La burgalesa Inés Nieves «era feliz» en su labor como misionera en África, truncada con una muerte «cruel»

Imagen de Inés Nieves, con su hábito, en compañaía de su hermana pequeña/BC
Imagen de Inés Nieves, con su hábito, en compañaía de su hermana pequeña / BC

La familia de la religiosa burgalesa asesinada en República Centroafricana lamenta la falta de información | Inés Nieves salió de Tordómar con 12 años con destino a Francia

Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

Ella era feliz en República Centroafricana. Allí llevaba más de viente años atendiendo a los más desfavorecidos, principalmente a niñas y jóvenes a las que enseñaba a coser, de la mano de las Hijas de Jesús de Massac. Era lo que le gustaba hacer, pese a los peligros que sabía que corría, y con eso se queda su familia. Con su felicidad, a pesar de las trágicas circunstancias de su muerte, asesinada a sangre fría el domingo en la aldea de Nola, cerca de la ciudad de Berberati.

Inés Nieves Sancho López era burgalesa. Nació en Paúles del Agua, una pedanía de Avellanosa de Muñó, aunque siendo muy pequeña se trasladó al municipio próximo de Tordómar. De allí salió con 12 años rumbo a Francia, a la congregación religiosa para la que estuvo sirviendo durante toda su vida, explican miembros de su familia con los que ha podido hablar BURGOSconecta.

De sus misiones volvía cada cuatro años, pasaba por Francia y viajaba a España a visitar a la familia. «Solo venía de visita», apuntan, pues sus obligaciones religiosas no le permitían vacaciones y, sobre todo, a visitar a su madre. Aprovechaba el escaso tiempo que tenía libre para estar con su madre. Cuando esta murió, se dedicó a sus hermanos. Eran cinco, quedan con vida tres, apuntan, y una de ellos frecuenta Avellanosa de Muñó.

Imagen de Inés Nieves de joven
Imagen de Inés Nieves de joven / BC

Pasa temporadas, afirma el alcalde, Enrique Ortega, y es a la que más conocen los vecinos de este municipio que apenas cuenta con 13 habitantes en invierno. A Inés Nieves se la conoce también, pero mucho menos, pues visitaba con menor frecuencia Avellanosa. La última visita al pueblo la realizaría hace seis años, comenta la familia, pues pasaba sus días libres con ellos, sí, pero allí donde residen, en el País Vasco.

«Ella era feliz», insisten. «Si hubiera muerto de muerte natural, ley de vida», reconocen, pero su asesinato a sangre fría, decapitada, es difícil de asumir. «De esta forma tan cruel, nos dan igual los motivos», aseguran, si bien todavía está pendiente determinar el porqué de este asesinato, si ha tenido que ver con el tráfico de órganos como apuntan algunas fuentes.

Lo único que desean en la familia es que Inés Nieves sufriese lo menos posible. «Que haya sufrido es lo que más angustia nos genera», reconocen, y lamentan también la escasa información que se les ha facilitado. Ha llegado a cuentagotas, a través de la congregación, y sin muchas explicaciones. Sin poder ni siquiera darle un último adiós, afriman, pues la religiosa fue enterrada el martes en Nola.

Mientras, en España el asesinato de la misionera ha causado una fuerte conmoción, y en Burgos mucho más. En Avellanosa de Muñó están consternados, siguiendo la escasa información que se genera. Aun así, la familia agradece la atención prestada y afirma que, al menos, la muerte de Inés Nieves se conoce y sirve para visibilizar el trabajo que realizaba.

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