Contra la despoblación, menos teoría y más práctica

Los pueblos burgaleses se vacían de gente mientras se llenan de jornadas donde se reflexiona sobre la despoblación | Eventos que no logran que la retórica se transforme ni en recursos ni en cambios

Imagen de archivo de un pueblo soriano donde un vecino mayor charla con uno más joven. Soria es otra de las provincias que, como Burgos, sufre la despoblación. /Concha Ortega / Ical
Imagen de archivo de un pueblo soriano donde un vecino mayor charla con uno más joven. Soria es otra de las provincias que, como Burgos, sufre la despoblación. / Concha Ortega / Ical
Aythami Pérez Miguel
AYTHAMI PÉREZ MIGUELBurgos

Por estos lares todo es medio rural, lo que implica despoblación pero también ingenio y fortaleza. Los pueblos burgaleses, y los de muchas otras provincias de España, se vacían, el fenómeno no es nuevo. Lo que ocurre ahora es que los pueblos se vacían de gente y se llenan de congresos y jornadas sobre la despoblación.

Estos eventos han obtenido, en parte, sus frutos. Los políticos han incluido el problema de la despoblación en sus discursos, pero no han llegado a calar con la urgencia que se necesita en sus agendas y medidas.

La semana pasada se celebró un congreso sobre la despoblación en Villahoz. Hace unas semanas se produjo un evento similar en El Burgo de Osma, localidad de la vecina Soria. Esta semana que dejamos atrás también se ha vivido otra jornada sobre este problema en Peral de Arlanza. Estas son solo las últimas que se me vienen a la memoria. Algunas son más motivadoras o efectivas que otras pero lo que ninguna logra es que la retórica mute en recursos.

Por todos lados brotan jornadas sobre despoblación o repoblación, pero es que desde el año 2007 ya existe una Ley para el Desarrollo Sostenible del Medio Rural. La teórica parece estar clara, ahora es el momento de llevarla a la práctica. Para ello hay que escuchar a los vecinos del medio rural, esos que llevan años sufriendo las consecuencias de la despoblación, dejando a un lado el paternalismo y prestando atención a sus conocimientos. Ellos tienen las claves, las instituciones la forma de ponerlas en práctica, aunque no lo hayan demostrado todavía.

Es cierto que nos encontramos ante un problema de solución compleja pero si nada se pone en práctica, seguiremos igual. En BURGOSconecta hemos publicado recientemente cómo un joven se trasladó a Pineda de la Sierra y ha instalado un rebaño de vacas, animales que ya no había en el pueblo. También se habló de otro hombre de Covarrubias que cuida un rebaño de vacuno en extensivo en esta localidad, donde hacía años que no se veía una vaca. Hemos hablado de emprendedores rurales, de gente que apuesta por los pueblos pero también de la falta de cobertura móvil y de internet que han sufrido Lerma y Covarrubias en el último mes, de los retrasos en la ampliación de un instituto o de la falta de médicos rurales.

La gente no quiere abandonar sus pueblos pero necesita medios para no hacerlo no lecciones teóricas. Suturar la brecha rural precisa de inversión. No hacerlo supone prolongar la frustración. Hay que reformar el modelo de financiación autonómica, diseñar un modelo fiscal con ventajas para aquellos que apuesten por instalarse realmente en un pueblo, ayudar con técnicos a aquellos que se lancen a iniciar un negocio en el medio rural, escuchar y resolver las quejas sobre la PAC. Extender las nuevas tecnologías, aumentar las líneas de subvención para financiar que se implante Internet allí donde es menos rentable para las empresas. Pese a la abundante palabrería de todas estas jornadas, las trabas para instalarse en los pueblos son evidentes.

La gente va donde hay trabajo pero también servicios. Es hipócrita hablar de despoblación mientras se reconoce la incapacidad de cubrir las vacantes médicas en el medio rural burgalés. No es necesario ni realista que cada pueblo tenga todos y cada uno de los servicios pero sí que el vecino de esa pequeña localidad no tenga que salir de la comarca para disfrutar de ellos.

Cuando los discursos den paso a cambios igual nuestros pueblos dejan de llenarse solo en agosto. O igual no pero, al menos, habremos pasado de la teoría a la práctica y podremos aprender de los errores para avanzar en la repoblación, más allá de este mes de agosto.