Las liturgias de los aspirantes delatan sus intenciones | BURGOSconecta

Las liturgias de los aspirantes delatan sus intenciones

La exvicepresidenta del Gobierno y candidata a liderar el PP, Soraya Sáenz de Santamaría (d); la exministra de Defensa y candidata a dirigir al PP, María Dolores de Cospedal (c); y el actual coordinador general del PP, Fernando Martínez Maíllo (c); el portavoz del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, Rafael Hernando (d); el exvicesecretario de comunicación y también candidato a las primarias del partido, Pablo Casado (i); durante un pleno del Congreso. /Fernando Villar (Efe)
La exvicepresidenta del Gobierno y candidata a liderar el PP, Soraya Sáenz de Santamaría (d); la exministra de Defensa y candidata a dirigir al PP, María Dolores de Cospedal (c); y el actual coordinador general del PP, Fernando Martínez Maíllo (c); el portavoz del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, Rafael Hernando (d); el exvicesecretario de comunicación y también candidato a las primarias del partido, Pablo Casado (i); durante un pleno del Congreso. / Fernando Villar (Efe)

Cospedal se arropó en el partido; Santamaría recurrió al Congreso; Casado, al partido; Margallo, a los medios; y García Hernández y Bayo apelaron a la militancia

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

Los seis aspirantes a liderar del PP han presentado sus candidaturas con liturgias muy diferentes. Dolores de Cospedal se rodeó de la plana mayor del partido en su territorio; Soraya Sáenz de Santamaría optó por el simbolismo y lo anunció delante del Congreso; Pablo Casado escogió como escenario la sede nacional del PP; José Manuel García Margallo lo despachó con unas declaraciones en televisión; José Ramón García Hernández y José Luis Bayo hicieron lo que pudieron para sacar la cabeza.

Se ha notado mucho que era la primera vez que el PP va a celebrara unas primarias de ámbito nacional para elegir a su líder. No había experiencia y la improvisación brilló con fuerza. El acto más ortodoxo y con más aroma electoral fue el de la secretaria general, que reunió en Toledo a la dirección del partido en Castilla-La Mancha. «Quiero ser la primera mujer que presida el PP y el Gobierno de España», fue su declaración de intenciones. «Estoy preparada», sentenció para alborozo de los suyos que habían vivido los últimos días en un sinvivir, pendientes del silencio de Cospedal mientras ella esperaba a ver qué cocinaba en Galicia Alberto Núñez Feijóo.

No llegó a las lágrimas como el presidente gallego al anunciar que no se presentaba, pero se le quebró la voz al hacer el relato de su trayectoria en el PP, con especial énfasis en que había sido la primera mujer secretaria general de un partido en España. No reparó, quizás porque no entra en su cultura política, en que Dolores Ibarruri, Pasionaria, fue la primera en el PCE durante casi dos décadas. Para sobreponerse al momento, recurrió a las arengas del fallecido Luis Aragonés: «Me presento para ganar, ganar y ganar».

También la exvicepresidenta dijo que se presenta para «ganar», no ya las primarias sino las elecciones de todo cuño de los dos próximos años. Sáenz de Santamaría anunció por Twitter su candidatura y convocó a los medios en la puerta de los Leones del Congreso. Un lugar elegido a conciencia porque no acredita trienios en el PP y las paredes del palacio de la carrera de San Jerónimo han sido su escaparate político en los últimos 14 años, primero como portavoz de la oposición y después como vicepresidenta del Gobierno.

Con el traje de «la humildad y la generosidad», se presentó como «una militante más», algo que no había hecho en los siete años en la Moncloa, un tiempo en que ha rehuido los temas partidarios aún en los momentos más difíciles para el PP. Nunca echó una mano. Rodeada de una marabunta de medios que ocultaba a la candidata, se erigió en adalid de la «unidad» del partido y depositó en garantía «el aval de lo que hemos hecho», es decir su gestión.

Pelea a florete

«Libertad, familia y España» fue la tarjeta de presentación de Pablo Casado, que también recurrió a Twitter para anunciarse. El vicesecretario de Comunicación optó por la fachada del edificio de la calle Génova 13 de Madrid para lanzarse a la carrera sucesoria. Un escenario también medido porque el partido ha sido su medio natural de los últimos tres años y en el que se ha dado a conocer. Ha sido, según sus palabras, el que «bajaba a dar las ruedas de prensa» cuando la corrupción quemaba. El chico de los 'marrones'. Pero no se considera un pintado en la pared. «No soy un 'outsider', me presento para ganar», ha afirmado mientras no pocos ya hacen apuestas sobre si se integrará en la candidatura de Cospedal o Santamaría antes de que voten los militantes.

El exministro de Asuntos Exteriores despachó su candidatura en declaraciones a medios de comunicación. Ni actos de partido ni redes sociales. García Margallo se reconoce de la vieja escuela y tiene un objetivo, impedir que gane la exvicepresidenta, a la que profesa una vieja inquina porque le atribuye su salida del Gobierno. Pero es una rivalidad que quiere vestir con elegancia para que «la pelea sea a florete, no con hachazos ni veneno o golpes subecuatoriales». Cree en sus posibilidades porque las primarias no son «un concurso de belleza sino de ideas» y confía en que a la hora de votar «los feligreses no sigan al obispo».

Las dos caras menos conocidas de la contienda, el diputado José Ramón García Hernández y el expresidente de Nuevas Generaciones en la Comunidad Valenciana, José Luis Bayo, se presentan como los candidatos de los afiliados. García Hernández también formalizó sus aspiraciones a través de Twitter y aboga por recuperar la «centralidad» del PP. Bayo es el único que ha presentado en la calle Génova los avales, ha entregado 350 y se exigían cien, y se define como el rostro de la regeneración «sin mochilas» y con «las manos limpias».

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