Sánchez se jacta de su capacidad de resistencia en una nueva semana crítica para el Gobierno

Sánchez se jacta de su capacidad de resistencia en una nueva semana crítica para el Gobierno

«Yo he pensado en abandonar, pero hoy miro atrás y veo que luchar mereció la pena», dice en una charla a universitarios californianos

PAULA DE LAS HERASLos Ángeles

No falta en el PSOE quien sostiene que el ataque de la oposición y de otros intereses al Gobierno es tan «desmedido» que acabará provocando la reacción contraria a la que se persigue. «Como ocurrió con Susana (Díaz)», dicen. La presidenta andaluza se pasó los dos años del primer mandato de Pedro Sánchez como secretario general del partido segando la hierba bajo sus pies. «Se está convirtiendo en la bruja mala y provoca el rechazo de las bases», advertían algunas voces desde la ejecutiva. Ahora el presidente del Gobierno aprovecha ese episodio de su vida para tratar de disuadir a sus rivales de que persistan en su estrategia de desgaste.

No una sino varias veces, en la gira por Canadá y Estados Unidos que hoy concluye en California, se ha preocupado Sánchez por alimentar su leyenda de resistente como respuesta a una nueva semana negra para su Ejecutivo. La explotó en Nueva York ante los socios del Council on Foreing Relations, una organización sin ánimo de lucro especializada en política internacional, el día que arreciaron las informaciones contra la ministra de Justicia, Dolores Delgado. De nuevo lo hizo ante el Foro de la Agencia Reuters, el viernes, cuando saltó la noticia sobre la sociedad patrimonial del titular de Ciencia, Pedro Duque. Y no se resistió a volver a la carga en la madrugada de hoy, durante una charla con tintes de 'coaching motivacional' a los estudiantes de la Universidad del Sur de California, una institución privada ubicada en Los Ángeles.

«Sé que la tentación de tirar la toalla es fuerte; yo he tenido esa sensación. Sé cómo es de difícil levantarse contra los intereses y las voces que dicen que las dificultades son superiores a tus habilidades y a veces tienes que reconocer que una de esas voces es tu voz», dijo en alusión a su pelea por el liderazgo del PSOE. «Estoy seguro de que vosotros profesores y estudiantes os habéis sentido vencidos y eso puede minar tu seguridad, pero solo si te dejas. Yo he pensado en abandonar pero hoy miro atrás y veo cómo los momentos más difíciles, los momentos de soledad y preocupación merecieron la lucha», insistió, haciendo un recorrido por las políticas que ha impulsado desde su llegada a Moncloa.

Líder con futuro

El presidente del Gobierno pretendía con este viaje, organizado en torno a su participación en la Asamblea General de la ONU, dar un paso más en su trayectoria, construirse un perfil propio en asuntos de política global (inmigración, igualdad, cambio climático...) y presentarse en sociedad como uno de los pocos políticos socialdemócratas en el poder; un líder con futuro («alguien que, un día, dentro de mucho tiempo será expresidente», dijo al director de Reuters, Stephen J. Adler). Así que se ha negado a consentir que la situación interna en España y esa sensación de que su Gobierno se disuelve como un azucarillo a medida que pasan los días empañaran su propósito.

Mientras en Madrid corrían ríos de tinta sobre la fragilidad de la legislatura, él dio orden de resistir el asedio, aprovechó sus intervenciones para dejar claro que no tiene intención de convocar elecciones hasta 2020 pese a las presiones de PP y Ciuadanos y siguió adelante con su agenda, procurando no involucrarse demasiado en la gestión de una crisis que ha recaído en la vicepresienta, Carmen Calvo, y en el secretario de Estado de Comunicación, Miguel Ángel Oliver, que esta vez no acompañó al jefe del Ejecutivo en sus desplazamiento, como suele ser habitual.

Sólo el domingo, en su comparecenia conjunta con el primer ministro canadiense, Justin Trudeau en Montreal, y el miércoles, en la bella residencia del embajador de España en Nueva York, junto a Central Park, Sánchez se vio obligado a salir de la burbuja y enfrentarse a las preguntas de la prensa nacional que lo seguía en su periplo. Para este sábado, en cambio, Moncloa había anunciado una nueva comparecencia ante los medios que finalmente fue cancelada.

Aun así, el presidente se ha topado en los foros de debate a los que ha asistido como protagonista y en los que se le ha podido ver manejarse con soltura y sin necesidad de traductor, con interrogantes sobre la estabilidad de su Ejecutivo, pero a Estados Unidos no han llegado aún las noticias que afectan a dos de sus ministros, tras la dimisión de otros dos en apenas cien días de gobierno. Lo que suscita dudas es la actitud del secesionismo catalán. Él ha aprovechado la ocasión para empezar a desmontar el discurso de la Generalitat que presenta a España como un país restrictivo y sin libertades. De hecho, allá adonde ha ido, incluida la ONU, ha defendido la calidad de la democracia española y los valores de su sociedad.

 

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