El llenado del embalse de la presa de Castrovido comenzará en otoño de 2018

Las obras de Castrovido ya están encarando su recta final/BC
Las obras de Castrovido ya están encarando su recta final / BC

El subdelegado del Gobierno sitúa el fin de una de las obras más esperadas de la provincia en otoño de 2019

LIDIA SIERRA/ICALBurgos

El llenado del embalse de la presa de Castrovido comenzará en el otoño del próximo año. Así lo avanza en declaraciones a Ical el subdelegado del Gobierno, Roberto Saiz, que entiende que los próximos doce meses serán cruciales para una de las obras más esperadas en la provincia de Burgos y que, con toda probabilidad, estará culminada en el año 2019, una vez quede ratificada con el visto bueno de las pruebas de resistencia y otros puntos de seguridad.

Castrovido será, por tanto, una de las obras que ha de marcar el próximo año poniendo punto y final a uno de los trabajos más faraónicos y mediáticos de la provincia. Así, de cara a los próximos dos años se finalizarán todos los trabajos de una obra que se encuentra ejecutada en un 98 por ciento con un importe de obra ejecutada de 219 millones de los 231 totales.

Así lo explica Saiz, quien destaca los 802.000 metros cúbicos de obra hormigonada que ya hay concluidos y los 13.000 que restan de ejecutarse. Trabajos que se «rematarán» en los primeros meses de 2018 para que el agua pueda comenzar a inundar el embalse después del verano. En la actualidad, de los 31 bloques de hormigonado en los que se divide la planta, 23 ya se han coronado, quedando ocho por concluir en una labor que el subdelegado recuerda «es casi artesanal y muy minuciosa».

En concreto, las estimaciones que tiene la Subdelegación de Burgos, y que ratifica la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD), hablan de otoño de 2018 una vez se remate la pared.

El llenado también se acometerá por fases, comenzando por una primera que contempla un 30 por ciento del total, seguida del resto hasta que se compruebe que el funcionamiento y seguridad son los adecuados.

«Lo importante es que en Castrovido se ha pasado de preguntar si se iba a hacer la presa a hablar del momento de finalización», asevera el subdelegado, que entiende que la finalización marca «un antes y un después» para las poblaciones de la comarca del Arlanza, que verán regulado el caudal de sus ríos tras décadas de espera.

El fin, en 2019

El calendario final de la obra se encuentra marcado por tres fechas. En verano de 2018 estará finalizada la presa de cola del embalse para que en ese otoño comiencen las pruebas de llenado. Una especie de examen final que habrá de determinar si la ejecución es la adecuada o si es necesario algún remate. Con todo, Saiz estima que el fin de las obras de Castrovido «pueda producirse en octubre de 2019».

Obra faraónica y mediática

Quedará concluida entonces una obra faraónica que no ha estado exenta de polémicas, retrasos e infortunios como el accidente que se cobró la vida de varios trabajadores en otoño de 2011. Hablar de Castrovido es hablar de una obra que en algunos momentos ha parecido no tener fin e incluso inicio de partida.

La presa de Castrovido lleva años llenando las páginas de los periódicos y avivando el debate político que gira en torno a su construcción. Su historia comenzó a llenar las páginas de los diarios locales en nada más y nada menos que el lejano 1920, hace casi un siglo, aunque no fue hasta los años 90 y principalmente el inicio del siglo XXI, cuando la presa tomó forma y ritmo.

Gestado en los años 80 y principios de los 90, el proyecto de la construcción de un embalse en las inmediaciones de la Sierra de la Demanda no vio la luz hasta el año 2000, cuando el Ministerio de Medio Ambiente publicó en el Boletín Oficial del Estado la aprobación del proyecto de la mediática presa. Sin embargo, no fue hasta el año de 2004 cuando se puso la primera piedra y se iniciaron unos trabajos que, si se echa mano de hemeroteca, deberían haber concluido en el año 2007.

El punto más triste de la construcción hay que situarlo en octubre de 2011, cuando cuatro personas perdieron la vida cuando una cuba de hormigón cayó sobre los operarios que se encontraban trabajando en la zona de hormigonado 20, lejana del margen del Arlanza. El accidente acabó con la vida de tres hombres y una mujer. Concretamente, perdieron la vida Mariano Rodríguez Chaparro y Lorenzo Tomé Amores, ambos naturales del municipio cacereño de Ceclavín, y su paisano, Ángel Rubio González, vecino del también cacereño pueblo de Valdencín. Los tres se encontraban en el lugar junto a la topógrafa valenciana, natural de Algemesí (Valencia), Noelia Rodríguez Pascual, de 36 años.

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