Coimbra, histórica ciudad portuguesa de alma medieval

Coimbra, histórica ciudad portuguesa de alma medieval

Fue capital del país durante más de cien años y a día de hoy presenta una hermosa silueta labrada a través de los siglos

ÁLVARO ROMERO

La hermosa ciudad de Coimbra se asienta en el centro del territorio portugués, en el distrito homónimo, situándose concretamente en la región histórica de Beira Litoral. Desde allí fue la capital medieval de Portugal durante más de un centenar de años, y a día de hoy es sede de la universidad más grande del país. Por todo ello tiene una gran importancia en la historia del país luso.

Coimbra recibe cada año a miles de visitantes dispuestos a conocer los espectaculares monumentos que alberga, recorrer sus estrechas callejuelas, patios y arcos medievales, calificados como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Conocer la cultura fadista, su interesante vida nocturna, el ambiente joven que inunda sus calles y degustar la magnífica gastronomía local.

A pie por Coimbra

Se muestra como una urbe concentrada, perfecta para ser visitada a pie. El río Mondejo da vida a la ciudad y acaricia el casco urbano dejándolo al noroeste de su cauce, sobre una pequeña elevación del terreno. Desde las orillas se aprecia la bella silueta que presenta Coimbra, una pintoresca estampa repleta de edificios llenos de historia. A pocos metros se aprecia el contraste, zonas modernas, centros comerciales, infinidad de pubs y restaurantes de reciente construcción contribuyen a formar una de las metrópolis más importantes de Portugal.

Cada caminata por Coimbra es una nueva sorpresa, factor que enriquece toda visita. El trazado urbano se divide en dos, la parte alta y la baja, siendo la primera de ellas la más pintoresca. Para conocerla de la mejor manera es necesario atravesar el arco de Almedina, antigua puerta morisca. Las calles comienzan a tornarse inclinadas y estrechas, abundan las tiendecitas de suvenires y los suelos empedrados.

Palacios y catedrales comienzan a aparecer, edificios de la talla del Palacio de Sub-Ripas, antigua torre defensiva de la línea amurallada adaptada para residir en el siglo XVI; la Catedral Vieja, monumento románico del siglo XII, y la Catedral Nueva, levantada en el siglo XVI. Todo ello sin olvidar la auténtica seña de identidad de la ciudad, la Universidad de Coimbra que, junto con la calle Alta y Sofía son los núcleos arquitectónicos más destacados, reconocidos como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, con un total de 31 monumentos entre los que se encuentran la Torre del Reloj, la Capilla de San Miguel o la Biblioteca Joanina.

Las plazas se consolidan como enclaves básicos para el día a día de los conimbricenses, allí tanto vecinos como turistas encuentran bellas zonas donde relajarse, descansar y disfrutar del verdadero ambiente portugués. La de la República o la del Comercio son dos de las más importantes, esta última situada en la zona baja y escoltada por dos iglesias, la de San Tiago y la de San Bartolomé. Ambas plazas se presentan siempre animadas, repletas de cafés y restaurantes.

Deliciosa gastronomía

Además de por su belleza y la hospitalidad de sus gentes, Portugal se caracteriza por contar con una deliciosa gastronomía. En la ciudad de Coimbra las tabernas y restaurantes tradicionales muestran un ambiente animado y distendido, allí es posible degustar todo tipo de bocadillos y platos típicos que no dejan indiferente a nadie. Merece la pena probar delicias como la chanfana, el cochinillo asado al estilo Bairrada o el arroz de lampreia.

Todo ello sin olvidar la confitería, pues tiene raíces profundas en estas tierras, en gran parte debido a los diversos conventos y monasterios que existían en la ciudad. Destacan también dulces como el pudin de las Clarissas, los crúcios o el bolo de San Antonio, todas ellas recetas ancestrales con cientos de años de historia que se han adaptado a la cultura moderna, conservando el sabor que una vez tuvieron.

Fado en Coimbra

El fado en Coimbra es una expresión musical única en el mundo. Históricamente era cantado y tocado por los estudiantes de la Universidad, según la tradición solo por hombres cuyas letras evocaban el anhelo y el amor por la mujer o la ciudad que amaban. Se caracteriza por su origen erudito, raíces populares y su desarrollo en la calle, al contrario que el fado lisboeta, cantado sobre todo en tabernas y casas de fado.