Un mexicano residente en EE UU dirigió el asalto a la embajada de Corea en España y avisó al FBI

La bandera norcoreana ondea en la Embajada del país en Madrid./Óscar Chamorro
La bandera norcoreana ondea en la Embajada del país en Madrid. / Óscar Chamorro

La red internacional está liderada por Adrián Hong Chang, la integran varios ciudadanos surcoreanos y un estadounidense y se fugaron en avión a Nueva York tras viajar a Lisboa

MATEO BALÍN y MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

Adrián Hong Chang, ciudadano mexicano de 35 años residente en Los Ángeles (Estados Unidos), está detrás de la organización criminal que llevó a cabo el asalto a la Embajada del Corea del Norte en Madrid el pasado 22 de febrero. La red de Hong Chang estaba formada por una decena de personas, entre las que destacan los estadounidense Sam Ryu, de 28 años, y el nativo de Corea del Sur Woo Ran Lee, de 25.

La identificación de los asaltantes aparece en la causa abierta por el juez de la Audiencia Nacional José de la Mata, que se ha hecho cargo de las pesquisas y apunta a la comisión de los delitos de allanamiento de morada, detenciones ilegales, lesiones, falsificación documental, amenazas y robo.

En uno de los autos en los que acuerda diligencias, el magistrado hace un relato de lo sucedido antes, durante y después del ataque. Cinco días después del mismo, el 27 de febrero, una vez que el grupo salió de España, el presunto cabecilla entró en contacto con el FBI en Nueva York con el fin de facilitar información relativa al incidente en la embajada, así como el material audiovisual supuestamente obtenido.

Además, éste manifestó a sus contactos en la agencia federal estadounidense que, bajo su propia voluntad, llevó a cabo los hechos junto con un grupo de persona, en su mayoría ciudadanos de Corea del Sur.

El juez detalla en su auto, cuyo secreto se ha levantado hoy, todos los preparativos del ataque, cuando Hong Chang compró en una tienda de Madrid, la armería Shoke (calle Juan de Urbieta), material táctico y de combate consistente en cinco fundas de pistola de extracción rápida, cuatro cuchillos de combate, seis pistolas simuladas HK, una sobaquera, cuatro gafas de tiro, cinco linternas tácticas o cinco grilletes de tipos diferentes.

Entre los días 20 y 22 de febrero, otros cuatro miembros del grupo, entre ellos Ran Lee y Sam Ryu, compraron también diverso material en la ferretería Delicias, que incluía una cizalla, varios desencofradores, 33 rollos de cinta de doble cara, cinta americana, alicates o una escalera telescópica, entre otros útiles. Todo valorado en 151 euros.

Hong Chang llegó a Madrid el 19 de febrero procedente de Praga y se hospedó en el AC Hotel Carlton, ubicado en el Paseo de las Delicias. El día siguiente se desplazó a la embajada mexicana en un vehículo Uber, donde realizó gestiones para obtener un nuevo pasaporte. Volvió al hotel a mediodía, recogió sus pertenencias y se desplazó a otro alojamiento, el AC Aitana, sito en el Paseo de la Castellana.

«Movimiento para la liberación de Corea»

El 22 de febrero el grupo llegó la legación coreana a las 16:34 horas en un coche alquilado en la Estación de Chamartín. Pidió ver al encargado de Negocios, al que ya conocía de una visita previa en la que se había hecho pasar por empresario. Aprovechando un descuido del personal, franqueó el paso a otros miembros del grupo que se encontraban apostados en el exterior y penetraron en el interior portando machetes, cuchillos, barras de hierro y armas cortas simuladas. Después «comenzaron a golpear violentamente a los funcionarios hasta que consiguieron reducirlos. Les colocaron grilletes y bridas para inmovilizarlos».

Una de las personas que se encontraban retenidas pudo saltar desde el primer piso – lo que le provocó lesiones- y escapar por una de las salidas, donde fue visto por un viandante, que la ayudó y solicitó asistencia sanitaria y policial, lo que motivó que un equipo del SAMUR se desplazara hasta el lugar, así como una patrulla policial.

Los agentes policiales, una vez en el lugar y tras establecer un perímetro de seguridad, llamaron a la puerta de la embajada, donde les abrió el propio Hong Chang, quien se había colocado una chaqueta con un pin con la cara del presidente de la República Popular de Corea y se presentó como alto representante del organismo, indicando a los agentes que no había ningún problema en el interior y que sí había alguien herido debían comunicarlo oficialmente al consulado.

Tras 60 minutos en la sala de reuniones, tres de los asaltantes se llevaron al encargado de Negocios a una de las habitaciones del sótano y allí, dos de ellos, le incitaron a abandonar Corea del Norte, «identificándose como miembros de una asociación o movimiento de derechos humanos para la liberación del país«. Cuando éste les aseguró que no traicionaría a su país y no desertaría, fue de nuevo maniatado y le volvieron a cubrir la cabeza con una bolsa negra.

Seguidamente, se apoderaron de tres vehículos diplomáticos y la mayor parte del grupo asaltante procedió a abandonar el lugar alrededor de las 21:40 horas, dejando en el interior a «las personas que habían detenido inmovilizadas con bridas y grilletes». Los vehículos aparecieron horas después en diferentes lugares de Madrid, alguno con el motor encendido. El presunto líder y otro asaltante se marcharon por la parte trasera de la embajada en un vehículo Uber que habían contratado, sin que la Policía los viera.

Hong Chang -que se movía también con las identidades Matthew Chao y Oswaldo Trump- se desplazó a Lisboa y de allí salió inmediatamente en un vuelo con destino a Estados Unidos, adonde llegó el 23 de febrero al aeropuerto de Newark, en New Jersey. Cuatro días más tarde, desde Nueva York, siempre según la resolución judicial, éste entró en contacto con FBI, que avisaron a las autoridades policiales españolas por el conducto diplomático.

Tras la operación, el equipo se dividió en cuatro grupos para irse a Portugal. Todos ellos se encontrarían en estos momentos fuera de España, por lo que el juez De la Mata reclamará su detención y entrega a las autoridades estadounidenses. Al menos la de los asaltantes que ahora estén allí.