Mecerreyes defiende su gallo de Carnaval

La localidad burgalesa representa su fiesta pagana, recuperada tras la dictadura, en la que los mozos intentan robar el ave al rey, simbolizado en un niño, y protegido por el zarramaco

La localidad de Mecerreyes celebra su tradicional Corrida del Gallo de Carnaval/Míriam Chacón - ICAL
La localidad de Mecerreyes celebra su tradicional Corrida del Gallo de Carnaval / Míriam Chacón - ICAL
J. LÓPEZ - ICAL

Llegan las cinco de la tarde a Mecerreyes. El rey, el gallo, los mozos y el zarramaco son los protagonistas de una fiesta pagana, originaria de tiempos inmemoriales, que la localidad burgalesa cuida y mima desde 1980, año en que se recuperó tras prohibirse al inicio de la Guerra Civil y durante la dictadura franquista. Y la población se vuelca en la celebración, con los cánticos de su copla más tradicional: «El que entre a por el gallo / lo que en limpio va a sacar / es un palo con la estaca / y no pueda reclamar».

Una vez preparados el gallo vivo y el de trapo (que se usa en la corrida para que el de verdad no sufra daños), colocados en la rueca y adornados con un mantón, el zarramaco, acompañado de alguaciles y mozo mayor, encargados de vigilar el buen desarrollo de la fiesta, y al ritmo de las dulzainas, se dirige hasta la casa del rey, siempre un niño, para hacerle entrega del gallo.

Desde allí, la comitiva se dirige al Ayuntamiento, donde los alguaciles se encargan de organizar bien las calles, los danzantes se incorporan y el coro comienza a cantar. «Entre copla y copla suena la música de dulzaina, y es en ese momento cuando los mozos pueden entrar a por el gallo; si el que entra consigue hacer un recorrido y devolver el gallo al rey, recibirá los aplausos del público; si por el contrario recibe un garrotazo o 'tarrañuelazo', deberá devolver el gallo al zarramaco», narra Benito Mambrillas, miembro de la Asociación Cultural Mecerreyes y uno de los mejor conocedores de la fiesta. Una vez finalizado todo el recorrido el gallo se subastó.

Mambrillas admite que el «origen es muy difícil de precisar». «Es pagana y todas las fiestas de gallos se achacan al periodo romano. ¿Hasta qué punto es eso cierto? pues eso es difícil de saber», se responde a sí mismo, en declaraciones a Ical. «Está claro que tiene vinculación con la sangre y la fecundidad», comenta. Al parecer, posteriormente, en 1637, la fiesta pudo ser consecuencia también de la independencia de Mecerreyes de Covarrubias, momento en que el rey de la época concedió fueros al pueblo tras el pago de varios maravedíes de los vecinos. «Y puede que así nos haya llegado a nuestros tiempos tras el cambio de rumbo de la fiesta», ensalza Mambrillas, quien en todo caso, en plena faena festiva, destaca que lo «importante» es que la celebración cada vez tiene más adeptos y mayor consolidación al volcarse el pueblo.

Trabajo con los ancianos

Para recuperar de forma «pura y fidedigna», prosigue Mambrillas, Mecerreyes se entrevistó con muchas personas de entre 70 y 90 años de la localidad durante los años 80 y 90, ya que ellos «habían vivido la fiesta hasta los años 30, antes de la Guerra Civil». En aquel momento era una fiesta «muy organizada. Lo hacía una cuadrilla de mozos, que nombraban un alcalde y alguaciles y «escotaban para contratar a los zarramacos, para la compra del gallo y los propios mozos». «Eran otros tiempos. Los que entraban en la corrida y lograban llevarse el gallo tenían para que su familia comiera uno o dos días», relata este vecino de la población burgalesa, quien explica que hoy en día, «por fortuna», no es necesario. De hecho, el gallo vivo se subasta al final de la fiesta, por el que se «pueden pagar entre 50 y 100 euros», pero de forma simbólica.

A principios de siglo, el zarramaco, que comúnmente es «fornido y fortachón» y va vestido con pieles y cencerros y la cara pintada, contaba con una estaca, como hoy en día, y corría detrás de los mozos que intentaba 'robar' el gallo. «A alguno nos han contado que le abrieron la cabeza», sostiene. Hoy, esta figura porta la misma estaca e intenta marcar «un poco en la espalda» de los mozos. «Si alguno insiste se lleva algún golpecillo, pero no es doloroso», desliza.

La estaca, conocida como 'tarrañuela', es un palo largo rajado de arriba a abajo, de tal forma que cuando golpea a un mozo «las dos partes chocan entre sí y provoca un sonido más fuerte de lo que es realmente, para intimidar».

Por su parte , la figura del rey, principal personaje y alrededor del cual gira la fiesta, va vestido «con unos pololos y un gorrito en la cabeza y una cinta cruzada por el pecho». «No tiene malicia, porque es un niño, y por ello posee al gallo.

Junto a ellos, un mozo mayor y alguaciles, que se encargan de que los visitantes no invadan las calles. «Siempre son gente del pueblo», agradece Mambrillas, quien recuerda que en los primeros años había «problemas para encontrar personas y ahora hay que seleccionar». Lo mismo sucede con los danzantes, principalmente «chavales jóvenes que se vuelcan con la fiesta, como un día grande en Mecerreyes», quienes colocados en dos filas y flanqueando al rey, danzan al son de una tonada interpretada por las dulzainas y el tamboril.