El dolmen de El Pendón acogió rituales funerarios con el fuego como protagonista

Con motivo del final de la campaña se ha realizado una visita y explicación/BC
Con motivo del final de la campaña se ha realizado una visita y explicación / BC

La campaña, ya finalizada, también ha permitido documentar restos del año 5.300 a.C, aproximadamente, que demuestran que se asentó una población desde inicios del Neolítico

Cristina López Reques
CRISTINA LÓPEZ REQUESBurgos

Ritual con el fuego como protagonista en el que se realizó una especie de tira de huesos, especialmente de niños. Ese fue probablemente el último rito de clausura -aunque no el único- y de abandono como tumba del dolmen de El Pendón, en la localidad burgalesa de Reinoso, y así lo explica Manuel Rojo, catedrático del equipo de investigación de Prehistoria de la Universidad de Valladolid (UVA) tras la finalización de la campaña de excavaciones de julio.

Se trata de un dolmen «especial», afirma Rojo, ya que ha tenido una biografía muy extensa. En concreto, se han confirmado tres fases de uso en las que se han llevado acciones «espectaculares», tales como el desmantelamiento del pasillo y de una parte del túbulo. Y es que, al principio fue una tumba, pero se pavimentaron los alrededores para dar paso a un lugar de rituales. También se confirma que hubo fase de clausura con piedras areniscas de color rojo, «en la que probablemente los que enterraban a la gente jugaban con el color», explica el catedrático.

En este sentido, la campaña también ha concluido que diferentes partes del cuerpo fueron recolocadas alrededor de los ortostatos, los bloques de piedra verticales que conforman los muros de la cámara funeraria. En el lugar se calcula que hay enterrados alrededor de 50 cuerpos y el análisis de los huesos demuestra, gracias a los osteofitos, que había un trabajo intenso con los brazos, es decir, se confirma la artrosis en muchas de esas personas, y también un desgaste importante de los dientes.

Otra de las principales novedades que se han documentado con esta campaña de excavaciones es que el lugar fue ocupado antes de lo que se creía. En este sentido, Rojo explica que se han encontrado restos que se pueden situar a finales del sexto milenio, en torno al año 5.300. Así, tanto la ubicación del dolmen como el propio valle en el que se encuentra el pueblo fue un lugar en el que se asentó una pequeña población desde inicios del Neolítico.

Microlitos geométricos o cerámicas decoradas con técnicas impresa, características de los momentos de la neolitización, que contrastan con materiales hallados en el interior del monumento, más propios del Neolítico final o Calcolítico, explica Rojo. En este últimos se pueden clasificar puntas de flechas de retoque plano, adornos de cuencas de collar de hueso o láminas de sílex retocadas. Materiales significativos que se han encontrado durante los días de excavaciones, aunque todavía hay algo pendiente. «Debido a la poca superficie trabajada, no se ha podido documentar ninguna estructura, tales como cabañas», reconoce el catedrático. Sin embargo, «la buena investigación también es aquella que genera más investigación» y esta «ha abierto nuevas puertas para investigar desde la población anterior que lo ocupó hasta la construcción del monumento».

 

Fotos

Vídeos