Ciudadanos resignados

La formación naranja agota con su deriva oficialista y cada vez más a la derecha a parte de sus bases, que se resignan a ver como se premia a los obedientes y se aparta a los díscolos

Ciudadanos resignados
Ismael del Álamo
ISMAEL DEL ÁLAMOBurgos

¿Qué fue del partido regenerador llamado a hacer nueva política? Esta es la pregunta que se hacen varios de los afiliados de Ciudadanos de Burgos, después de ver como la formación empieza a parecerse más a una «secta» (en palabras de afiliados) que a una organización política. El estás conmigo o estás contra mi ha llevado a que en los procesos de democracia interna las candidaturas oficialistas, las que apoyan a pies juntillas las decisiones de Albert Rivera, se impongan con solvencia sobre los díscolos que aún creen que puede haber varias posturas dentro de Cs.

Se ha visto recientemente en las elecciones para constituir una nueva Asamblea Local en Burgos. Dos candidaturas, la «oficialista», encabezada por Carlos Martínez Falcón, y la «regeneradora», de Jorge Villamudria. La primera se impuso con solvencia sobre la segunda, 35 votos a 20. Sin embargo, el censo de los afiliados con derecho a voto (con más de seis meses de antigüedad a partir del 29 de julio), a juicio de los de Villamudria no estuvo bien conformado.

Así se reflejaron en un anexo de impugnación sobre el acta del resultado de la votación. Sin embargo, lo que meses antes fue una tormenta que estuvo a punto de borrar del mapa a Ciudadanos en Castilla y León -y me refiero al pucherazo en favor de Silvia Clemente-, se quedó en este caso en una pataleta sin consecuencias.

La candidatura menos votada, entre la que se encontraban miembros de Cs con bastante antigüedad, como Gloria Bañeres y Rodrigo Ibeas, entre otros, se resignó a adjuntar un texto al acta, y prefirió no elevarlo al Comité de Garantías de Cs para iniciar una investigación sobre la conformación de ese censo como la que en su día dio la vuelta a la tortilla en la Secretaría Autonómica del partido. Y esto pone de manifiesto que la resignación y el cansancio con lo que ocurre en Cs acaba cribando a los menos obedientes. A pesar de estar convencidos de un flagrante error, Villamudria y compañía prefirieron dejarlo pasar, como dejan pasar el apego a un partido que se ha desviado del centro para alinearse con Vox cuando la situación lo requiere.

Pero si algo les mantiene en las filas naranjas, en algunos casos, no es otra cosa que el tremendo tortazo que le dieron a la cúpula con la victoria ante la oficialista y ex popular Silvia Clemente. El asunto del pucherazo aún está en Fiscalía y no se resisten a ir hasta el final. De hecho, algunos de ellos reconocen que se personarán en la causa y solo si siguen siendo miembros de Ciudadanos su declaración podrá ser tenida en cuenta, al tener un interés legítimo en la resolución.

Esto es lo único que les une a la formación naranja, el que se esclarezca quién dio la orden y ejecutó el pucherazo interno para que Francisco Igea, un candidato con personalidad, pero que a la postre ha tragado con las ruedas de molino que nunca pensó que tragaría (pactando con el PP), no ganara. Todo lo demás es ir contra un torrente oficialista que no pueden remontar, a menos que el gurú político yerre en su postulado de nada con el PSOE y sean los electores quienes le muevan de su sitio.