videoconferencia -o incluso por Skype- cuenta con informes contrarios de los juristas del Parlament, del Consejo de Garantías Estatutarias y del Tribunal Constitucional.

Presión independentista

La jugada de investir a Puigdemont, puesta sobre la mesa por Batet y la hija de Josep María Matamala, el empresario que costea el día a día del expresidente en Bruselas, se planteó casi como una lista para establecer quiénes son los auténticos independentistas y quiénes los blandos. El problema que subyace es que JxCat, que concurrió a las elecciones casi con el único punto en su programa de restituir a Puigdemont, empieza a sentir la presión de los más radicales, que le exigen resultados al ver que no puede cumplir ninguna de sus promesas republicanas.

El movimiento de JxCat sirve además para presionar al PDeCAT, formación que está integrada en sus filas y que no acaba de revelar cómo piensa encajar en la Crida, la nueva formación que impulsan Torra, Puigdemont y Jordi Sànchez, y que está llamada a ser el adversario soberanista de Esquerra. El congreso constituyente de la Crida se celebrará el 26 de enero y poco o nada se sabe del proyecto y de si acabará fagocitando al PDeCAT. La división en el partido nacionalista es palpable y se expresa en muchos frentes. Uno de los más delicados es el de los presupuestos generales del Estado. Mientras los moderados de la antigua Convergència apuestan por negociar, los partidarios de la fusión en la Crida rechazan dar un balón de oxígeno a Sánchez.

La eventual reelección de Puigdemont presiona además a Esquerra. Hace un año Roger Torrent suspendió la sesión parlamentaria para investir al exalcalde de Gerona cuando todo estaba preparado. Torrent evitó un nuevo choque de trenes y de paso abrió una crisis profunda en el secesionismo. Desde entonces, JxCat se la tiene jurada. Los neoconvergentes le han colocado la etiqueta de traidor y cada vez que puedan le amenazarán con un nuevo pleno de investidura.

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