Valls se despide de Ciudadanos con un rechazo total a la estrategia de Rivera

Manuel Valls durante la rueda de prensa. / AFP

Se compromete a seguir como concejal en Barcelona y descarta crear un nuevo partido aunque colaborará con quien lo impulse

CRISTIAN REINOBarcelona

Manuel Valls estuvo este miércoles demoledor con Ciudadanos, el partido con el que se asoció para luchar por la Alcaldía de Barcelona y que rompió la alianza el lunes pasado después del apoyo del ex primer ministro francés a la investidura de Ada Colau.

Valls no es un político al uso. Guste o no, no tiene nada que ver con los que pueblan el panorama político español, que pueden estar horas frente a un micrófono sin decir nada. Desde las elecciones municipales del 26 de mayo, en las que fue elegido concejal, Valls ha comparecido dos veces y las dos veces planteó medidas de calado. En la primera, anunció que prestaría gratis sus votos a Colau para evitar que el independentista Ernest Maragall fuera alcalde. Su segunda intervención, la de ayer, para cargar con todo contra Ciudadanos, la formación que soportaba su plataforma y con la que ha estado aliado escasamente un año.

No quiso personalizar la ruptura en Albert Rivera, pero el alud de críticas que vertió en el Ayuntamiento de Barcelona iban enfocadas a la deriva política del líder naranja de pactar con el PP y Vox, y negar el apoyo a los socialistas. Para el ex primer ministro, la táctica del «cuanto peor, mejor» puesta en marcha, a su entender, por Rivera es «sectaria», «equivocada», «irresponsable» y además «peligrosa», en la medida en que el partido traiciona su ideario y se pone en manos de la extrema derecha. «Cuando hace un año me instalé en Barcelona -comentó- Ciudadanos era un partido liberal, progresista, europeísta y centrado». Esa misma formación, añadió, ha pasado a «pactar de hecho con una formación inliberal, reaccionaria y antieuropea». «No vale esconderse detrás del PP», avisó. «Es una deriva grave», sentenció.

Valls ya dio por hecha la ruptura tras las elecciones andaluzas en que Ciudadanos, de forma indirecta, se alió con Vox. Pero si el dirigente francés no consumó la separación entonces fue por su «compromiso» con de Barcelona y porque, aunque no lo dijo, perjudicaba sus expectativas electorales.

El exprimer ministro francés también cree que el proyecto de Ciudadanos no nació para dirimir una lucha por liderar la derecha o relevar al PP o para impedir la formación de un Gobierno constitucionalista que evitaría que Pedro Sánchez tuviera que recurrir a los independentistas. Según Valls, Ciudadanos afecta «negativamente a las posibilidades de confluencia constitucionalista».

Puñetazo en la mesa

Las críticas contra la dirección de Ciudadanos arrecian estos días desde todos los flancos del espacio liberal antinacionalista. Algunos de los intelectuales que estuvieron en el núcleo fundador del partido, como Francesc de Carreras, Arcadi Espada o Félix Ovejero, han pedido con énfasis a Rivera que rectifique. Su respuesta, lejos de cambiar el rumbo, ha sido dar un puñetazo en la mesa y romper con Valls como aviso a navegantes de las críticas internas, y para protegerse también de los movimientos que se están produciendo para articular formaciones que puedan hacerle la competencia.

Valls afirmó que no está entre sus planes «construir un nuevo partido», pero dejó la puerta abierta a colaborar con otros proyectos. Llamó al constitucionalismo a darse un tiempo de reflexión y de debate para armar una nueva estrategia y ponerse al día. En ese escenario, admitió que está dispuesto a «ayudar» para «unir» ese espacio no independentista. Dicho de otra forma, su intención no es liderar un partido en las próximas elecciones catalanas, previstas para dentro de un año como mucho, pero participaría en uno que buscara recuperar el electorado de Ciudadanos que ha quedado «huérfano» porque existe un espacio de tolerancia y moderación.

Se comprometió a mantenerse como concejal en Barcelona y volvió a defender su voto a favor de Colau. Había que elegir, dijo. «Colau no es lo mismo que Maragall», señalo. Eso sí, reclamó a la alcaldesa que retire el lazo amarillo de la fachada del Ayuntamiento.

La dirección de Ciudadanos no tardó nada en replicar y su portavoz, Inés Arrimadas, afirmó que no acepta lecciones de constitucionalismo de Valls. «Nosotros nos hemos partido la cara en Cataluña, hemos sufrido amenazas de muerte y agresiones. Y vamos a seguir siendo la voz de los constitucionalistas que saben que tener a Colau en el Ayuntamiento es tan mala idea como tener a Maragall».

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