Curiosidades para guardar en casa

Uno de los minimuseos creados por Hans Fex. /R. C.
Uno de los minimuseos creados por Hans Fex. / R. C.

El 'minimuseo' de Hans Fex ha logrado conquistar a más de 20.000 personas, con su catálogo de trozos de meteoritos y de fósiles

DOMÉNICO CHIAPPE

De niño, Hans Fex admiraba la colección de artefactos curiosos de su padre, un científico radicado en Washington que lo llevaba al Museo Smithsonian cada fin de semana. Como si fuera su destino, Fex se interesó en fósiles, dinosaurios, meteoritos e hizo su propia colección. Tenía un trozo de roca lunar y otro marciano, un pedazo de asteroide, fragmentos de saurópodos, triceratops, t-rex, pterosaurio, un insecto en ámbar, un pedrusco del castillo de Drácula, tela corintia, arena de Waikiki, cráneo humano...

Antiguo diseñador de juguetes en la empresa ThinkGeek, de 48 años, radicado en Virginia (EE UU), Fex puso en marcha la idea que tuvo de niño: incrustar su colección en cajas de resina para compartirla con la mayor cantidad de gente, en tres formatos distintos, según la cantidad de «raros especímenes de la Tierra y más allá». Lo hizo en 2014 y después de invertir unos 250.000 dólares en prototipos, según aseguró al 'Washington Post' en aquel momento.

Para el lanzamiento recurrió a una plataforma de micromecenazgo, una forma de preventa. Su meta era reunir 30.000 euros, y multiplicó esa cifra por 20. En los siguientes tres años, repitió la estrategia con nuevos productos museísticos «fascinantes». Desde que nació el proyecto, han sido 20.000 personas de casi 70 países las que han adquirido un ejemplar concebido por este científico-aventurero de cuidada barba pelirroja y gafas a juego. La 'taquilla' de este 'museo científico' supera los tres millones de euros desde su aparición.

A principios de julio de este año decidió hacer una cuarta edición del 'minimuseo', convertido ya en pujante empresa. Con esta nueva convocatoria de «patrocinadores» para su centro científico ambulante esperaba reunir 190.000 euros. Antes de acabarse el plazo llegó a los 580.000 euros, con casi 3.000 mecenas. La mayoría quería una caja de 29 'especímenes', a un precio de unos 240 euros. El catálogo está compuesto de tierra de la Luna, cristal de cobre, astilla de paleta de plesiosaurio, trozo de hueso de raptor y de mamut y de castor gigante, agua del Amazonas (que recogió él mismo, según asegura), herramienta de obsidiana azteca, pedacito del saco de boxeo de Muhammad Ali, del motor del Concorde y de la lanzadera del Columbia. Fracciones de cada cosa dentro de una caja acrílica, hecha a mano, bien diseñada.

Del objeto estrella de la nueva edición, un «aminoácido extraterrestre», expone: «Cada año, sobre la Tierra llueven casi 40 millones de kilos de material proveniente de meteoritos pero menos del 1% contiene rastros de compuestos orgánicos, e incluso materiales más raros, como los aminoácidos, los bloques de construcción de la vida». Y algo de aquél está en el 'mini museo' y, por tanto, podría estar en casa de quien lo compre. Probable vida galáctica encajada en polímero, empacada y enviada a cualquier parte del mundo.

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