El misterio de Conchi, la asesina del destornillador

Dos agentes trasladan en volandas a la presunta asesina del destornillador. /ATLAS ESPAÑA
Dos agentes trasladan en volandas a la presunta asesina del destornillador. / ATLAS ESPAÑA

Detrás del crimen de su cuarto marido se esconde un largo romance con su cuñado y un plan de estafa de 200.000 euros

DOMÉNICO CHIAPPE

En la foto de la boda aparecen dos, pero son tres. Conchi M. y José Luis posan el día de su boda civil, el 4 de agosto en el Juzgado de Paz de Sax (Alicante). Para ella es su cuarta boda. Viste con el cuello descubierto para lucir un gran collar y uno de sus brazos pasa por detrás de la espalda de él, que se agacha para acomodarse en la silla de ruedas de la mujer, ahora su esposa. En la otra mano sujeta un cigarrillo. Las pulseras cubren la mitad del antebrazo. Entre la mujer -sin oficio, rubia platino, 45 años- y el hombre -camionero jubilado, 69 años, gafas y calvicie-, falta un tercero. El gran amigo del novio y amante de la novia. Paco P. O. -fontanero, 58 años, enclenque y ajado, con antecedentes por drogas y robo-, que había arreglado el matrimonio, jugando con la avaricia de José Luis, que creía que ella cobraría una indemnización de 200.000 euros por las lesiones de un accidente de tráfico y que poseía fábricas e inmuebles. «Se supone que ella era millonaria», dice Héctor, padrino de la boda.

Criminal de poca monta, Paco convenció a José Luis para que se casara con Conchi. Al amigo no le ocultó su relación con ella pero se hacía pasar por su cuidador ante los vecinos. A los demás ella les decía que era su «padre». El día de la boda, Héctor los vio besarse. «Un beso en los morros». No disimularon. La madrina también observó el gesto con sorpresa. El matrimonio no se consumó. Ni pasaron juntos la primera noche ni convivieron a partir de entonces. Pero en menos de dos semanas, el supuesto pacto se torció. Ella le invitó a una «cena romántica», como se encargó de difundir el marido célibe entre sus amigos, quizás ya con fama de cornudo, quizás envalentonado para pedir derecho a pernada a cambio de su silencio en la farsa de boda con una mujer casi 25 años más joven.

La noche del crimen

Conchi le citó en un terroso aparcamiento de la calle Sol Naciente de Alicante el lunes 20. Según esos amigos a los que José Luis contó su próxima aventura, ella le dijo: «Si me ves con pantalones y gorra, no te asustes». Lo declaró Héctor en televisión. Según él, lo justificó con que debía saltar una valle para poner flores en el lugar donde esparció las cenizas de su hija. Por tanto, el nuevo marido conocía la falsedad de su invalidez. A las diez de la noche llegó José Luis. Ella entonces le sujetó por detrás. Estaba de pie, contra un coche. Paco le embistió con un destornillador. Un agente fuera de servicio vio lo que sucedía desde lo alto de un acantilado, mientras bajaba a la carrera, avisó a la policía. Al llegar, forcejeó con Paco, pero era tarde para José Luis, en el suelo entre dos vehículos, muerto por las heridas en cuello y pecho, según la versión de Pascual Moreno, portavoz del Cuerpo Nacional de Policía. A pocos metros, Conchi estaba tirada en el suelo, todavía con los guantes puestos.

En el juzgado, se negó a declarar, pero a sus dos compañeras de celda en su primera noche en la prisión de Fontcalent, sí les contó su versión de los hechos. Allí, ella sigue simulando plena invalidez y las dos presas la mueven, a petición suya, cargando la manta. También les dice que Paco es su padre. «Dijo que se levantó de la silla por la adrenalina, como las madres cuando sus hijos se quedan bajo un coche, y salió corriendo mientras le gritaba al padre: 'Corre, corre, que lo están matando'». De José Luis, les dijo: «El que estaba con ella era un machista y le dijo que en un día tenía que comprar un vestido de boda y casarse con él».

Amor insano

La historia entre Paco y Conchi se remonta a los viejos tiempos en que ella vivió en Conil, hace ya un par de décadas. Los vecinos entrevistados creían incluso que eran pareja. Pero él estaba casado con una hermana de Conchi. Gracias a ese vínculo, pudo sacarla de la Unidad de Psiquiatría del Hospital Virgen de los Lirios de Alcoy, donde estaba internada, una vez que murió la madre. Él se hizo responsable. Desde entonces, hace dos años, no se separaron. De hecho, la razón que le dio a José Luis para que aceptara casarse con ella fue que él pronto moriría de una enfermedad terminal y no quería que Conchi volviera al psiquiátrico. «Tiene un mundo virtual», aseguró su hermanastro a los medios locales, a quien amenazó de muerte en el pasado. «Me dijo que si le llegaba a quitar la patria potestad de su hija, que llevara cuidado por la espalda que algún día caería».

Llamarla 'viuda negra', como hacen en televisión, es inexacto. Sus dos primeros maridos viven. Uno en Alcoy y otro en Villena, del que se divorció en 2012. El tercero murió en 2016, degollado por su hermano en Ibi, que confesó. Aunque nada la relaciona con ese crimen, el segundo exesposo, Carlos, dice: «Temí por mi vida». Durante el matrimonio, Conchi le denunció por malos tratos y Carlos pasó seis meses en prisión y tres con una pulsera telemática. «Lo hice por propia voluntad, para evitar que se acercara a mí», sostuvo en un plató de televisión. Dice que le tenía miedo, porque «se relaciona con gente que por dinero puede hacer ciertas cosas». No la ve como «asesina material, pero cerebro tiene muchísimo». Cuando murió el tercer marido, que le escribía cartas intimidatorias al anterior, Carlos mantiene que la Guardia Civil le detuvo e interrogó por indicaciones de Conchi. «Se muestra como una víctima para engañar». El hermanastro suma otro rasgo ante las cámaras, la obsesión material: «La peseta, la peseta y si me puedo llevar dos, mejor que una».

Decretada la prisión provisional y sin fianza, en manos del juzgado de instrucción número 5, la investigación se bifurca hacia el crimen, con testigos presenciales, y la posible estafa que planeaba al declararse parapléjica. «Tuvo una lesión cervical por accidente de tráfico en 2009», ratifica Carlos. «A partir de allí se quejó de dolores de espalda y de no poder caminar». Una coartada que insufló hasta el punto de negarse a caminar cuando llegó al juzgado el viernes. «Vio las cámaras y se negó a andar», dijo la Policía, cuyos agentes tuvieron que llevarla en brazos. Lánguida y con pijama de reo, Conchi esconde aún sus misterios

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