32 jóvenes burgaleses habilitan una casa de peregrinos en Jerusalén

Imagen de los jóvenes que han viajado a Jerusalén. /BC
Imagen de los jóvenes que han viajado a Jerusalén. / BC

Han permanecido en Tierra Santa durante 17 días en los que también han visitado los lugares que sirvieron como escenario de la vida pública de Jesús

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Treinta y dos jóvenes de la parroquia de San Cosme y San Damián participaron durante el mes de agosto en una experiencia de voluntariado, habilitando una casa de peregrinos de Jerusalén, una aventura que comenzó hace un año cuando recibieron entusiasmados y un tanto escépticos la posibilidad de llevar a cabo un voluntariado en Tierra Santa.

A medida que se acercaba la fecha de realizar el voluntariado se fueron concretando diferentes detalles, como la tarea a realizar: ayudar a una comunidad de Hermanas Brígidas que se veía en apuros para acondicionar la casa de peregrinos que regentaban en Jerusalén; las fechas del viaje, del 16 de agosto al 1 de septiembre; los diferentes lugares que visitarían: Nazaret, Jericó, Cafarnaún, el lago de Tiberíades, Belén...

Después de haber buscado la manera de conseguir algunos fondos para el viaje con una cena, un sorteo y la celebración de una cena-espectáculo ambientada en el Rocío, y tras una clase práctica de pintura, con las maletas cargadas de rodillos y pinceles y una mezcla de ilusión y nervios en el corazón, el grupo recaló en Nazaret el 16 de agosto para comenzar la peregrinación.

Su estancia en Jerusalen ha sido de 17 días. La experiencia comenzó con tres días recorriendo el norte del país. Establecidos en Nazaret, visitaron los diferentes lugares que sirvieron como escenario de la vida pública de Jesús. Así, tuvieron la oportunidad de celebrar la eucaristía frente al lago de Tiberíades, en el lugar donde Jesús resucitado nombró a Pedro cabeza de la Iglesia. Asimismo, renovaron sus promesas bautismales en el río Jordán en una emotiva ceremonia. Además, visitaron las ruinas de la sinagoga en la que Jesús habría predicado en Cafarnaún, ciudad en la que estableció su residencia durante los años que pasó evangelizando, y pudieron también descubrir los restos de la ciudad de Magdala, de donde era originaria María Magdalena.

A su llegada a Jerusalén, el domingo 19 los jóvenes fueron acogidos «por una comunidad de hermanas que ha hecho de la estancia en Jerusalén una verdadera bendición», subraya Laura, una de las participantes en la experiencia. «Su permanente actitud de servicio y el hecho de que no perdieran nunca la alegría a pesar de ver cómo su convento iba progresivamente poniéndose patas arriba, nos ha brindado la posibilidad de experimentar la verdadera hospitalidad. La ayuda que hemos podido proporcionarles ha otorgado un sentido a nuestra peregrinación: nos hemos convertido no solo en turistas sino en verdaderos servidores, pudiéndonos encontrar con Jesús tanto en las hermanas como en los propios compañeros de trabajo».

Vivencias y enseñanzas

«La peregrinación no solo nos ha permitido visitar Tierra Santa, sino empaparnos del espíritu de los cristianos que con tanta valentía desarrollan su vida en una tierra en la que los seguidores de Cristo deben soportar persecuciones y dificultades. Hemos podido celebrar el domingo con la comunidad de jóvenes de Belén, los cuales denotaban una alegría y entusiasmo desbordantes en sus cantos y bailes; participar del Via Crucis que los franciscanos realizan en la Vía Dolorosa cada viernes; acompañar a los judíos en su celebración del Sabbath y escuchar el testimonio del Patriarca emérito de Jerusalén, entre otras muchas vivencias que quedarán para siempre grabadas en nuestra memoria», añade.

«Regresamos a España con el corazón cargado de momentos, lugares y palabras que Jesús ha ido transmitiéndonos. Es ahora cuando toca poner en práctica las vivencias y enseñanzas de unos días tan intensos; en la normalidad del día a día, llevando a nuestros ambientes la alegría del Resucitado que con tanta fuerza hemos podido sentir en la tierra por la que Él caminó», concluye Laura. Pablo, el más joven de la expedición, lo corrobora: «Este voluntariado se ha convertido en una experiencia única llena de nuevas emociones y sentimientos, así como de servicio y enriquecimiento espiritual».