Los dólmenes de La Lora

Ortostratos de la cámara sepulcral del dolmen de Las Arnillas. /Javier Prieto
Ortostratos de la cámara sepulcral del dolmen de Las Arnillas. / Javier Prieto

Las comarcas burgalesas de Sedano y La Lora atesoran una de las mayores concentraciones dolménicas de Europa

JAVIER PRIETO

Se cuentan entre las primeras construcciones monumentales realizadas por el ser humano en el planeta Tierra, anteriores, incluso, a las pirámides de Egipto. Y las hicieron para enterrar a sus muertos. Hace unos 5.500 años, los habitantes burgaleses del neolítico sintieron la necesidad de colocar en un lugar específico a los miembros de la comunidad que fallecían. Y el resultado fueron unas construcciones colosales tanto por sus dimensiones como por el enorme esfuerzo colectivo que implicaban. Más, si alcanzamos a imaginar, aunque sea remotamente, la tecnología a su alcance: muchas de las piezas que componen estos puzzles neolíticos pesan más de tres toneladas y fueron trasladadas de canteras que no estaban a la vuelta de la esquina. ¿Cómo lo hicieron?

Los dólmenes o megalitos surgen como enterramientos colectivos usados durante el Neolítico y hasta un momento indeterminado de la Edad de Bronce para dar sepultura a los muertos. Estas cámaras sepulcrales, auténticos pozos excavados a medias sobre el terreno, que presentan formas circulares cuanto más modernos y que estuvieron en uso durante casi un milenio, se constituyeron como auténticos depósitos de cadáveres usados a lo largo de generaciones y generaciones. Algo que evidencia la superposición desordenada de restos y objetos funerarios, consecuencia de siglos de enterramientos.

Lo excepcional, en este caso, es la abundancia de estos monumentos funerarios, más de 30 en un área relativamente pequeña enmarcada entre las comarcas burgalesas de Sedano y La Lora. Para los arqueólogos, uno de los conjuntos dolménicos más importantes de la Península. Cuatro de ellos, excavados, consolidados y señalizados sirven para hilvanar una ruta que es, también, una forma de entrar en contacto con las sensibilidades de nuestros antepasados más remotos.

La mejor forma de organizar este viaje al pasado es comenzando por el Centro de Interpretación del Valle de Sedano Miguel Delibes. En él, paneles y vídeos, nos preparan para entender algo mejor el significado de unas construcciones que, dada su excepcionalidad y rareza, estuvieron durante siglos revestidas por el manto de la magia y el ocultismo.

La estructura común a todas ellas es la de una cámara sepulcral. Este espacio se delimita con lajas rectangulares de piedras puestas en pie, algunas con más de tres toneladas de peso y de hasta 3 metros de altura. Dado que no han aparecido otro tipo materiales procedentes de derrumbes, se sospecha que la cubierta de la cámara se realizaba con entramados de madera y ramajes. El pozo y el corredor se abrigaban con un gran amontonamiento de tierra y piedras bajo el que finalmente quedaban sepultados. Nacía así un nuevo montículo sobre el terreno al que algunos estudiosos otorgan también la función de hito que serviría para señalar la posesión de un entorno territorial determinado.

También es un elemento común el acceso a la cámara sepulcral a través de un pasillo estrecho y largo, el corredor, orientado hacia el sol naciente y delimitado, como la cámara, por grandes lajas de piedra rectangulares, esta vez en posición horizontal.

Entre los datos que ha aportado la excavación científica de estos monumentos, que estuvieron en uso desde la segunda mitad del V milenio AC hasta comienzos del III AC, es el hallazgo de sujetos de todas las edades, con predominio de individuos de entre 26 y 27 años, adultos varones plenamente desarrollados teniendo en cuenta la esperanza de vida de entonces. Pero se echa en falta la relativa escasez de niños y mujeres, de donde los expertos deducen que existía una cierta selección de los individuos a los que estaba destinado el monumento funerario, puede que en función de un cierto reconocimiento social.

También han aparecido ocasionalmente cráneos con evidencias de intervenciones quirúrgicas, trepanaciones destinadas a aliviar los síntomas de algunas enfermedades que debían de presentarse como terribles, a tenor del remedio aplicado. Intervenciones realizadas con éxito en algunos casos –al menos en cuanto a la supervivencia del paciente–, como demuestran las marcas de cicatrización en los huesos.

Cámara sepulcral del dolmen de El Moreco.
Cámara sepulcral del dolmen de El Moreco. / Javier Prieto

El primero de los túmulos

El viaje hacia el primero de los túmulos lleva desde Sedano por la BU-V-5032 hasta Gredilla de Sedano. Un kilómetro y medio después de pasar esta localidad, en una curva y casi frente a unos de los pocos colmenares tradicionales que aún pueden verse, arranca la pista de tierra que conduce hasta el dolmen de Las Arnillas, el más llamativo y espectacular del conjunto de megalitos burgaleses. Tras internarse por el valle de La Granja el camino, señalizado todo él con trazos de pintura roja, va ganando altura hasta alcanzar, en unos 45 minutos desde el inicio –si se va a pie–, este dolmen.

De considerable envergadura, presenta un túmulo de más de 25 metros diámetro y algo más de dos metros de altura. Destacan también las dimensiones del pasillo de acceso, con doce metros de longitud. Precisamente en el pasillo aparecieron durante su excavación trece cráneos, algunos de ellos con trepanaciones, lo que sugiere un posible culto al cráneo.

Hacemos el siguiente alto en el dolmen de El Moreco. Lo encontramos al borde derecho de la carretera que desde la BU-V-5032 se dirige hacia Huidobro. Su túmulo tiene cerca de 30 metros de diámetro por dos de altura. La datación de una madera de roble encontrada en la base del túmulo arrojó el dato de que este dolmen fue construido hace 5.200 años.

Para visitar el de La Cotorrita hay que salir hasta la CL-629, tomarla hacia Villarcayo y luego desviarse por la BU-V-5143 hacia Pesquera de Ebro. Un poco antes de Porquera de Butrón sale por la izquierda la pista de tierra que en algo menos de un kilómetro lleva hasta el dolmen.

También es visitable el dolmen de La Cabaña, al que se accede en 300 metros por el camino que sigue el curso del arroyo Navazal desde Sargentes de Lora.

MÁS INFO: valledesedano.org.

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