Hijos cada vez más solos

Dos niños miran el mar. /Reuters
Dos niños miran el mar. / Reuters

El cambio en la forma familiar y la caída de la natalidad genera un novedoso patrón de vínculos, regido por el cálculo

DOMÉNICO CHIAPPE

En los años 70, Manuel González se crio con doce hermanos en un piso de tres habitaciones en Carabanchel. Una para los padres; la segunda para sus hermanas y la otra para él y los otros varones. A punto de cumplir 50 años, González está divorciado y tiene una hija. Una sola. Algunos de sus hermanos tienen hijos, otros no. En total, los primos de la hija son menos que los hermanos del padre. Este tipo de núcleos familiares reducidos, y en ocasiones desestructurados desde el punto de vista tradicional, es la tendencia social actual, establecida en el norte de Europa y el Atlántico norte desde hace varias décadas, y que también se empieza a imponer en España. «Venimos de una percepción de familia premoderna, extensa, con relaciones entre sus miembros, muy nuestra», afirma Francesc Nuñez, experto en 'Sociología del conocimiento y de la cultura' e investigador de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC). «Sustituimos el afecto y el deseo por el cálculo. La gente saca cuentas antes de tener hijos: la casa que tenemos, el trabajo. y la cantidad de hijos se reduce. Ahora es bastante más egoísta».

En el cruce de datos, el descenso de la natalidad no coincide con la caída de la renta por habitante. En 2017 la tasa de natalidad descendió y los ingresos por persona aumentaron con respecto al año anterior. 18.000 nacimientos menos, 350 euros más. Según los datos del INE, hubo 8,37 bebés por cada mil habitantes (con una variación negativa de casi cinco puntos) y 1,31 hijos por mujer, con una edad media de 32 años. Así, en la última década hay un 24% menos de recién nacidos, mientras el ingreso medio pasó de 10.737 a 11.074. «Las mujeres posponen su maternidad o se reduce el número de hijos, pero para una gran mayoría de parejas tener hijos sigue siendo parte de su proyecto vital», sostiene David Poveda, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). «Además, los tipos para formar una familia se han diversificado tremendamente y refleja una tendencia demográfica más propia de contextos urbanos y de clase media y no tanto otros contextos geográficos o de la población de origen migrante».

Lazos y relaciones

La reordenación social que implican los cambios en el núcleo familiar produce, a su vez, una nueva manera de relacionarse. Surgen variadas formas de familia. Frente a la tradicional de mamá y papá están otros modelos de vínculos afectivos que pueden ser igual de sólidos que en las familias clásicas. «Las investigaciones, centradas en el desarrollo y bienestar de niños y niñas en diferentes modelos familiares, por lo general no encuentran diferencias significativas en el desarrollo que puedan ser atribuibles a la estructura familiar», manifiesta Poveda. «Para el desarrollo, es mucho más importante comprender la calidad del vínculo y los estilos de crianza. Y estos aspectos varían mucho de una familia a otra, independientemente del modelo familiar».

La disminución del número de miembros de la familia puede crear incertidumbre en los padres criados en familias numerosas ante la relativa 'soledad' de sus hijos. Pero el cambio, en todo caso, no será radical ni veloz. «Podemos pensar que hay un mayor número de hijos únicos pero sus padres sí los tienen, con lo que está generación continúa teniendo una red de apoyo y familia extensa, con una proporción de adultos relativamente alta», asegura Poveda. «Será en la próxima generación, si este patrón demográfico continúa, cuando este cambio podría hacerse visible. Es entonces cuando quizás otras redes, como las amistades más intimas, los grupos de apoyo familiar o los vecinos empiecen a cobrar más fuerza».

En este cambio demográfico relativamente reciente surgen retos individuales y sociales. «La gente empieza a buscar formas distintas de relación social», explica Núñez. «En otros países, los hermanos tienen una relación similar a la de los vecinos y las relaciones filiales son instrumentales. ¿Cómo será en el futuro? Seguramente se llegará a formas familiares con vínculos no tradicionales ni directos en lo sanguíneo, debido a la necesidad de reconstruir las relaciones de las nuevas familias, siempre sesgadas con la forma de capitalizarlas y con reglas claras». En el futuro, el reordenamiento de la familia encontrará el equilibrio entre cálculo y afecto.

 

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