Las bodegas de la Ribera defienden la limpieza segura y sin productos tóxicos de los depósitos de vino

Limpieza de los depósitos de vino en las bodegas arandinas. /Susana Gutiérrez
Limpieza de los depósitos de vino en las bodegas arandinas. / Susana Gutiérrez

El fallecimiento de tres trabajadores cuando realizaban el mantenimiento en una cuba ha puesto en el punto de mira estas tareas

Susana Gutiérrez
SUSANA GUTIÉRREZ

Se trata de una práctica habitual en las bodegas, la limpieza de los depósitos de vino una vez vaciados para que se encuentren en las condiciones óptimas para recibir la siguiente cosecha de uva. Se trata de una actividad tradicional que, en la mayor parte de los casos, se realiza por parte de los trabajadores de la propia bodega, pero también existen empresas especializadas en estas tareas que se contratan por parte de algunas elaboradoras. El fallecimiento por intoxicación por inhalación de gases de tres trabajadores en Bodegas Paniza en la provincia de Zaragoza, mientras realizaban tareas de limpieza en un depósito subterráneo, ha puesto en el foco de atención está práctica que muchos consideran dentro del día a día de esta profesión. Algo que afecta a un sector muy importante en la economía regional, ya que en Castilla y León hay más de 600 bodegas.

El accidente mortal de Aragón tuvo lugar en un depositito subterráneo de cuatro metros de profundidad y con un único acceso. Un tipo de depósitos que cada vez están más en desuso en la región, ya que en la actualidad se apuesta por almacenamientos en superficie con una entrada superior y una puerta inferior. El material más utilizado en estos depósitos es el acero inoxidable, aunque también se usan de hormigón, madera o barro. «Los depósitos subterráneos y de profundidad prácticamente sólo existen ya en las antiguas cooperativas, están prácticamente fuera de servicio», defiende el director de Bodegas Fuentespina, Miguel Ángel Gayubo, aludiendo a que en ese tipo de depósitos es obligatorio meterse para hacer las labores de limpieza. En los modernos existe también la posibilidad también de limpiar desde fuera.

En cualquier caso, en el sector bodeguero de Castilla y Léon se muestran sorprendidos con este trágico suceso, ya que, a falta de datos oficiales de la autopsia, se habla de unas posibles víctimas del denominado «tufo» o inhalación de CO2 por la fermentación de uva. Una circunstancia que se da habitualmente en temporada de vendimia, cuando el azúcar del mosto se convierte en alcohol etílico gracias a la acción de las levaduras naturales, presentes en las pieles de las uvas. «En mi opinión tufo y limpieza de depósito no es compatible, tiene que haber algún otro factor», afirma Juan Manuel Burgos, de Bodegas Avan. Algo en lo que coincide Miguel Ángel Gayubo quien considera que es algo que se da en época de vendimia, «veo dificilísimo que haya una refermentación, no me los explico, algo extraño tuvo que pasar». La misma postura defiende José Manuel de las Heras de Bodegas Hemar, quien coincide en que es una situación compleja y habrá que esperar a los resultados de la investigación, «es algo que nos ha sorprendido, no es habitual», mantiene.

En esta línea, el sector bodeguero pone el foco en los productos que se utilizan para las labores de limpieza. «Quizá pudo ser algún gas producido por los productos que hayan utilizado en ese trabajo, aunque normalmente no se utilizan productos tóxicos», indica Juan Manuel Burgos. Extremo en el que parecen estar todos de acuerdo ya que, según de las Heras, «se utiliza sobre todo agua caliente con presión y algún cítrico». En esta línea, Gayubo apunta además a la obligatoriedad de seguir un protocolo farmacéutico para utilizar estos productos químicos. El objetivo final de la limpieza de depósitos es acabar con todos los residuos de la uva, la espuma de la fermentación, el tartrato, o el sarro, son solo algunos de los factores contra los que se lucha. Entre los productos de limpieza utilizados también se encuentran derivados del Cloro, Peróxido de Nitrógeno y algunos ácidos.

Limpieza de los depósitos de vino en las bodegas arandinas.
Limpieza de los depósitos de vino en las bodegas arandinas. / Susana Gutiérrez

Lejos de las hipótesis, el triste suceso revela un posible fallo en el protocolo preventivo para acceder al depósito de estas características, subterráneo y solo con un acceso. Cuando hay riesgo de emisión de CO2 sobre todo en temporada de vendimia, las bodegas utilizan un aparato medidor de gases que si detecta que no hay oxigeno suficiente alerta con un pitido constante. Asimismo, antes de acceder a los depósitos subterráneos se airea con una manguera para mover el aire y sacar el carbono. En los manuales de Prevención de Riesgos también se apunta a la necesidad de una vigilancia externa continuada, un detector de parada, acceder al depósito con arnés, ropa de trabajo adecuada y un sistema de iluminación.

Arnés, ventilador y oxímetro

En el interior de la Bodega Cooperativa Tierra Aranda en Aranda de Duero existen algunos depósitos subterráneos, de alrededor de tres metros de profundidad. Los mismos se utilizan, desde siempre, para el mantenimiento y conservación del vino, protegidos por una reja y una tapa para garantizar toda la seguridad. Los subterráneos en esta bodega no se utilizan para la elaboración, momento en el que se produce la fermentación de la uva.

Los depósitos situados en el subsuelo, según detalla el responsable de la bodega, Rodolfo de Duero, se limpian desde el exterior. En este sentido, mantiene que sí es habitual acceder para labores de limpieza a los depósitos en superficie que tiene dos puertas. «La limpieza la iniciamos con agua en un primer lavado, luego se destartariza con sosa y para neutralizarlo se opta por ácido cítrico o acido fosfórico, para finalizar otra vez con agua y queda perfecto», explica el responsable de la bodega Tierra Aranda.

En cualquier caso, afirma que en todo momento se apuran las precauciones siguiendo las pautas marcadas por el curso obligatorio de prevención de riesgos laborales y también es necesario pasar un reconocimiento médico, «no todo el mundo puede realizar esos trabajos». Respecto a cómo se realizan las tareas detalla que «bajamos con un arnés enganchado a un trípode y se desciende con un oxímetro que mide la cantidad de oxigeno que hay, en cuanto baja de 19 pita y hay que subir porque hay falta de oxígeno. Siempre además hay alguien en el exterior vigilando las tareas». Otra de las precauciones consiste en colocar un ventilador funcionando desde arriba hacia abajo. Respecto a los depósitos subterráneos, de Diego mantiene que se limpian desde fuera, sólo se accede «en algún caso extremo que se ha caído alguna tapa o que hay que barrer y se baja, pero con un trabajador abajo y otro arriba, por si acaso, y guardando todas las medidas».

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