«Los robots no podrán gobernarnos mejor»

El robot 'BionicSoftHand' en la Feria Industrial de Hannover. /EFE
El robot 'BionicSoftHand' en la Feria Industrial de Hannover. / EFE

Andrés Oppenheimer publica un ensayo en el que demuestra que la automatización ya afecta a las distintas profesiones

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

En el plató del canal de noticias CNN, el programa de televisión que conduce Andrés Oppenheimer (Buenos Aires, 1951) tenía cinco cámaras operadas por cinco camarógrafos. Él escribía sus artículos para varios de los diarios más prestigiosos de América en español y una traductora los vertía al inglés. Para sus entrevistas escritas, contaba con una transcriptora profesional. Cinco años después, las cámaras se manejan sin que nadie las conduzca, sus editores prefieren traducir con el sistema de Google y un programa convierte en texto la grabación digital de sus entrevistas.

El mundo se ha transformado y automatizado, y la incertidumbre que genera el desplazamiento humano en favor de los robots planea sobre cada trabajador. Sin embargo, ¿quién no utiliza uno de estos autómatas cada vez más inteligentes para mejorar la comodidad de su propia cotidianidad? «Tenemos un robot en el bolsillo más poderoso que el que tenía la NASA hace veinte años», dice Oppenheimer, señalando el móvil, durante una visita a Madrid para presentar su ensayo '¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la automatización' (Debate).

Se trata de una investigación sobre lo que sucede en torno a la «supervivencia laboral» de las distintas profesiones. Desde la bancaria hasta la médica. De la hostelería al transporte. «La educación, que era la mejor estrategia para erradicar la pobreza, ya no es suficiente», dice Oppenheimer, que desde hace cinco años persigue los cambios, algunos muy sutiles, que se producen en el ámbito laboral, debido a la robotización. «Hay que ser más innovadores», aconseja.

-¿Cuál es el peligro real de que la tecnología desplace al ser humano?

-A largo plazo, unos cincuenta años, soy muy 'tecnooptimista'. El robot aumentará la productividad y hará el trabajo mecánico y aburrido, mientras el humano hará lo más interesante y creativo. A corto plazo, sin embargo, soy 'tecnoescéptico'. La transición será dramática. Los tiempos se están acortando. En la antigüedad tuvimos miles de años para pasar de cazadores a agricultores. Pero la señora que pierde el trabajo el viernes porque una máquina la suplantó en la caja, automatizando el párking, tiene un día para reinventarse. Y será difícil que se convierta en analista de datos. Los Gobiernos tienen que pensar rápidamente cómo afrontar el desempleo tecnológico, que ya pasa todos los días.

-Siempre pensamos que estamos en la peor época.

-La historia demuestra que hasta ahora la tecnología, a la larga, siempre ha creado más trabajo que el que ha eliminado. Pasó, por ejemplo, con los automóviles. Había miedo a perder el trabajo pero generó la necesidad de mano de obra para carreteras, fábricas, talleres. Pero vamos a tener que estudiar todos de todo y de por vida. Actualizarnos o reinventarnos, porque el fenómeno de sustituir a la gente por robots es imparable: no piden aumento de salario, trabajan tres turnos y siete días a la semana.

-Si destruyen tanto empleo, ¿por qué los populismos no han apuntado sus discursos contra los robots?

-Los populismos están desviando la atención de los robots a los inmigrantes. En Estados Unidos, por ejemplo, es más fácil y conveniente culpar a un mexicano. Los populistas buscan siempre chivos expiatorios, pero los empleos se pierden por la automatización.

-Cita al maestro de ajedrez Jan Hein Donner, cuando dijo que se prepararía para derrotar a Deep Blue con un martillo.

-El mundo tendrá que imponer reglas para la inteligencia artificial, como se hizo para la energía nuclear. Soy usuario y admirador de herramientas como Google o Facebook. Pero hay aspectos negativos porque su valor en bolsa va en función del tipo de consumo. Quieren al usuario siempre frente a la pantalla y crea adicciones tecnológicas. Ya vemos movimientos antirobotización como los hay antiglobalización.

-Como analista político, ¿cree que nos gobernarían mejor los robots?

-Van a poder administrar mejor, pero no gobernar mejor. Porque para gobernar hace falta corazón y sentimientos que por un tiempo no tendrán los robots.

El trabajo del futuro ya está aquí

Hostelería.
Ya hay robots que cocinan en los restaurantes. Uno hace sushi en Japón y otro, 400 hamburguesas por hora en Estados Unidos. Los jóvenes prefieren camareros automatizados que llaman por el móvil desde la mesa para no levantar la mano y esperar quince minutos a que los atiendan.
Educación.
Los maestros ya no impartirán conocimientos que ya se encuentran fácilmente en los buscadores de internet. Se convertirán en motivadores y terapeutas personales. Su prioridad será que los alumnos encuentren su pasión. Y enseñarán ética y empatía.
Medicina.
Los robots realizan muchas de las intervenciones que eran exclusivas del humano. Tienen la ventaja de que los pacientes, que suelen mentir al doctor, no pueden engañar a la inteligencia artificial. No se atenderá la enfermedad sino que habrá cuidado constante con aplicaciones permanentes. ¿La obesidad? Se curará con sensores y choques eléctricos.
Finanzas.
Ante la reducción de un 80% de sucursales y empleados bancarios, debido a la automatización y al final del dinero en efectivo, los banqueros se reconvierten en analistas de datos y viajan a zonas rurales a buscar clientes. Un dato: la mayoría de las dedicadas al sector será mujeres.
Abogacía.
Esta profesión experimenta una 'uberización', ofreciendo sus servicios por hora en plataformas digitales. Una tendencia empieza a ser el reemplazo de jueces por algoritmos, mediante aplicaciones para resolución de conflictos. En los juicios tradicionales, los robots son capaces de pronosticar quién y cómo se ganará un caso.

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