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Pedaleo sin barreras

Deportistas con discapacidad y miembros del equipo de Tressis, en la salida. /Alberto Ferreras
Deportistas con discapacidad y miembros del equipo de Tressis, en la salida. / Alberto Ferreras

Cuatro deportistas con discapacidad participan en la Pilgrim Race, un reto ciclista que une Madrid con Santiago en siete etapas

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Juan Alberto Montero, que tiene una discapacidad mental del 41%, se anima pensando que la Pilgrim Race «tiene menos kilómetros que el Tour de Francia». La carrera en bicicleta que une Madrid con Santiago de Compostela recorre 600 kilómetros en una semana, es un reto para cualquier deportista y Montero explica que en los últimos meses se ha preparado como si fuera una gran vuelta. «Hay barreras, pero hay que derribarlas para seguir avanzando», cuenta, antes de subirse a su 'mountain bike' para comenzar la aventura, mientras charla, nervioso, con sus compañeros Julio José y Antonio.

La Gaes Pilgrim Race, que partió hoy desde la capital con 170 corredores, cumple su segunda edición convertida en algo más que una prueba deportiva. Por supuesto, cuenta con un matiz competitivo, pero también es un reto al que se unen valientes de toda condición. Este año participan cuatro deportistas con discapacidad intelectual y auditiva, miembros de la Fundación A LA PAR.

«El deporte es una excusa que nos permite trabajar otras áreas, como el manejo de la salud, las habilidades sociales o la educación fiananciera de las personas con discapacidad. Es un estímulo para la integración», explica Marcos Herrero, director del Área Deportiva de la fundación. Ellos atienden, desde la edad escolar hasta la adultez, a mil personas con discapacidad a través de centros ocupaciones, de empleo y viviendas tuteladas. Una labor que, relata Herrero, no encuentra toda la ayuda de las administraciones. «Por desgracia, los fondos públicos no llegan en la cuantía que necesita el tercer sector, así que tenemos que acudir al sector privado», subraya.

En su caso, han encontrado la colaboración de la empresa financiera Tressis. El hijo de uno de los empleados de la compañía pertenecía a la fundación y, poco a poco, los compañeros se fueron sumando a las actividades de A LA PAR, de manera que ayer conformaban, con 25 personas, uno de los grupos más numerosos en la salida de la Pilgrim. «Colaborar con la fundación es un proceso de organización, planificación y trabajo en equipo. Trabajando con personas con discapacidad aprendemos nosotros más que ellos», afirma el consejero delegado de Tressis, José Miguel Maté.

En la Pilgrim Race también rompe moldes un equipo exclusivamente femenino que, auspiciado por el Consejo Superior de Deportes, quiere promover el desarrollo de las mujeres a través del deporte. A este grupo de 60 ciclistas se unirá en las tres últimas jornadas la alpinista Edurne Pasabán. Así, todos, competidores de alto nivel, deportistas con discapacidad, aficionados a la bicicleta, compartirán campamentos para pasar las siete noches que les esperan al final de las etapas en Cercedilla, Olmedo, Medina de Rioseco, Sahagún, Villamartín, Chantada y, finalmente, Santiago, la meta soñada.

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